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Esteban Paulón: "El Gobierno hizo una operación muy inteligente al apostar a una desintegración del país"

El diputado del Partido Socialista habló con MDZ sobre los 16 años del matrimonio igualitario, el clima político y la reforma electoral que impulsa el Gobierno.


Esteban Paulón llegó a la Cámara de Diputados después de dos décadas de militancia en el activismo LGBTIQ para luego impulsar leyes que hoy son parte del sentido común democrático argentino. Diputado nacional por el Partido Socialista e integrante del bloque Provincias Unidas, transita su primer mandato en un Congreso que, según describe, dejó de producir leyes propias para limitarse a votar los proyectos que le envía el Gobierno.

A dieciséis años de la sanción del matrimonio igualitario, Paulón traza una distinción entre el clima social del clima político. Sostiene que la mayoría de la sociedad argentina sigue respaldando la agenda de derechos, pero que un sector minoritario encontró en el actual gobierno una legitimación que antes no tenía.

"Hay un proceso de legitimación que viene desde lo más alto del poder, que no constituye un fenómeno social", plantea, y apunta tanto a las declaraciones presidenciales como al ecosistema de comunicadores y asesores oficiales del Poder Ejecutivo.

De ahí en más, la charla se corre hacia la coyuntura. El diputado cuestiona el funcionamiento del Congreso bajo La Libertad Avanza, rechaza de plano la eliminación de las PASO —que considera "funcional a la reelección de Milei"— y advierte sobre una dirigencia opositora que, según su lectura, ya está pensando en 2031 en lugar de disputar 2027. En diálogo con MDZ, Paulón repasa esos frentes y explica por qué cree que la reelección de Javier Milei está lejos de estar resuelta.

Entrevista completa

Quería empezar sacándote un poco de la coyuntura más inmediata. Hace unos días se cumplieron 16 años de la sanción del matrimonio igualitario. ¿Cómo ves, desde ese momento hasta ahora, el avance del consenso social sobre estos temas? ¿Creés que quedó lugar o que están cada vez más relegados?

Mirá, a mí me tocó trabajar por esa ley como activista, haciendo incidencia en el Congreso. Y ahora, en este primer período como diputado nacional, me tocó dar ciertos debates en función de un nuevo clima. No social, sino político, en términos de los derechos del colectivo LGBTIQ.

¿Por qué digo que no es social pero sí político? Porque es insoslayable pensar en enero de 2025, con el presidente Javier Milei planteando un vínculo entre la homosexualidad y la pedofilia. Eso sacudió el debate político en la Argentina, pero fue una declaración a la que se le respondió con una marcha masiva que planteó: "Señor Presidente, ocúpese de la economía, arregle los salarios, mejore la capacidad de compra de la gente. No nos meta en esta discusión, que la sociedad argentina ya la saldó". Creo que ese fue el mensaje de la marcha del 1º de febrero de 2025.

Y lo asocio a que, más allá de algunas tensiones que puede haber por declaraciones de personas cercanas al Presidente, por esta propia declaración suya, por una hostilidad permanente contra esto que supuestamente es el discurso woke —del cual la gente LGBTIQ o el matrimonio igualitario son un símbolo muy importante—, la verdad es que la mayoría de la sociedad argentina sigue apostando a una sociedad muy diversa, muy abierta, muy plural, que apoya estos derechos.

Javier Milei desconfía del Círculo Rojo.

Apoyar el derecho al matrimonio de todas las parejas no quiere decir que todo el mundo vaya a salir con la banderita de la diversidad. A la marcha no van dos militantes del colectivo LGBT: hay gente que lo acepta, hay gente que lo tolera, hay gente a la que no le molesta, hay gente que lo celebra, hay gente que lo vive en su familia, hay gente que dice "me gusta, pero no me gustaría para mi propia familia". Hay distintas aproximaciones y todas son válidas. Nosotros tenemos que tratar de que la sociedad pase de la tolerancia a la aceptación, y de la aceptación a la celebración.

Creo que leyes como esta ayudan mucho, porque se trataba de un tema del cual durante mucho tiempo no se habló, un tema incómodo, un tema tabú, con mucha dificultad para la visibilidad. El debate de la ley hizo que saliera del clóset la sociedad argentina. Nosotros mismos, como activistas, cuando nos hicimos visibles para luchar por una ley, hicimos visibles a nuestras familias. Mi mamá pasó a ser la mamá de un militante del colectivo LGBT, y en la verdulería alguien le decía: "Lo vi a tu hijo en la tele". Y obviamente lo había visto hablando de cosas de maricones, no es que mi hijo estaba hablando de astrofísica. Así la sociedad fue saliendo del clóset masivamente en este debate, y creo que el saldo es muy positivo. La Argentina sigue siendo uno de los países con mayor nivel de aceptación de la agenda de la diversidad.

Sin embargo, a simple vista uno percibe un aumento —puede ser una percepción errada— de cierta violencia, desde la digital hasta la física por momentos, contra personas que llevan adelante una agenda más progresista. Se notó bastante desde la llegada de este gobierno.

Sí, porque hay una legitimación de esos discursos de odio desde el poder. Las sociedades no son 100% homogéneas: nunca vas a tener un 99,9% a favor del matrimonio igualitario. Obviamente hay un 20 o 25% de la sociedad que no está de acuerdo, por convicción religiosa, por razones políticas, porque no le cae bien, porque no le parece. En un país de 50 millones de habitantes, ese 20% son 10 millones de personas. Sumale el fenómeno de las redes, con mucho anonimato, mucha cuenta duplicada, mucho troll, y se genera un ecosistema muy diferente al que se vive en la calle.

Aunque hay que decirlo, y es cierto: el Observatorio de Crímenes de Odio de la Federación Argentina LGBT, que viene haciendo un relevamiento desde hace muchos años, encuentra un incremento de las situaciones de violencia. Se ve en las redes sociales y se ve en la vida real. No quiere decir que haya menos aceptación, sino que hay un sector que hasta ahora no sentía legitimidad desde el poder y hoy sí la siente.

En su discurso, Javier Milei hizo equilibrio y elogió a Santiago Caputo y Karina Milei.

Hoy, si un asesor del Presidente dice que ser negro es yeta, como dijo Santiago Caputo el otro día en relación al Mundial, ¿por qué no le voy a poder gritar a alguien "negro de mierda"? ¿O por qué no voy a poder empujar a dos gays de la mano? Entonces hay un proceso de legitimación que viene desde lo más alto del poder, que no constituye un fenómeno social. La sociedad mayoritariamente no es racista, ni homofóbica, ni odiante, ni xenófoba, pero encuentra expresiones —como en todas las sociedades hay expresiones de odio, de racismo, de xenofobia y de homofobia— legitimadas por estos nuevos discursos, que vemos no solo en las redes, sino también en los principales asesores y comunicadores del Gobierno.

Al principio hiciste una distinción muy interesante entre clima social y clima político, y parecería intuitivamente contradictorio tener un clima social progresista y una representación política más conservadora. ¿Por qué creés que no hay una representación política progresista, si hay un clima social que la habilitaría?

Porque, primero, cuando la gente vota no compra una agenda entera. A Milei no lo votaron por Agustín Laje y la Fundación Faro. Lamento por Agustín Laje: será una decepción, se le romperá el corazón o no le importará lo que yo digo, pero Agustín Laje no le sumó un solo voto a Milei.

En un reportaje en el sitio de ustedes vimos a Clara Muzzio, la vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que no solo habla barbaridades de la ESI, sino que abona la teoría del reemplazo poblacional: que los argentinos de verdad no tienen hijos, que nos van a colonizar otros y nos van a reemplazar. Hay todo un clima donde cierto sector de la política intenta capitalizar eso, y se equivocan, porque en realidad el mandato de Javier Milei es un mandato económico. La marcha posterior a Davos fue la clara muestra de eso.

Mirá, cuando ves alguna agresión homofóbica, alguna agresión a una persona trans, alguna agresión xenófoba que toma estado público, la mayoría de las reacciones son de solidaridad. Lo viví en carne propia: yo soy un político, así que te imaginás que no somos santos de devoción de nadie. Y sin embargo, cuando fueron los ataques de Carajo y La Derecha Diario, una campaña bastante orquestada el año pasado, por julio o agosto, la reacción en la calle fue muy organizada. Fue la primera vez que una persona se me acercó en el subte y me dijo: "Estamos con vos, te acompañamos, no afloje". ¿Qué pasó ahí? No es que me venían a putear todos en tropel, aunque desde Carajo decían que yo era un pedófilo, que mutilaba niños y no sé qué más.

Entonces hay una desconexión en pensar que el mandato que obtuvo Milei en la elección —que era un mandato económico, y es lo que le está pasando factura en su popularidad, porque ese resultado económico no aparece— era un mandato por todo el paquete. Que eso incluía a Agustín Laje, la Fundación Faro, Nicolás Márquez, Carajo, el Gordo Dan. Todo eso es cotillón que al Gobierno le sirve, y por eso algunos sectores insisten: por eso Muzzio, por eso Santiago Caputo. Le sirve para consolidar esa minoría, ese piso del 20 o 25% de votos y de apoyo que tiene Milei, que incluso aunque tal vez no le vaya tan bien económicamente lo sigue bancando, porque entiende que en algo de la batalla cultural está parte del fracaso personal o del fracaso que pueda haber en ciertas áreas de la economía y de la sociedad.

El resto de la gente va a evaluar al Presidente por cómo llegue a octubre del año que viene: la capacidad de compra, el nivel de vida, cuánto llegás a fin de mes, si te pudiste desendeudar, si vivís mejor o peor. Que en definitiva es el objetivo de cualquier gobierno y es lo que la mayoría de la sociedad evalúa sin tanta ideología.

Después, en la política discutimos ideas e ideologías, que son ideas sobre cuál es el modelo que nos puede llevar a una sociedad de mayor bienestar. Esa es otra discusión. Pero la gente, en el día a día, está viendo cómo evoluciona su calidad de vida, positiva o negativamente.

Vamos a dejar la coyuntura política para un poco más adelante. Sos miembro de la Cámara de Diputados y estuve leyendo el decimocuarto informe de Directorio Legislativo, que hace una radiografía del Congreso. Vi que más de la mitad de los legisladores de La Libertad Avanza no tiene experiencia previa en cargos públicos. ¿Eso es un dato a priori positivo o negativo?

Me parece que hay que correr el prejuicio en ese sentido. El Congreso es la representación de la sociedad. Por supuesto que es importante que haya equipos técnicos y profesionales que nos acompañen —los tenemos, cada diputado tiene sus asesores, y hay asesores y personal de planta de la Cámara que son excelentes para darle formato de ley a una idea—. Ahora, las ideas tienen que venir de todos lados, y eso no puede ser un impedimento; al contrario.

Muchas veces se ha criticado a la gente que viene del mundo del espectáculo, se la denuesta mucho, se habla muy despectivamente de las mujeres que entran a la Cámara, que si son tal o cual animal, tal o cual cosa. La verdad, me parece que en la Cámara de Diputados tenemos que estar todos: los gays, los trabajadores, los docentes, las docentes, las científicas, los artistas. No tener experiencia previa no es invalidante.

Lo que sí me parece invalidante, y es lo que yo señalaba en la presentación del informe de Directorio Legislativo, es que hoy, sobre todo en La Libertad Avanza, no hay iniciativa legislativa: solo se tratan y se votan proyectos que vienen del Ejecutivo. Hay una anomalía. Las leyes salen del Congreso. No podés tener tapadas todas las comisiones, que no se trate ningún proyecto de ningún diputado, ni libertario ni de la oposición. Los únicos de la oposición que se trataron fueron los que logramos el año pasado: discapacidad, universidades. Este año, desde que cambió la composición, todos los proyectos que se trataron son iniciativas del Ejecutivo.

Eso es una anomalía; el Congreso está para algo. A mí no me preocupa si sos vedette, si sos ingeniero, si tenés experiencia o no. Traé tus ideas y transformalas en un proyecto, porque de eso se trata la representación. Hoy yo no sé qué piensan los diputados y diputadas de La Libertad Avanza. Más allá de decir "sí, Milei", "ave, Milei", otra cosa no les conozco. Hay algunos que no han presentado siquiera un proyecto.

Me parece que ahí tenemos un problema de funcionamiento en la Cámara que sería importante recuperar: un funcionamiento donde los legisladores tengamos iniciativas parlamentarias, que pueden ser de apoyo a las del Gobierno, que pueden tener que ver con su agenda, pero que cuando la ley se construye en el Congreso tiene otro proceso y se da un debate más democrático. Acá viene un proyecto enlatado del Ejecutivo y se terminó la discusión: le hacés dos o tres cambios, dos o tres comas, y ahí se terminó la cosa.

Uno de los temas que se impuso en la agenda, dado que estamos cerca de las elecciones, es la eliminación de las PASO. Hoy escuché a Gisela Scaglia, presidenta del bloque de Provincias Unidas, decir que estaba a favor de suspenderlas de cara al 2027, pero no de eliminarlas. ¿Cuál es tu opinión sobre el mecanismo?

No comparto para nada lo que dice Gisela, con enorme respeto. Ni suspensión ni eliminación. Cualquier gobierno que echa mano de los procedimientos electorales a un año de las elecciones claramente quiere hacer una manipulación electoral.

Y aparte hay un engaño en el debate: se habla de las PASO y no se habla del resto del paquete de la reforma política, que incluye la desaparición de muchos partidos políticos, incluso partidos nacionales. Ojo que hay partidos que, con los nuevos requisitos que intenta imponer la ley, quedarían sin reconocimiento legal. Y la verdad es que, cuando se dice que el sistema de partidos es muy caro, yo cuento siempre lo que le pasa al Partido Socialista, que es un partido con personería nacional: nosotros recibimos por año un millón doscientos mil pesos del Fondo de Partidos Políticos. Es el sistema de partidos más económico de América Latina; el argentino es el que menos financiamiento público tiene.

El proyecto integral del Gobierno no es solo las PASO, que responde a su interés electoral de no testear al Presidente antes de la elección. Si a Milei le va tan bien, si es tan popular, ¿por qué no se somete a una primaria? No pasa nada: él no tiene primaria, se presenta a una elección y la oposición resuelve sus temas.

A mí me parece que apoyar la suspensión o la eliminación de las PASO es funcional a la reelección de Milei. Entonces, lo que uno tiene que hacer ante esa situación es pensar si quiere ser oficialista —y eventualmente incorporarse con alguna lista colectora, que es lo que quiere aprobar el Gobierno— o si es opositor. Opositor de distinto tipo: hay una oposición que es el peronismo, que está intentando disputar una interna; hay una oposición del trotskismo, que aparece con claridad; y hay una oposición de los que no somos ni kirchneristas ni mileístas y estamos intentando construir un espacio amplio con aportes de distintos sectores. Hay distintas miradas sobre qué tiene que hacer la oposición. Ahora, si querés ganarle a Milei tenés que ser oposición, y si querés ganarle a Milei y ser oposición, no podés convalidar ni la suspensión ni la eliminación de las PASO.

Mientras estábamos fuera del aire me decías que los espacios políticos estaban pensando más en 2031 que en 2027. ¿Por qué?

Porque hay una tentación. Primero, el Gobierno hizo una operación muy inteligente al apostar a una desintegración del país. Hoy hay 24 jurisdicciones y gobernadores que van a intentar salvar lo propio con sus candidatos, o que yendo ellos mismos a la reelección van a intentar salvar su coto de poder. Por eso vas a ver que a partir de febrero o marzo empieza una catarata de elecciones en todas las provincias; en algunas, en diciembre, enero o febrero ya van a cerrar la presentación de listas. Viene un proceso de muchas provincias desdoblando, porque siempre hay la presunción de que un oficialismo corre con ventaja por recursos, por visibilidad, por manejo de la agenda.

Y este oficialismo ha sabido construir consensos, a pesar de que el Presidente no esté en el mejor momento de su popularidad. Hoy puede ir a una elección y sacar 35, 36, 37, 38% de los votos: eso no le evita el balotaje, pero por eso hace el esfuerzo de dividir a la oposición. Por eso la eliminación de las PASO, intentando llegar al 40 y evitarse una segunda vuelta, porque si en la primera saca 35, en la segunda difícilmente pueda ganar.

Ahora, muchos dirigentes políticos están pensando en el espacio pequeño, en el resultado, en su banca, en su provincia o en su municipio, en lugar de apostar a la conformación de una alternativa electoral sólida. Están pensando cómo se salvan: "En 2031 voy yo; el 27 reelige Milei y en 2031 voy yo". Yo no creo que Milei reelija, o por lo menos no creo que tenga resuelta su reelección. Y creo que los que tenemos una mirada crítica del proceso de Milei, pensar que cuatro años más de esto pueden seguir adelante nos tiene que movilizar a armar, dialogar y construir una alternativa que el 10 de diciembre de 2027 ponga un presidente o una presidenta a la cual Javier Milei le cuelgue la banda en el marco de la democracia y abra otro tiempo para la Argentina. En eso está el Partido Socialista.