Radical y libertario; estatista y privatizador: las razones del zigzagueo de Alfredo Cornejo
Puertas adentro de la vidriera, Mendoza sufre la misma catástrofe social que todo el país, con repercusiones adentro de cada familia incluidas. Violencia y marginación en los barrios, transas que reemplazan a los punteros y referentes sociales, falta de expectativa de futuro. Y hasta un crecimiento en la demanda de asistencia por problemas de salud mental. En medio de ese pozo, quienes deciden, la política, tienen como ocupación principal su ordenamiento, la pelea por el poder dentro del poder: internas, reordenamientos partidarios, posicionamientos personales. Aislado del contexto que tiene esa disputa podría generar ira: mientras la ciudadanía sufre, hay una disputa endogámica.
Pero ese aparente aislamiento es un mal necesario; la necesidad de que la política se ordene detrás de proyectos, plataformas o, al menos, una idea o, en el peor de los casos, personas que tengan algo en común. Es la política la que tiene la llave para construir y revertir el presente. En Mendoza, por ejemplo, el único proyecto de poder y de gestión de la Provincia es el vigente, el que encarna desde 2015 Alfredo Cornejo y que aún oxidado busca reinventarse. Enfrente hay una atomizada oposición que es más un cúmulo de intenciones que un proyecto. Esa dispersión y falta de compromiso le hizo mal al propio oficialismo y a la Provincia. Cornejo mismo encontró sus limitaciones al intentar exportarse como producto político.
En la Nación no se reproduce el escenario de comodidad que lo tiene mal acostumbrado en Mendoza. Peor aún, quedó atrapado en un partido roto, sin ambiciones, liderazgos o proyecto propio. El radicalismo desde donde Cornejo buscó construir genera más pena que esperanza. Liderado por dirigentes que nunca gobernaron, desperdició el poder territorial que antes le había regalado al PRO y ahora se lo ofrece a Milei a precio de oferta.
La federación radical y el privatizador estatista
La federación de partidos provinciales y comunales en lo que se transformó la UCR le quita peso frente a la idea de mostrarse como “radicales que gobiernan”, quienes intentaban acercarse al Gobierno con esa impronta para dar señales de gobernabilidad y, así, negociar con otro peso. Sin sustento de peso, las negociaciones con la Nación termina siendo una voluntariosa gestión individual. Cornejo espera el llamado de Milei para reunirse, junto con otros mandatarios radicales.
Será, claro, en un plano de menos peso que los del PRO: el partido amarillo es el aliado deseado por el Presidente. La UCR quedó en el camino entre ser oficialismo culposo u opositor rabioso. Por eso hasta el cronograma electoral del año que viene se definirá sobre la hora. Como adelantó MDZ, es probable que no haya elecciones provinciales en 2025 y se posterguen para el otoño del 2026. Es que incluso sin competencia, el oficialismo tiene un desgaste enorme: hoy las encuestas más favorables les dan menos del 35% de intención de voto. Y nadie quiere en el cuarto piso que el “salvador” sea el radical más libertario de todos: Luis Petri.
Esa falsa dicotomía de Cornejo entre ser radical o libertario se traduce también en decisiones y visiones que pueden leerse como una suma de contradicciones tremendas entre el decir y el hacer del gobernador de Mendoza.
Alfredo Cornejo apoyó la idea de que el Estado se deshaga de cualquier actividad “empresarial”, acompañando al presidente Javier Milei en esa gesta. Pero es el mismo que, casi en simultáneo, confirmó la expropiación del complejo turístico Penitentes. Cornejo aseguró que es el sector privado el que tiene que invertir en obras y es el que habilitó fondos estatales para hacer obras eléctricas que en un “capitalismo normal” estarían a cargo de Distrocuyo o Edemsa. Es también el que promocionó la inversión estatal en una actividad cuyos empresarios le repelen a cualquier intervención: la minería. En Mendoza el Estado es el principal inversor en la actividad, rescatando y cumpliendo roles que no le competen, según la propia filosofía de Cornejo.
Más aún: es el mismo gobernador que creó o potenció empresas estatales: EMESA (creada por Paco Pérez y jerarquizada por Cornejo); AESA (Creada y cerrada por Cornejo), PRC e Impulsa Mendoza (potenciada al extremo) y también el que avaló la estatización y reprivatización de IMPSA. Parte de las explicaciones de esas contradicciones están en la propia palabra de Cornejo. “No es lo ideal, pero si no lo hace el Estado no lo hace nadie”, repite, palabras más palabras menos, el mandatario mendocino. El zigzagueo tiene explicaciones puntuales: el contexto nacional adverso, la falta de motivación a la inversión privada, el enorme atraso en la infraestructura de Mendoza, la falta de disponibilidad de insumos básicos, como la energía.
Es difícil hacer un análisis contrafáctico. Por eso hay una duda difícil de resolver. En el Gobierno se golpean el pecho al mostrar cómo ahora hay inversiones privadas en proyectos energéticos "gracias" a la gestión de la estatal EMESA: ocurre con el parque solar El Quemado, de YPF, y también con proyectos de Genneia. Otros, en cambio, aseguran que las inversiones privadas llegaron más tarde a Mendoza por la intervención de esa empresa estatal. Algo similar ocurre con la minería y con las obras públicas. Como sea, ahora es el momento de cosechar lo que Cornejo asegura que sembró: mejores condiciones legales, sociales y políticas para que haya desarrollo en la provincia.
El plan minero es el ejemplo más tangible; por la aceleración que le impuso. Tras el tamiz político que habrá en la Legislatura, llegará el momento de ver las inversiones. Antes, hay otra prueba mucho más concreta: el inicio de la actividad en Potasio Río Colorado. En el Gobierno aseguran tener el compromiso de José Luis Manzano para que haya producción de sales de potasio a escala piloto "pronto", así como el cumplimiento del plan de inversiones. En la industria se habla de una necesidad de que ese cumplimiento sea real para que se cumpla el plan estratégico de Integra Capitals (dueño de Minera Aguilar): asociarse con otra empresa más grande que pueda invertir en la red de trenes, la planta y otros insumos indispensables para que la mina tenga un potencial real más allá de lo testimonial que se pueda lograr. Aún es una incógnita de dónde saldrá el gas necesario. La electricidad la pondrá el Estado.
Cornejo es pragmático al extremo. Por eso puede ser estatista expropiador o liberal privatizador. Pero la realidad de Mendoza es la que también genera la necesidad de oscilaciones.

