¿Comenzó la degradación política de Javier Milei?
El caso Adorni, las internas y una economía fría golpean al Gobierno y abren dudas sobre la velocidad de su deterioro.
Presidente Javier Milei.
Captura de pantallaHay procesos políticos que marcan la degradación de un espacio y hay otros que entran en un proceso de decadencia más rápido. El kirchnerismo tardó 16 años en degradarse hasta prácticamente su extinción como alternativa de poder en la que se encuentra en la actualidad. Néstor Kirchner, dos mandatos de Cristina Fernández, y recién el gobierno de Alberto Fernández marcó el principio del fin. Por su parte, Carlos Menem mantuvo el poder por una década y Mauricio Macri, con sólo cuatro años, podría tomarse como el prólogo de algo que todavía no terminó de escribirse.
Javier Milei lleva sólo 17 meses gobernando la Argentina y su gobierno empieza a mostrar los primeros síntomas de degradación. Es un tiempo dramáticamente corto. Fisuras internas como la protagonizada por Patricia Bullrich, resonantes casos de corrupción como el que tiene en jaque a los hermanos Adorni en un contexto en que la economía sigue fría y el ajuste sin fin que ya está socavando los cimientos del país. Muy lejos de la narrativa de la casta. La pregunta que empieza a circular en algunos despachos y en muchas mesas de café no es si el gobierno está en crisis. Eso ya es evidente. La pregunta es a qué velocidad se está degradando.
El tiempo de Javier Milei va más rápido
Hace apenas seis meses, Javier Milei estaba en la cima. Arrasó en las elecciones legislativas de octubre, pintó el país de violeta y parecía encaminado a conseguir una reelección que parecía descontada. Hoy, el presidente irrumpe en un programa de televisión para discutir con periodistas amigables, en un esfuerzo denodado e incomprensible para defender a un jefe de gabinete que se convirtió en el emblema de corrupción de este gobierno. El contraste es brutal.
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Meses atrás, tuve la oportunidad de escuchar a Gustavo Lopetegui —ex vicejefe de gabinete de Macri— en una conversación que me resultó reveladora. Explicaba con precisión quirúrgica cómo el macrismo ganó las elecciones de medio término en octubre de 2017 y en abril del año siguiente enfrentaba una corrida cambiaria y una crisis que no pudo procesar y Macri perdió las elecciones. El ciclo: euforia electoral, confianza, primer tropiezo, corrida, derrumbe.
Javier Milei gana en octubre. En marzo-abril estalla la crisis Adorni, el plan económico exhibe fatiga de material, el equipo del gobierno está surcado por internas irreconciliables, como la que mantiene Karina Milei y Santiago Caputo, y las penurias de la mayoría de la gente se multiplican. Los tiempos son casi idénticos. La diferencia es que la velocidad a la que se mueve esta crisis es, en comparación con la del macrismo, casi supersónica.
La corrupción importa cuando el bolsillo duele
Hay una verdad incómoda que conviene decir con todas las letras: a la sociedad argentina le importa la corrupción cuando la economía no funciona. Así sucedió en tiempos del menemismo. Cuando el bolsillo duele, la tolerancia a la corrupción se agota más rápido. Sin embargo, Milei decidió atarse a la suerte de Adorni. La pregunta es hasta cuándo, porque el jefe de gabinete ya parece haber entrado en el cementerio. Javier Milei decidió convertirse en el fusible de un funcionario que, independientemente de lo que digan los jueces, ya perdió el principal capital que un político puede tener: su credibilidad. Esa decisión tiene un costo que hoy parece manejable y que mañana puede ser impagable. Si de aquí a octubre del año que viene no hay una mejora sustancial y tangible en el bolsillo de la mayoría de los argentinos, las posibilidades de reelección de Milei se reducen a casi nada.
Todavía no apareció nadie, pero aparecerá
Algunos se preguntarán: ¿Pero quién le gana a Milei? No hay ninguna alternativa. Y eso es rigurosamente cierto. Hoy nadie capitaliza la estruendosa baja de imagen del presidente y del gobierno. Pero eso no es un dato relevante porque es exactamente lo que sucede en la primera etapa de todo proceso de decadencia política. Primero vienen las ideas que se cuestionan, los relatos que se agrietan, los escándalos que se acumulan, los que cuestionan que son señalados como traidores y la radicalización de un gobierno de mantener el rumbo a rajatabla aunque lo lleve al fracaso. En todo este estadio las nombres propios no son importantes porque aquellos espacios políticos que serán alternativas de poder llegado el caso, también están atravesando procesos internos de depuración. Ninguno es lineal ni está exento de contradicciones.
Las personas que encarnan la alternativa vendrán más tarde
Lo que estamos viendo con el caso Adorni no es simplemente un escándalo de inexplicable crecimiento patrimonial, es uno de los claros síntomas del primer estadio visible de algo más profundo: el comienzo del deterioro de la épica libertaria. El relato anticasta funciona únicamente mientras los propios no empiecen a parecerse a aquello que prometieron combatir. Hoy esa narrativa luce desgastada e hipócrita.
Javier Milei todavía tiene tiempo
Pero el tiempo, en su gobierno, corre más rápido que en cualquier otro que hayamos visto. Y eso no es una metáfora: es la política argentina en 2026.
* Martín Pittón, analista político y conductor del podcast Micro Mundos.