Cuando la responsabilidad de conducir está en manos de dos muy parecidos como Milei y Kicillof
Javier Milei amenaza con que después del mundial habrá grandes novedades para los argentinos. Axel Kicillof no cede ante las presiones del kirchnerismo. Pero ambos tienen tal desorden interno que bloquean cualquier pretensión de mejora en sus respectivos gobiernos.
El arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, en el Tedeum de este 25 de mayo.
N/ACristina Fernández de Kirchner está presa. Pero esta condición, que puede ser esencial, le impone otro tipo de limitaciones, que afectan no solo sus deseos de reparación histórica, una libertad aclamada por sus seguidores, sino la continuidad del proyecto armado por su esposo hace más de veinte años y que su hijo, Máximo, parece impedido de conducir.
Los senadores nacionales se le rebelan. Un puñado de gremios la reconocen, pero sus seguidores pierden representatividad, como sucede con Abel Furlán en la UOM y los intendentes que antes hacían todo lo que ella quería, porque era dueña de los votos, ahora, con la independencia electoral fijada en el cronograma electoral bonaerense, empiezan a ver que pueden imponer nuevas condiciones sin esperar de su anuencia.
Los gobernadores siempre lo supieron, pero respetaban esa condición de líder que tenía en sus años dorados. Cada vez que desdoblaban, ganaban ellos, y cualquier agrupación que se separaba para mostrar su disidencia, era fulminada electoralmente. En el Conurbano, esa es la gran arma que tiene Máximo Kirchner. Imponer candidatos propios para competir por fuera, lo que provocaría un serio riesgo a todos, inclusive a quien pretenda ser gobernador.
No obstante esto, hay sociedades que ya no fluyen como antes. Martín Insaurralde, con un importante grupo de intendentes, ya cree que aportó bastante a la causa y hoy se muestran más independientes de los designios del hijo de los dos presidentes. Ni que hablar de Sergio Massa, que trabaja para que nadie se pelee pero siempre marca diferencias ante cada interlocutor que lo visita en su sede de la Avenida Libertador.
Hasta Claudio “Chiqui” Tapia salió del kirchnerismo cristinista. Con un operador multifacético como Carlos Montaña este fin de semana volvió a reunir a una veintena de jefes comunales con la excusa de las relaciones que trazan en sus territorios con el CEAMSE. Escondido, se lo vio al que más terreno tiene dentro del Cinturón Ecológico, Jaime Méndez, intendente de San Miguel, cada vez más distante de Joaquín De la Torre.
Tapia no dobla ni frena, a pesar de haber manejado camiones y saber de mecánica. Este domingo le metió la mano a River Plate para darle la victoria a Belgrano de Córdoba y así granjearse del favor de los más postergados. Y es un aliado táctico de Axel Kicillof, a quien expone en su rol de opositor honesto.
¿Hasta cuándo puede cuidar esa mácula de honestidad?, explicada por todos quienes lo conocen en ejemplos cotidianos familiares y personales. El gobernador debe empezar a rendir cuentas de por qué el Juego todavía está guardado en las mismas manos que la cuidan desde las épocas de Eduardo Duhalde y Jorge Rossi, los vínculos con Tapia o el poco compromiso que le muestra a la situación del IOMA entre otras cuestiones.
En esto, a diferencia de Cristina o de Mauricio Macri, Kicillof y Javier Milei son muy parecidos. Elijen procrastinar antes que decidir. Presumen que no pueden quedar mal con nadie. ¿Será mal de economistas entender que la política y las relaciones no impactan en el día a día de sus gobiernos?
Al bonaerense le costó meses deshacerse de Jorge D´Onofrio a pesar de las múltiples denuncias y cargos que pesaban en su contra. Luego del conflicto y el escándalo del Bandido, volvió a hablar con Insaurralde para acomodar la política y algunas otras cosas que amenazan, siempre, con ser parte de la discusión pública como el juego y los casinos.
El recién llegado conta el exministro K
A pesar de las evidencias que empiezan a aparecer sobre la limitante de superar el 40% de los votos en cualquier votación nacional, Javier Milei posee una ventaja sobre Kicillof. Es que tras haber sometido al 75% de la sociedad a un ajuste extremo, sus expectativas de regeneración siguen intactas, o muy fuertes.
El exministro de Economía de Cristina Kirchner, a pesar de estar separándose raudamente de su tutela, todavía sigue siendo visto como un artefacto creado por ella. Y su fortísima ideologización, basada en sus ideales y estudios, le impiden acercarse hacia sectores más moderados, aunque en materia de Seguridad, institucionales y económicas su gestión represente algo muy parecido a lo que muestra La Libertad Avanza a nivel nacional.
Recortes por diestra y siniestra, atrasos salariales, deuda pública producto del no pago de compromisos intransferibles son expresados con discursos diferentes y contrapuestos, pero la crisis es la misma.
En el otro aspecto que coinciden Milei y Kicillof es en el bullineo interno. Ninguno de sus dos partidos cree que manejan lo que pasa fuera de sus respectivos despachos. Unos acusan a Karina Milei de cercarlo. Lo mismo dicen, desde el otro bando, sobre Carlos Carli Bianco.
Siempre es más fácil creer. Pero nadie llega a Presidente de la Nación o a gobernador, de la manera que lo hicieron ambos, sin aprovechar cada una de las oportunidades que les dio el sistema. Prácticos al extremo en cada momento, presumir que no saben lo peligroso que es dejar que los demás resuelvan por ellos es pretender inventar una nueva ley de gravedad.
Interiormente, los dos sienten que nada de lo que hacen y dicen sus aliados o dirigentes cercanos ideológicamente llega al extremo de aceptar competir en una interna, PASO o elección general contra ellos. El miedo a perder, que Milei o Kicillof parecen no tener al decir siempre que si no hacen lo que quieren no tienen problemas en volver a sus viejas actividades, paraliza siempre a políticos y dirigentes expertos.
Para estos tiempos, no obstante, tienen la obligación de incorporar nuevos verbos en su larga lista de acciones cotidianas. Abrazar, escuchar y comprender. Ambos peronistas tardíos, deberán saber que una de las premisas del General y Presidente de la Nación era que “nadie se realiza en soledad”.