ver más

El punto G y la pobre erotización del poder

Como si se tratara de un certamen de acertijos, aparecieron unas enormes letras G, volumétricas, metálicas, con soportes de hormigón, pintadas de color violeta.

Tanto como las banderas, las insignias fueron creadas para poder identificar a los unos de los otros. Reconocer a los propios y protegerse de los adversarios en caso de guerras. Esto se prolonga a otros órdenes. La importancia de poder Identificar a un país, la intención de mostrar las bondades de una provincia y la vocación de exhibir las diferencias entre ciudades vecinas, encuentra sentido cuando se compite, ya sea por reputación o para obtener ventajas de otro tipo.

Concepto identitario

El concepto de "marca país" (o de "city branding") tiene menos de un siglo de recorrido. Comenzó como estrategia contemporánea para conseguir dos propósitos: posicionarse frente al turismo y garantizar ser sede en grandes eventos deportivos y culturales. Los primeros antecedentes modernos sobre esta idea de identificación podemos descubrirlos en París. La imagen de la torre Eiffel y la firma de Picasso, sintetizaban en una postal lo que proponía la capital francesa desde mediados del siglo XX. Algo propio, de grandes dimensiones, único, reconocible, inamovible, como es esa edificación erigida junto al río Sena, en 1887, estructura férrea de 350 metros de altura, junto a la inconfundible firma de Pablo Picasso, figura extranjera que había elegido esa ciudad como lugar para desarrollar su talento artístico. La Ciudad Luz se mostraba receptiva de la cultura del mundo, cosmopolita pero privilegiando a aquellos que sumaran prestigio. París rebosaba de arte, tal como lo retrató (y caricaturizó) Woody Allen en su película "Media noche en París", en la que se reunían los máximos exponentes de las letras y la plástica.

A la marca hay que ayudarla

Las buenas ideas siempre pueden ser estropeadas por mezquindades. Cuando Jacques Chirac fue alcalde de París y pretendía que su ciudad fuese sede de las Olimpiadas de 1992, el por entonces presidente Francóis Mitterrand hizo lo necesario para boicotear esa opción. Razón para que Barcelona quedara como plaza de aquellos juegos Olímpicos que catapultaron a la capital de Cataluña hasta hoy.

De ese trabajo marcario hay bastante literatura. Se trabajó en todos los aspectos. Acompañaron todo el trabajo de infraestructura urbana, con una comunicación gráfica, plástica y también sonora. En 1988 se grabó lo que sería el himno de aquella competencia deportiva, con el inolvidable tema "Barcelona" , que Freddie Mercury escribió e interpretó junto a Monserrat Caballé, según el líder de Queen, la mejor voz humana del Planeta. Afortunadamente estuvo ese registro grabado ya que en la Inauguración de las Olimpíadas, Mercury ya había fallecido. Esos Juegos Olímpicos de 1992 ,en Barcelona ,son la rotunda demostración de la importancia de la "marca ciudad", cuando se concentra voluntad, recursos y grandeza política. La tentación nacionalista del gobierno de Cataluña de entonces, enfrentado al del ayuntamiento, privilegió la importancia para esa localidad antes que sus rivalidades.

Argentina marca la diferencia

La decisión política de avanzar en la consolidación de la "marca país" surgió en 1992, y el organismo que tiene a cargo esto, tanto como otros de gran trayectoria, aborda el asunto de modo profesional y menos afectado por los abruptos cambios que padece el país en materia de política exterior, por ejemplo, que se vincula directamente con el asunto. Para el desarrollo de la Marca País se tiene en consideración aspectos centrales, tales como: Sector Productivo y de Servicios; El talento argentino; Cultura y deporte; Destinos turísticos de todo el enorme territorio nacional. Las muchas singularidades que Argentina tiene para destacarse ante el mundo, bien merecen quedar eximidas de las discusiones cotidianas. Los decretos que le dan institucionalidad a la aplicación de la Marca País Argentina, van actualizando aspectos como la incorporación de nuevas rutas turísticas, productos que cuentan con características únicas y el cuidado para respetar el uso de esa marca, para lo cual existe un Manual de Uso de Marca. Lo último que se sabe al respecto es que mediante el Decreto 903/2024 todo lo relativo a este importante organismo pasó a dependencia directa de la Secrtaría General de la Presidencia, o sea, digamos, no otorga demasiada confianza.

Mendoza, tierra del sol, del buen vino y del Antón Pirulero

La marca debe funcionar como síntesis de atributos de un lugar. Sin temor a arriesgarnos, la marca es el gran símbolo de un país,de una provincia, de una empresa, de un municipio e inclusive de una persona. Carl Jung, el máximo exponente de la psicología analítica, definía al símbolo como la expresión de un concepto que reúne elementos heterogéneos, a veces ambiguos, indeterminados, que construyen una percepción colectiva y para lo cual no se encuentra una descripción mejor que ese símbolo. Luego de ahí los derivados en relatos, representaciones visuales, lemas, formas estáticas, gráficas. La síntesis de Mendoza con su viejo slogan "Tierra del Sol y del Buen Vino" es una buen síntesis que pone en valor la naturaleza inalterable del lugar, a través del sol, y la cultura humana, que siembra cría y cosecha un fruto que luego transforma en licor. Asimismo, cada gobierno que asume la responsabilidad máxima del Estado, corre ese lema para colocar su propia impronta, que la mayoría de las veces suena más a deseos incumplidos que a síntesis de gestión. Cada cual atiende su juego y la mayoría de las veces, desentona.

Punto G municipal

El término "punto G" alude a un descubrimiento que el médico alemán Ernst Gräfenberg aportó a la ginecología y a la sexología, tema que aún está en discusión. Desde 1950 hasta hoy persisten los debates al respecto de la existencia orgánica de ese punto anatómico femenino de placer. Lo que es innegable es que en la geografía de Mendoza, desde hace algunos días, existen múltiples "puntos G".

Como si se tratara de un certamen de acertijos, aparecieron unas enormes letras G, volumétricas, metálicas, con soportes de hormigón, pintadas de color violeta ( ese registro cromático entre azul y magenta). Cuando no hay una explicación que responda a la lógica, es la imaginación la que reemplaza a la información. Alguien pudo haber imaginado que se trataba de alguna acción o intervención de mujeres que querían expresar su sexualidad. También podría inferirse que se trataba de un reclamo. Quienes se sorprendieron y bastante fueron los que transitaban por la rotonda en la que convergen la Costanera y el Carril Rodríguez Peña, zona limítrofe de los departamentos Godoy Cruz y Guaymallén. Los godoycruceños se ofenden -y con razón- cuando los denominan con sólo uno de los apellidos, motivo por lo que se descarta que esa G sea autoría del municipio que conduce Costarelli. Deducción inevitable: se trata de Guaymallén.

Vacaciones a la sensatez

Al transitar por las inestables y poceadas calles del departamento más poblado de Mendoza, pueden detectarse otras voluminosas G. Una suerte de "monumentos inertes a una letra" interrumpen los paisajes en Dorrego, en Villa Nueva y seguramente otros distritos también serán locaciones para estas G insinuantes y desprovistas de algún atractivo o información. En las G no se advierte alguna placa que dé señales de alguna otra cosa. En una de las instalaciones -al menos- se puede corroborar que no tiene carácter eventual. Está amarrada a una estructura (probablemente una zapata) de hormigón, con soportes metálicos de gran espesor, lo que la transforma en inamovible. Quizá sea un juicio prematuro, pero al verlas y constatar su presencia, podemos asegurar que no cumplen alguna función más que la de ocupar espacio público y gastar material y trabajo para su instalación. Si el propósito es decorativo, es propicio avisarle a quien decidió esa invasión metálica de G enormes, que en Guaymallén nacieron, trabajan, viven, existen, artistas plásticos de trascendente valía, que podrían proponer obras escultóricas menos abstractas. También es recomendable que sepan que hay fábricas de juegos de plazas, toboganes e inclusive, la posibilidad de plantar ejemplares de árboles de estatura discreta.

Marcar la cancha

Presumiblemente, esas estatuas deshumanizadas, se fabrican y colocan para marcar límites, para que los vecinos de Guaymallén recuerden que Guaymallén comienza con la letra G, para que no se extravíen. Pensándolo mejor, tampoco sería útil a tal efecto. No es exclusiva del departamento que conduce Calvente. Los de Alvear podrían reclamar soberanía, tanto como los de Godoy Cruz. Resulta incomprensible cuál es el motivo para inundar de "G" rotondas y paseos. Difícilmente puede alguien solazarse visualmente por encontrar una gorda, generosa y gran G. Sobrevuela el misterio. Surge la inquietud. Qué ganas de implantar señales que nada señalan y artefactos que nadie reclama. La identificación es recomendable para aquello que lo requiera y merezca. Lo sígnico puede servir de referencia cuando es de utilidad. La devoción por gastos superfluos no debería ser tan ostensible. Los límites que se necesitan hoy de la gestión, no guardan relación con exhibir hasta donde llega cada uno. Por lo que podemos ver, el erotismo del poder no encuentra destinatario. Si alguien pasa por Guaymallén, le encargo unos alfajores.