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Alfredo Cornejo se alía otra vez al poder o, al menos, busca cómo ser influyente

Milei no vino a la Vendimia, pero dio la señal de que está cerca del gobernador. Se proyecta la tercera alianza nacional de la carrera política del mendocino, aunque ahora apremiado por las encuestas.

En un principio, la invitación por parte del Gobierno mendocino para que Javier Milei estuviera presente en la Fiesta de la Vendimia había sido una cuestión meramente protocolar. Siempre, o casi siempre, dependiendo de la relación política del momento entre la Nación y la provincia, los gobernadores invitan a los presidentes a venir a ese tradicional evento por un asunto de pura cortesía. Pero esa formalidad subió de nivel cuando Alfredo Cornejo se la encontró la semana pasada a Karina Milei en Canadá.

El convite fue personal, en un brevísimo cruce que ambos tuvieron en un alto de la feria minera que se estaba desarrollando en ese país y a la que los dos habían viajado con la expectativa alta. “El jefe” se subió enseguida al viaje que le proponían a Mendoza y menos de un día después, desde presidencia, llamaron para comenzar a precisar los detalles de la visita. A partir de ese contacto, en Casa de Gobierno todo fue entusiasmo por lo que se venía.

Y preocupación también: Milei no solo había aceptado la recomendación del Gobierno provincial para que el evento principal del desembarco fuera el Agasajo de Bodegas de Argentina, sino que además estaba con ganas de asistir al Acto Central en el Teatro Griego. "¿Ustedes están seguros?", preguntaron desde acá y actuaron en consecuencia.

Un poco aterrados por la decisión, lo primero que hicieron fue explicarles de qué se trataba el tema y el riesgo de la exposición ante más de veinte mil personas. Lo segundo fue llevar, el jueves, a una comitiva encargada de la seguridad presidencial hasta el Frank Romero Day para mostrarles el terreno. “El presidente entraría por este pasillo, pero hay que tener mucho cuidado porque es la zona en la que, además del público que esté presente, podrían divisarlo los bailarines. Y no solo podrían chiflarlo, además correría el riesgo de que le tiren cosas”, les advirtieron. 

Javier Milei junto a Alfredo Cornejo. 

Los custodios de Milei escanearon durante un largo rato el sitio y, en la ansiedad, los funcionarios provinciales se apuraron en aclararles un punto importante. “Igualmente, pueden quedarse tranquilos. No se va a anunciar la llegada de las autoridades y van a entrar a oscuras”, les comentaron. Con gesto adusto, la seguridad presidencial descartó: “No habría problema, el presidente no tendría inconveniente en entrar con las luces encendidas a este lugar. Lo chequeamos en Buenos Aires y les avisamos”. Solo algunas horas después, llegó la confirmación de que Milei había decidido estar presente en el Acto Central. Y a todos los corrió un sudor frío. Aunque, en definitiva, descansaban en que habían hecho todas las advertencias del caso. Pero claro, nada de esto sucedió porque la visita de Milei se canceló como consecuencia de la tragedia de las inundaciones en Bahía Blanca. Y en muy buena medida Cornejo y los suyos terminaron con una mueca de festejo por la cancelación de la gira.

Milei no vino, pero dejó la señal política más que clara de que quería venir. Y además para qué venía. Dentro del armando de la agenda, se había mencionado la chance cierta de un encuentro entre el presidente y el gobernador en la tarde sábado y en el hotel Hyatt, para empezar a trazar por primera vez y cara cara los detalles de un acuerdo electoral en Mendoza en donde terminarán confluyendo los radicales y La Libertad Avanza.

Ese arreglo para las elecciones de octubre está sobre la mesa. Aunque, a decir verdad, durante estos días de forzada algarabía vendimial Cornejo quedó como el más apurado de los dos en hacerlo. Hay un efecto de época, sin dudas, para analizar lo que está sucediendo. En el mapa del voto en las provincias, Mendoza aparece como la más mileísta de todas en un contexto de victorias libertarias casi seguras en la mayoría de los territorios del país.

El Gobierno provincial reniega del dato, pero hoy en Mendoza el presidente tiene más peso electoral que el gobernador quien, asimismo, viene sufriendo el desgaste en las encuestas por las falencias de gestión y las carencias de los intendentes oficialistas el Gran Mendoza que sumarían poco y nada a la hora de tener que traccionar. Dicho de otra manera: si en los próximos comicios los candidatos de uno y otro fueran fueran por separado, Cornejo camina derecho a perder una elección después de mucho tiempo. En esto se basa por estos tiempos esa demostración tan entusiasta manifestada por el mendocino de ir juntos, más allá de las argumentaciones más que válidas de que comparte el rumbo de la macroeconomía tomado por Milei. Y de que, en ese sentido, al presidente hay que sostenerlo.

Sin embargo, existen cuestiones más de fondo para este acuerdo en ciernes. Será la tercera vez, en su larga y en muchos aspectos decisiva trayectoria política de más de veinte años, que Cornejo sellará un pacto a nivel nacional. Ya se sabe porque a esta altura es parte de la historia: el mendocino fue el arquitecto del armado de la Concertación Plural entre los radicales K y Néstor Kirchner y años después fue un engranaje clave para el sostén de Mauricio Macri dentro de Cambiemos. Ahora, habla de que quiere ser un pilar para sostener el débil andamiaje político de Milei.

Algo hay ya, a esta altura, en lo que sin dudas es un modus operandis político. Y aquí pueden confluir varias hipótesis. Una es que Conejo es un dirigente de la UCR, claramente. Pero para quien su partido siempre fue solo un instrumento. Otra. Cada vez que apostó como lo está haciendo ahora, lo hizo a ganador y terminó aliado a quien iba primero en las encuestas para que en definitiva, lo terminen empujando a él. Y un tercer aporte para el análisis lo hace un viejo dirigente radical mendocino. “Siempre hubo por parte de Cornejo una búsqueda del beneficio personal, está claro. Pero también hay que analizar que los tres presidentes en cuestión, en cierta medida iban en contra del sistema tradicional de partidos, estimulando la creación de ‘algo distinto’. Y en todos esos casos, la decisión se tomó dejando siempre afuera a la UCR”, reflexionó.

Se puede ir un más más profundo. Cornejo siempre entendió que para gobernar hay que tener poder. A nivel nacional, a pesar de que intentó proyectarse un par de veces, nunca lo consiguió. E intentó transitar así por otro camino: si el poder lo tiene otro, al menos buscar ser influyente. ¿Le fue bien? No tanto. Con Kirchner tenía futuro, pero Julio Cobos le frustró todos los planes. Macri lo consideraba “un petiso bravo”, pero más allá de haber logrado torcer el rumbo de alguna decisión de gobierno, nada pudo hacer para evitar la debacle del gobierno de Cambiemos. Hace un año, cuando comenzó la era Milei, el proyecto de influir fue el número uno del mendocino dentro del esquema de los gobernadores de Juntos por el Cambio. Por lo que se vio hasta este momento, el presidente viene jugando más al destrato que al reconocimiento.

Por estos dos días se vienen al menos dos discusiones pesadas en el Congreso que servirán para medir el alcance de tanto apoyo explicitado desde el poder local. Se descuenta que los diputados que le responden a Cornejo, Lisandro Nieri y Pamela Verasay, respaldarán en Diputados el DNU firmado por el presidente para acordar con el FMI. Pero el punto estará en el Senado, en donde se cocina el rechazo a los pliegos de Ariel Lijo y de Manuel García Mansilla como miembros de la Corte Suprema de Justicia.

Una mendocina, la legisladora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, es quien está juntando las firmas necesarias para lograr dictamen y forzar una sesión en el Senado que termine rechazando los pliegos y lograr, en definitiva, tanto expulsar a García Mansilla de la Corte como evitar el arribo de Lijo. De las nueve firmas necesarias, Anabel ya recolectó siete y precisa del respaldo del radicalismo. Hasta acá Cornejo prefirió no meterse, independientemente de que rechaza la forma en que el gobierno primero revoleó los pliegos de los postulantes en el Senado y después los terminó imponiendo por decreto y en comisión. Sagasti entiende que, al impedir que Mariana Juri estampe su firma en el dictamen, el gobernador está favoreciendo la posición del gobierno nacional. Cornejo prefiere esperar para ver qué hacer. Aunque tiene un problema por delante: si la oposición finalmente consigue habilitar la sesión, tanto Juri como Rodolfo Suarez deberán exponer su voto a favor o en contra los controvertidos jueces. Y esto , mientras se está discutiendo una alianza, es un dolor de cabeza.   

Así y todo, el acuerdo electoral todavía tiene un par de obstáculos por delante que, hay que decirlo, son sorteables. Hay tiempo para una definición porque los plazos para presentar alianzas electorales vencen hacia finales de abril. Pero falta algo importante en el medio y es que en algún momento se sienten Milei y Cornejo, o más bien Karina y Cornejo, para hablar. Como intentaron sin éxito hacerlo este sábado.

La llave de la alianza con Milei estará en que se logre un acuerdo por el desdoblamiento o no de las elecciones en Mendoza y, fundamentalmente, en cómo será la repartija de lugares en las listas de candidatos a diputados nacionales. Para el primer tema ya se está explorando una alternativa. Cornejo quiere que se voten por separado los cargos nacionales de los provinciales porque apunta a plebiscitar su gestión y, además, le importa y mucho cómo quedará estructurada la Legislatura después de la renovación por mitades de las Cámaras que toca este año. Karina no se sabe lo que quiere porque nunca se lo expresó al gobernador, pero Luis Petri (que estará en la mesa de negociación) presiona por la unificación. ¿Cuál podría ser la salida? Que se vote en octubre con doble urna ya que el sistema de boleta única que cada jurisdicción tiene adoptado así lo permitiría. Para llegar a esto, habría que suspender las PASO provinciales por ley. Otra vez, la dirigencia política adecuando el cronograma electoral y la forma de votar de acuerdo a sus intereses partidarios.

El segundo escollo es interno, de uno y otro lado. Mercedes Llano, diputada nacional de LLA, ya advirtió que ellos no tolerarán acuerdos con dirigentes que no sean “libertarios puros” para que Milei pueda sumar tropa propia en el Congreso. Existe aquí una lógica en este planteo, es muy probable que, si baja la línea desde la Casa Rosada, Llano y compañia terminen alineados. Pero Carlos Balter y los suyos van a intentar resistir todo lo que puedan volver a hacer una alianza con Cornejo después de su fallido paso por Cambia Mendoza.

La semana pasada confluyeron, en Junín, Julio Cobos y Ulpiano Suarez. Fueron a visitar al intendente Mario Abed, cuyo departamento había sido afectado el día anterior por una feroz tormenta de granizo. Después de ocuparse de la contingencia, hablaron del plan aliancista de Cornejo. El resultado de esa charla, se expresó sin tabúes en la aparición pública de ellos en el desayuno de la Coviar. Cobos fue el más contundente. Dijo que él no está dispuesto a que el arreglo con Milei se convierta solo en “un contrato de adhesión” y pidió una discusión más amplia. “A veces es preferible perder una elección, a después estar dando explicaciones de cosas que uno no comparte”. El diputado nacional entiende que acordar con Milei podría ser un “salvavidas de plomo” a futuro, porque el éxito del presidente está atado a los resultados económicos y, según se advirtió en esa reunión en el Este, el escándalo por el caso $Libra todavía no explota. Y Cleto descuenta que lo hará.

Ulpiano Suarez comparte este análisis y también pidió, en una aparición en Vendimia, que para hacer un acuerdo “hay que ver más allá de las encuestas”. Hasta dónde llegará la resistencia, se verá. Por lo pronto Cobos y el intendente capitalino tensan la cuerda de distinta manera. El primero está hablando de la construcción de un acuerdo provincial amplio con los radicales heridos por el acuerdo de Cornejo y, eventualmente, sumar a intendentes opositores como el lujanino Esteban Allasino a la intentona. Uliano se queja pero sin ánimo de romper. Tiene mucho en juego para 2027.

No obstante, el capitalino suma otra crítica. “Otro tema es con quién hay que sentarse en Mendoza, quién representa a La Libertad Avanza en Mendoza. Esto hay que llevarlo más allá de una lista, no es el debate que hay que dar, sino qué acuerdo hay, qué beneficios tiene para Mendoza. Tiene que haber un acuerdo que vaya más allá y que además la provincia pueda obtener algo a cambio", agregó.

Aquí Cornejo tiene un argumento que aparece como irrefutable. Está convencido de que, con Milei, nada se puede negociar. Y mucho menos la posibilidad de sacarle el compromiso de alguna obra pública u otro tipo de financiamiento para la provincia porque, directamente, eso ya no existe. En definitiva, amargamente el gobernador es consciente de que quizás ya no lo están corriendo con la caja para acordar. Sino que en realidad, lo están acorralando con lo que más le duele. Es decir, con las encuestas.