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Javier Milei no usó la batalla cultural: cuál fue el error político con la Ley de Tierras que aprovechó la oposición

La falta de una estrategia de comunicación clara permitió que la oposición impusiera un relato pobre y erróneo sobre el tratamiento de un proyecto clave para el Gobierno.


En la madrugada de este viernes, el gobierno de Javier Milei logró la media sanción de una reforma clave, pero dejó un amargo sabor en la Casa Rosada. Pese al resultado favorable en las bancas del Congreso, el oficialismo sufrió una derrota política al no saber comunicar a la sociedad el capítulo más importante del proyecto impulsado por el ministro de Desregulación del Estado, Federico Sturzenegger. La falta de claridad abrió el camino para que un discurso opositor, centrado en falsos mitos sobre la venta masiva de recursos y la "pérdida de la soberanía", calara en la opinión pública, omitiendo que la propia Constitución Nacional prohíbe la enajenación del territorio y garantiza la protección de los recursos estratégicos.

Asimismo, la memoria política resulta selectiva al cuestionar la inversión privada de origen occidental mientras se silencia el antecedente de 2009, cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner negoció la cesión de 200 hectáreas en la Patagonia a la República Popular China para la instalación de una base espacial exenta de impuestos. Para entender el impacto real del nuevo marco normativo, los números del mercado y las oportunidades que se abren para el agro, consultamos a especialistas del sector inmobiliario rural.

Así era el nuevo marco legal: autonomía provincial y protección de fronteras

Las modificaciones a la normativa buscaban devolver la capacidad de decisión a las jurisdicciones locales sin descuidar los controles estratégicos:

  • Federalismo y jurisdicción: Las provincias eran las encargadas absolutas de autorizar las transacciones a compradores extranjeros dentro de sus límites territoriales.

  • Restricción a Estados extranjeros: Quedaba expresamente prohibida la compra de tierras por parte de Estados u organismos públicos extranjeros, salvo autorización explícita conjunta del gobierno provincial y del Poder Ejecutivo Nacional.

  • Zonas sensibles de frontera: Cualquier operación en áreas de seguridad de frontera requería una obligatoria doble aprobación nacional y provincial.

Análisis de mercado: "el fantasma de la invasión nunca existió"

En diálogo con LJ Ramos Brokers Inmobiliarios, Juan José Madero, director de la división campos, aportó claridad sobre el alcance real de las medidas frente a las proyecciones gubernamentales de una inyección de US$15.000 millones de inversión. "El hecho de que se flexibilice el régimen de venta a extranjeros no implica que todo se vaya a vender rápidamente. Cuando se promulgó la Ley con un tope del 15%, el censo de extranjerización reveló que la ocupación era del orden del 6%. El fantasma de que venían a comprarse todo nunca existió".

Madero explicó que las mayores proporciones de capitales internacionales no se ubican en la Pampa Húmeda, sino en sectores que exigen grandes inversiones a largo plazo y amplia escala:

  • Forestal y Minería: Requieren grandes extensiones de tierra y proyectos cuyos rendimientos abarcan hasta tres períodos presidenciales.

  • Cultivos plurianuales: En Mendoza, los viñedos, frutales y olivares demandan años de desarrollo biológico y capitales con espalda financiera suficiente.

  • Generación de valor local: Los inversores extranjeros producen, emplean mano de obra local y pagan impuestos en territorio argentino.

Competencia regional y comparativo del valor de la tierra

Para Juan José Madero, el nuevo esquema alinea a la Argentina con los estándares de regulación internacionales y de la región:

  • Estados Unidos: Aplica un marco federal donde cada estado reglamenta el uso del suelo según sus necesidades.

  • Brasil: Permite la venta a extranjeros con un tope legal del 25%.

  • Uruguay y Paraguay: No tienen restricciones de compra, exigiendo únicamente la presentación de planes productivos.

En materia de precios por hectárea en la zona núcleo agrícola, Argentina presenta importantes oportunidades de recupero frente a sus competidores globales, manteniéndose en valores competitivos respecto a la máxima calidad de sus suelos. Actualmente, la hectárea en la zona núcleo argentina cotiza en torno a los US$20.000, iniciando un camino de recuperación tras haber tocado un piso de US$12.500 durante la gestión anterior. Este valor ubica al país holgadamente por debajo de potencias internacionales como Estados Unidos, donde el cinturón maicero de Illinois alcanza entre US$40.000 y US$50.000 por hectárea, y de Brasil, cuyas tierras de mayor productividad superan los US$25.000.

Al comparar la plaza local con otros mercados de la región, el diferencial de precio y calidad vuelve a posicionar a las tierras argentinas como un activo atractivo. Mientras que en Paraguay los campos de primera línea cotizan en US$15.000 la hectárea —exigiendo un mayor costo en el manejo de agroquímicos—, en el litoral uruguayo los valores se ubican cerca de los US$10.000 para campos de un potencial productivo inferior al de la Pampa Húmeda. De este modo, la brecha cambiaria y de mercado deja al país en una situación ventajosa para captar nuevas inversiones inmobiliarias rurales.

Perfil de los inversores y la dinámica del mercado global

Actualmente, Madero explicó que las consultas de inversores proceden principalmente de Europa Occidental (Italia, España, Gran Bretaña, Holanda), seguidos por capitales de Estados Unidos, Latinoamérica y el Medio Oriente.

"Paralelamente, el mercado muestra una dinámica de ida y vuelta que desmitifica la pérdida permanente de tierras", detalló Madero. Mientras grupos argentinos como la familia Buratovich expandieron sus inversiones adquiriendo grandes extensiones agrícolas en Australia, en el ámbito local ocurren procesos de "des-extranjerización". Un ejemplo reciente es la venta de Bodegas Etchart en Salta por parte de la multinacional Pernod Ricard al grupo argentino Molinos, devolviendo el patrimonio a manos nacionales.

En síntesis, la patria no estaba en venta y ese fue el principal vacío explicativo del gobierno de Javier Milei. El error político del proyecto —no deseado en los pasillos de la Casa Rosada— radicó en obviar la "batalla cultural". En esta oportunidad, al descuidar la estrategia narrativa, el Presidente terminó cediendo el terreno frente a la débil pero efectiva argumentación opositora.