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La ilusión de los outsiders de la política que no lo son

Son muchos los outsiders que buscan ganar terreno pensando en las elecciones presidenciales del 2027.


Está imponiéndose como una nueva moda o corriente en el mundo político; los denominados outsiders, que sin militancia previa en ninguna corriente o agrupación política, aparecen como posibles candidatos a la presidencia de la Nación.

Los medios lo sostienen asiduamente, consultoras de opinión pública los miden en sus encuestas y algunos con recelo y otros sin trabas o pruritos no niegan expresamente la posibilidad.

La característica de un outsider no haber tenido vínculo previo concreto y frecuente con la denominada “casta política”, como la bautizara con énfasis Javier Milei, para arremeter contra ella y con resonante éxito. Hoy Milei forma parte destacada de la casta vituperada y era obvio que ello sucediera.

El poder, su ejercicio, los consensos, el diálogo y los disensos se concretan preferentemente entre políticos, entre la propia casta.

Algunos de los apellidos englobados y presentados como outsiders están erróneamente ubicados en esa categoría.

Nos referiremos en especial a los casos concretos de Daniel Hadad y Jorge Brito. Ellos forman parte desde siempre de lo que podemos también denominar la casta. Son actores permanentes vinculados a la casta política y bien relacionados con ella y, en algunos casos, demasiado cercanos.

El padre de Jorge Brito, fallecido trágicamente en un accidente de helicóptero que él mismo pilotaba, interactuó sostenidamente con Sergio Massa, uno de los miembros destacados e integrante del cuadro de honor de la casta política. Su relación era muy cercana, fraternal e inclusive fue aportante financiero sostenedor del espacio Frente Renovador. Cercanía que asimila.

Con la muerte de Jorge padre, su hijo heredó la conducción del grupo, manteniendo la relación con Massa, aunque no de manera tan explícita. Recatado. Trato frecuente, con mayor distancia.

Daniel Hadad es un miembro claro y evidente de la casta política. Esto no le impide el derecho legítimo a incursionar en política y hasta aspirar a ocupar la presidencia de la Nación. Lo que no es admisible es que se lo califique como outsider y que él no corrija esa definición.

Nada que ver, estimados lectores. Memoria: recordemos cuando ejercía al aire su profesión de periodista en televisión. Diariamente, de lunes a viernes, a medianoche por canal América, junto a los periodistas Eduardo Feinman y Antonio Laje, en el programa denominado “Después de hora”, se ocupaban de analizar la política en el momento de mayor crisis del gobierno de Fernando de la Rúa. La participación no era inocua.

Al aire celebraron con aplausos la renuncia de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía. Cotidianamente también anunciaban con énfasis el aumento del riesgo país, en ocasiones con efusividad indebida.

Su actividad posterior como dueño de medios de comunicación osciló entre la innovación exitosa en el periodismo digital, su ampliación y cobertura de Europa y América y las vicisitudes negativas que lo obligaron a desprenderse de radio y canal de TV, por su mala relación con la casta política gobernante de ese momento, al tiempo que era apañado, con justa razón, por la casta política opositora. Bien de casta.

Habría innumerables episodios para mencionar su pertenencia a la casta. Nos centraremos en lo último.

Versiones confiables, no desmentidas por Hadad, señalan que recientemente habría visitado en Olivos al presidente Javier Milei. Entre lo abordado, le habría afirmado que, en caso de decidirse a postularse para acceder a la presidencia, Milei sería el primero en ser informado.

Milei le habría respondido: “No te preocupes, compito contra yo mismo”. Diálogo de casta.

Todo ciudadano tiene derecho a insertarse en la actividad política. Puede ser un soplo de aire fresco, inclusive.

Hay que ser precisos para clasificar a los outsiders. No todos los incluidos pertenecen a dicha categoría.

Son versión distinta de la casta, que es más amplia que la casta política.