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Un ministro de Axel Kicillof se cruzó con un intendente y acumula reproches

La ausencia del ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, en un acto de Ituzaingó generó malestar y reproches.

La ausencia del ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, durante el acto en el que el municipio de Ituzaingó informó la entrega diez patrulleros en comodato a la Policía de Buenos Aires luego de una adquisición bajo el formato de leasing en convenio con el Banco Provincia, encendió la polémica y fue leída por el intendente local, Pablo Descalzo, como un destrato.

Desde hace varios días se suponía que Alonso no iba a estar presente en la presentación de los nuevos vehículos. Los cortocircuitos con Descalzo no son nuevos, pero se profundizaron en los últimos meses luego de haber protagonizado serios desencuentros, más algunos reclamos realizados de manera directa a las autoridades bonaerenses por el secretario de Seguridad local, José “Tony” Rosendo, a quien se le reconoce ser muy práctico y directo a la hora de establecer prioridades y, también, decir las cosas.

En su discurso, Descalzo manifestó públicamente su molestia, no solo por la ausencia de Alonso, sino porque quienes tienen que utilizar la nueva flota de vehículos, los comisarios y miembros de La Bonaerense, no pudieron asistir por una orden directa del ministro, dejaron trascender algunas versiones. Para las autoridades quedó en claro que con la postura adoptada el gobierno provincial, de quien Axel Kicillof es el máximo responsable, se está sugiriendo a los intendentes que no necesitan de la colaboración de ellos. Lo extraño es que ni siquiera se cuide a uno de los intendentes que mejor relación tiene con él en la pelea con Máximo Kirchner.

"Hay responsables de esta ausencia. Es la mirada sesgada y egoísta que tienen algunos funcionarios públicos porque no les llegó la invitación para que participen”, se quejó el jefe comunal. “Señor, usted que está ofendido y no permitió que esté la Policía en este acto, cuando colabore va a ser bienvenido”, dijo Descalzo.

Pablo Descalzo y los patrulleros que Alonso no quiso recibir. Foto: Primer Plano

Hace quince días, en una reunión en la que estuvo el gobernador, y de la que participó Descalzo junto con más de una docena de otros intendentes, uno de los planteos que se le realizaron a Kicillof fue por la demora, falta de respuesta o manifiesto desinterés que se observa en Alonso a la hora de darle respuesta a los reclamos de los jefes territoriales, los primeros en recibir el reproche de la gente.

En el acto realizado en el frente de la Municipalidad de Ituzaingó estuvieron presentes los familiares de Ezequiel Altanera, el joven asesinado por un adolescente luego de haber sido atacado a la salida de un local bailable con una precaria habilitación para tal fin. Hoy a la tarde realizarán una marcha reclamando por el esclarecimiento total y castigo a los culpables del crimen.

Hace tres meses, en MDZ, el intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, había dicho que estaba analizando abrirse de Unión por la Patria provincial por un “apriete de un funcionario mediocre como lo es el ministro de Seguridad”, quien le recriminó su proyecto, ahora con sanción legal por ordenanza, de la creación de una policía municipal armada con armas no letales.

Descalzo fue directo. “En Ituzaingó somos un pueblo solidario y queremos vivir en paz, queremos tener seguridad y vamos a pelear por eso. Y, como dice el dicho, si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Esos patrulleros los vamos a llevar a la Jefatura Distrital para que las fuerzas de seguridad tengan las herramientas necesarias para que cuiden y protejan a la familia del pueblo de Ituzaingó. Y, cuando colabore, va a ser bienvenido”, declaró sobre Alonso.

El enojo es tal, que para los implicados la actitud del ministro es incomprensible. Además de haberse sacado fotos con otros intendentes, como el aliado de Patricia Bullrich, Ramón Lanús, en San Isidro, el enojo debería poner en alerta al gobernador, quien ya tiene dos ministros altamente cuestionados en su gabinete. El otro es el de Transporte, Jorge D´Onofrio, por el cual aumentó la tensión que existía con Sergio Massa.

Sin embargo, lo que más debe preocuparle a Kicillof es que sin la asistencia municipal la Policía Bonaerense no podría funcionar. Los combustibles, los repuestos de los móviles, y las reparaciones de las instalaciones policiales dependen casi directamente de los diferentes ejecutivos municipales.

Tal cual lo manifestó en más de una oportunidad el secretario de Seguridad Rosendo, “la policía está trabajando en inferioridad de condiciones en la lucha contra los delincuentes. Ellos van armados hasta los dientes, con tres o cuatro armas de guerra en los vehículos, y nuestros policías a lo sumo tienen dos reglamentarias”.

“En más de una ocasión, los patrulleros que dependen de nuestra secretaria salen con un chofer y un único efectivo con portación de armas de fuego, con lo cual, si hay un delito in fraganti, solo hay un arma contra cuatro”, ejemplificó.

En más de una ocasión, la falta de escucha es lo que más molesta. Tal cual le dijo un intendente aliado a Kicillof hace un mes en un off a este periodista, “Berni, loco y todo, por lo menos estaba, ponía la cara, discutía. Este es la nada”. El ex ministro de Seguridad, actual director de la Escuela Juan Vucetich y senador provincial, es el jefe político de Alonso.

Hace dos meses, el ex secretario de Gobierno de Morón, Diego Spina, se quejó públicamente porque Alonso no quiso aceptar tampoco los patrulleros. Cuatro días después, el Ministerio permitió que esos vehículos sean utilizados por la Policía pero el funcionario fue separado de su cargo por esa discusión abierta por el intendente Lucas Ghi.

El primero en enfrentarse a Berni y posteriormente con Alonso fue el poderoso intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, en cuya localidad está radicada la jefatura policial bonaerense en el puesto de Puente 12, en el límite de la General Paz con el Camino Negro. Berni había tomado esa decisión como una señal política y de control sobre Espinoza que nunca lo quiso.

Sin embargo, malabares del destino hizo que esa decisión lo corriera de los primeros planos al propio ex ministro cuando, a mediados del año pasado, al querer intervenir cual sheriff en una protesta de colectiveros tras un nuevo asesinato de un chofer, el ahora senador provincial recibiera un trompazo que lo tuvo grave durante varias semanas y luego le quitó el mito de intocable.