La cruzada económica y la prueba de fuego de las urnas: los desafíos de Javier Milei para 2025
Cuando Javier Milei llegó al poder lo hizo acompañado de varias preguntas. Dudas sobre la gobernabilidad, acerca de su capacidad para construir consensos a pesar de su abrumadora minoría parlamentaria, o de si tendría el pragmatismo y la versatilidad para estabilizar una economía que parecía al borde del precipicio. Con la llegada de 2025, lejos quedaron los rumores de helicópteros y plazas convulsionadas y los desafíos son otros: consolidar la estabilidad económica y traer el crecimiento prometido, y ratificar su poder electoral en las urnas. Se viene un punto de inflexión para la Argentina libertaria.
"Imagínense lo mal que tenían que estar las cosas para que la sociedad eligiera al primer presidente liberal-libertario de la historia, sin partido político ni gobernadores, ni intendentes. Eso es algo que no podría haber ocurrido si no fuera por el absoluto fracaso económico, material y moral del modelo de la casta", ha asegurado Milei en varias oportunidades durante su primer año de gestión.
La batalla económica
Eso deja en claro una cosa: el presidente sabe que la sociedad argentina no lo votó por su afinidad con las ideas de la Escuela Austríaca o el anarcocapitalismo, lo hizo por el descalabro económico que generaron sus predecesores y el éxito de su gestión depende de mostrar resultados en esa materia. Luego de lo que el mandatario llama "el ajuste más grande de la humanidad", el Gobierno logró aplacar a la fiera de la inflación, al menos de momento, para llevarla del 25,5% mensual que registró en diciembre de 2023 -post devaluación y liberalización de precios- al 2,4% mensual en el pasado noviembre.
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Sin embargo, esos números siguen siendo elevados para cualquier economía saludable. El objetivo del Gobierno, en palabras del propio Milei, es sostener la inflación en torno al 2,5% para poder bajar a un 1% el crawling peg, el sistema de microdevaluaciones diarias que ajusta el tipo de cambio oficial un 2% todos los meses. El Gobierno confía en que este camino no solo es la llave para garantizar "la muerte de la inflación", sino también para habilitar una medida clave: la apertura del cepo.
La restricción cambiaria apunta a evitar disparadas del dólar oficial a partir de limitar su oferta. Más allá de lo efectivo o no que esto pueda resultar, tiene la contrapartida de que también impide la llegada de grandes capitales extranjeros, eleva el riesgo país y pone trabas al crecimiento económico, que está estancado desde 2011.
Sin embargo, la apertura del cepo -y esta es la razón por la que Milei no lo hizo el día en que asumió- puede provocar una avalancha sobre el tipo de cambio que dispare una devaluación, lo que en términos prácticos implica una caída del poder adquisitivo de la mayoría de la población. Entonces, el gran desafío del libertario es lograr lo primero sin que ocurra lo segundo. Para el presidente, eso es posible si la inflación corre al ritmo del 1,5%, el Banco Central resuelve su problema de stock de divisas y se concreta la eliminación de los pasivos remunerados (deudas del Central para absorber dinero sobrante de la economía).
En ese juego cumple un rol central el Fondo Monetario Internacional, que podría garantizar el engrosamiento de las reservas argentinas a partir de un nuevo préstamo. Para que esa misión tenga éxito, la Casa Rosada confía en que podrá contar con su aliado en el norte, el próximo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien ya ha intercedido en el organismo en favor de la Argentina durante la gestión de Mauricio Macri, cuando este pidió un crédito de estas características.
Sin embargo, la estabilidad es solo el comienzo. Luego de un año marcado por la recesión, Milei prometió luz al final del túnel, esto es una reactivación económica que eventualmente se traduzca en una mejora sustancial del poder adquisitivo de los argentinos, sobre todo aquellos más golpeados como los jubilados, los empleados estatales y los trabajadores no registrados.
Para ello, el Gobierno confía en que la eliminación de impuestos, las desregulaciones de la economía y la llegada de capitales extranjeros sean los motores que impulsen el ascenso del país, lo cual consecuentemente atacaría los índices de pobreza e indigencia. En esa bolsa entra una profundización de la reforma laboral y el avance en las privatizaciones de empresas públicas, con Aerolíneas Argentinas como una de las primeras candidatas a caer en la volteada.
La prueba de fuego electoral
Aquí entra el segundo elemento clave de 2025, las elecciones legislativas. Este año se renovarán parcialmente las dos cámaras del Congreso nacional. En total, se ponen en juego 127 de las 257 bancas de la Cámara de Diputados y 24 de los 72 escaños del Senado. Estos últimos vendrán de 8 distritos: CABA, Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta, Santiago del Estero y Tierra del Fuego.
Antes de asumir, La Libertad Avanza solo tenía las dos bancas en Diputados de Javier Milei y Victoria Villarruel. Luego de la primera vuelta de octubre de 2023, el espacio garantizó 37 bancas -que luego se elevarían a 39 mediante acuerdos- en la Cámara baja y 7 en la alta -hoy 6 tras la expulsión del formoseño Francisco Paoltroni-. Con esas frágiles cifras, el Gobierno logró promulgar la ambiciosa Ley Bases, el paquete fiscal, defendió los vetos presidenciales y sostuvo el DNU 70/2023. Sin embargo, eso no hubiera sido posible sin el apoyo que le brindaron los bloques dialoguistas, principalmente el PRO.
Esa sociedad parlamentaria acumuló unos cuantos episodios de tensión tras quedar demostrado que, pese a los servicios prestados, los libertarios no están siempre dispuestos a escuchar los consejos o reclamos de los amarillos. En ese marco, si bien la Casa Rosada confía en que las demandas de su electorado común les garantiza el apoyo del PRO, siempre corre el riesgo de que sus socios un día decidan pasarles factura y trabarles alguna iniciativa en el Congreso para marcar la cancha, como ocurrió con la caída del DNU que le otorgaba fondos reservados a la SIDE.
Para ganar esa autonomía, La Libertad Avanza no solo acercó posiciones con el sector dialoguista del radicalismo -con el que se reunió la semana pasada-, el peronismo no kirchnerista, y los legisladores que responden a los gobernadores, sino que también llevó adelante de la mano de Karina Milei una campaña por las distintas provincias del país para consolidar el partido a nivel nacional y asegurarse la presencia de libertarios de pura cepa en las listas de 2025, o pensando incluso para 2027.
Todavía falta para determinar cómo será la relación electoral entre el oficialismo y el PRO de cara a los comicios, pero el presidente ya anticipó que él "no va a engañar al electorado" y le puso un condicionante a los amarillos: "Vamos juntos en todos lados o vamos separados". En ese sentido, el partido fundado por Mauricio Macri manifestó en la mañana del 31 de diciembre que "sigue firme", sin el abandono de "ningún gobernador ni intendente" y con un bloque legislativo "sólido y unido". "Hay PRO para rato", concluyó el partido a través de un comunicado.
De cualquier forma, las encuestas hoy le sonríen a la gestión libertaria, que además enfrenta a una oposición aún desbandada que no parece preparada para hacer un frente común. En caso de sostenerse esa fotografía, Milei podría anotarse un triunfo clave que será un punto de quiebre para su gestión. En caso de tener éxito, el músculo que ganaría en el Congreso le permitiría avanzar con sus ansiadas reformas y la tan anunciada "deep motosierra".
En el mientras tanto, la Casa Rosada también deberá mostrar su cintura política en diversas áreas que van desde concretar el nombramiento de sus candidatos para la Corte Suprema de Justicia hasta sostener la tregua con el sindicalismo, que hoy se ve lejos de las calles. "La diferencia entre un loco y un genio es el éxito", le gusta decir a Javier Milei. Si lo consigue, el presidente habrá demostrado que La Libertad Avanza llegó para quedarse.