La masiva marcha del 24 no pudo ocultar las internas del kirchnerismo
Una clara muestra de la descomposición de Unión por la Patria se vio el domingo en la espectacular movilización realizada en conmemoración del golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976, realizada dos días después de que el Partido Justicialista se haya juntado para debatir su reorganización interna sin más participantes que los que podían juntar, al entender de Sergio Berni, “en una cabina telefónica”.
Máximo Kirchner, que no estuvo por Ferrocarril Oeste, sí participó de la movilización a la antigua Escuela de Mecánica de la Armada, ex ESMA, en horas de la mañana. Acompañado por La Cámpora y agrupaciones afines, estuvo bien lejos de su aliado Axel Kicillof. Sergio Massa, el otro referente de importancia en el armado del antiguo oficialismo, ni siquiera participó de la masiva movilización.
La mayoría del peronismo bonaerense se encolumnó con el gobernador en la Plaza de Mayo, en donde se pudo ver a todos sus ministros y la mayoría de los intendentes del peronismo kirchnerista.
Pero no fue solo el peronismo y el kirchnerismo quienes participaron del encuentro social más importante de los últimos tiempos. La gente se adueño de las avenidas y las plazas más importantes y emblemáticas del país. Se vieron radicales, comunistas, peronistas y todos los demás partidos políticos democráticos reivindicando una fecha y una cifra, 30.000, que absurdamente está poniéndose en debate desde hace años por una superficial discusión del pasado reciente.
Sin embargo, ese peronismo y esas organizaciones hoy movilizadas están absortas ante un presente que los tiene como testigos indefensos e inmóviles ante una oleada de despidos en el Estado nacional como no se veía desde hace muchísimos años, cuando Carlos Menem alertaba que “ramal que para, ramal que cierra”.
Javier Milei los provoca de todas formas. Arma un documental que parece un “chivo” de Juan Bautista “Tata” Jofre, en el que enumera sus libros respecto de los desaparecidos y la lucha armada de los ’70. Está bien que se cuente “otra historia”, pero si lo hace la Presidencia, no puede ser ni parcial ni sesgada y menos omitir los excesos y las atrocidades cometidas desde el Poder Ejecutivo en la lucha contra la subversión.
El presidente también provoca al peronismo kirchnerista actual al colocar al mismísimo Menem en la galería del Salón de los Próceres Argentinos, inaugurado el Día de la Mujer. Ese ámbito se llamaba Salón de las Mujeres de la Casa Rosada. Y ahora casi paraliza a los gremios con los despidos masivos en el Estado nacional.
¿Por qué Milei puede proponer debates disparatados y absurdos como los que se están viendo? ¿Por qué inicia una serie de cesantías y despidos en el sector público nacional y solo un puñado de gremios parecen preocupados? Porque todos saben que la mayoría de las áreas fueron rellenadas por la militancia rentada y que ellos son poseedores de algo que el resto de los trabajadores no pueden tener. Estabilidad y dudoso método de productividad con sueldos millonarios. Casta, pero de otro nivel.
Aerolíneas, PAMI, ANSES, YPF, entre otros organismos públicos fueron sobrecargados de personas que no eran necesarias y, encima, podían hacer lo que quisieran y hasta disfrutar de una doble función si fuera necesario. Quizás no personalmente, pero sí a través de esposas, hijos, sobrinos o novias. En esto no importa el género o el parentesco.
El exceso de relato, de la marginalidad como normalidad, de presos liberados, de la oficialización del idioma inclusivo cuando muchos no se sentían así, la apropiación de la historia y la memoria, la utilización y la aceptación gustosa de las organizaciones defensoras de los derechos humanos para negocios, copar el Estado que debía estar presente, y otros miles de ejemplos extremos que no resolvían ni la inflación, ni la educación, ni el sistema sanitario y disparaban los índices de inseguridad y dejaba abierta las puertas al narcotráfico hizo que todo terminara en Milei.
Primero ese mundo “ideal” había tenido un llamado de atención que Mauricio Macri y su obsesión por realizar un nuevo relato no comprendió. Ahora el presidente y su equipo aprovechan los cien primeros días para proponer delirios que nadie votó en cuanto a Menem y otro repaso sesgado de la historia.
El kirchnerismo seguirá haciendo congresos y reuniones en lugares cada vez más pequeños, quizás. Pero sus ideas, que perduran hasta hoy, se incubaron en los primeros tres meses, como cuando se diseñó la “concertación plural de los que opinan igual”. Milei está repitiendo esa historia con homenajes a Menem, Ariel Lijo, Rodolfo Barra, Federico Sturzzenegger y revisando sesgadamente la historia. ¿Cómo no la ven?