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La vida detrás de la violencia en los barrios: marginación, droga y olvido

Según los referentes barriales, el consumo y venta de estupefacientes se ha incrementado. Niños zombies que van al merendero y después a robar son algunas de las situaciones que se viven en Mendoza.
En el barrio La Gloria ya no se hacen festejos en la calle por temor a las balaceras. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
En el barrio La Gloria ya no se hacen festejos en la calle por temor a las balaceras. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

Un joven falleció en Godoy Cruz. El hecho ocurrió cuando el joven caminaba junto a un amigo y sujetos armados sin mediar palabras le efectuaron disparos”, con estas pocas palabras el Ministerio de Seguridad informó la muerte de un joven en Villa Hipódromo. 

Una muerte más que se suma a la lista de homicidios por ajustes de cuentas en Mendoza que ya superan la docena en solo dos meses. Sin embargo, las frías estadísticas y la novedad policial no contemplan la realidad de los barrios populares o las zonas rojas, las historias de los vecinos y los cambios en los últimos años. 

Los relatos de los referentes barriales coinciden en varios puntos que son el caldo de cultivo para la escalada de la violencia: avance del narcotráfico a través de la figura de los “transas”, bajos salarios que obligan a sumar horas de trabajo a los padres, niños solos en las calles, enfrentamientos entre bandas y cambio en los códigos urbanos. También coinciden en que la solidaridad y las redes de contención entre las organizaciones sociales ayudan a mantener el débil tejido social de las barriadas y asentamientos. 

El barrio La Favorita de Ciudad. (MDZ)

Desde el Ministerio de Seguridad destacaron que el aumento de la pobreza afecta en lo social. “No todos los homicidios por ajustes de cuenta vienen por cuestiones de droga y narcotráfico. Hoy Mendoza está muy lejos de eso. Muchos ajustes de cuentas pueden pasar por bandas que se dedican a robos. De todas formas hay que poner el ojo en el consumo para que no crezca y acá tiene un papel importante  desarrollo social”, explicó el director general de Relaciones con la Comunidad, Hernán Amat. 

“El transa”, la nueva figura del barrio

Cuando les pregunto a los chicos que quieren ser cuando sean grandes, no titubean y dicen que quieren ser el mejor transero, que quieren dedicarse a la venta de drogas”, dijo Carina, una docente que da clases en varias escuelas de Las Heras en barrios populares

Es que la figura del “transa” va ganando espacio en los barrios: pone a trabajar a los chicos y les encarga el narcomenudeo y hasta colabora con los merenderos de la zona. De esta forma ser “transero” parece ser una buena y rápida salida a las necesidades económicas.  

En el barrio Flores y Olivares los vecinos están preocupados por el consumo de drogas en niños. (MDZ) 

“En uno de los comedores que funciona en una casa, el dueño no tenía leche para darle a los chicos y tuvo que aceptar la plata del `transa` del barrio. Los narcos están financiando cosas y es muy triste. Vemos cómo se llevan a nuestros chicos y nos los devuelven muertos”, graficó una referente del barrio Sol y Sierra de Luján de Cuyo que agregó que muchos chicos llegan a quemar virulana para drogarse.

Las historias alrededor de las drogas, el consumo y la venta se multiplican en las barriadas mendocinas. “Un sábado llegó una mamá muy desesperada porque tenían a su hijo de rehén porque le estaban cobrando una deuda narco. Iban a tener al hijo rehén hasta que el otro hijo pagara la deuda”, recordó una colaboradora de un merendero de Luján. 

Pero muchas veces el dinero no aparece y los problemas se resuelven con violencia y muerte. “Hace como un mes mataron al sobrino de 15 años de una compañera, iba entrando a su casa y lo mataron por un ajuste de cuentas y así quedó. Ahora la familia se va a tener que ir del barrio porque se va a desatar una guerra de bandas. El pibe consumía y le debía a quien no tenía que deberle”, agregó otra dirigente barrial.

La comisaría del barrio La Gloria. (MDZ)

El consumo en los más chicos es una de las preocupaciones de los vecinos. “Andan totalmente drogados, parecen zombies”, detalló una vecina del barrio Flores y Olivares de Ciudad. Los kioscos de venta de estupefacientes se han multiplicado en los últimos tiempos y han llegado nuevas drogas que los vecinos describen como más adictivas y con efectos menos duraderos en el tiempo. 

Cambiaron los códigos violencia y delincuencia

La mayoría de los barrios populares de Mendoza funcionan como un barrio más. A la mañana sale la gente a trabajar, los niños a la escuela, algunos jóvenes a la universidad y por las tardes muchos están en la plaza. Pero hay zonas restringidas donde los vecinos saben que puede haber balaceras o enfrentamientos. “Hay núcleos calientes, donde hay muertes. El barrio funciona como un barrio normal pero hay una realidad oculta que en cualquier momento puede emerger”, describió un referente barrial. 

En general, había ciertos códigos comunes como “no robar a la gente del barrio”, “cuidar a los que vienen a colaborar” o “respetar a ancianos y niños”. Sin embargo, la violencia parece haber ganado un lugar de privilegio y logró romper los antiguos pactos sociales. 

El barrio La Gloria de Godoy Cruz. (MDZ)

En el barrio La Gloria de Godoy Cruz, el padre Carlos Diez aseguró que ya no organizan actividades en la calle por miedo a las balaceras. “En mayo o junio fue la última vez que las organizaciones del barrio hicieron una fiesta en la plaza y la tuvieron que suspender porque se armó una pelea entre bandas y desde ahí nadie se anima a organizar algo afuera”, dijo el sacerdote que hace tres años está a cargo de la parroquia Virgen Peregrina. 

“El día de Reyes también se dejó de hacer porque tenían que repartir los regalos con custodia policial y esto generaba más enfrentamiento dentro del barrio”, añadió.

Los robos en los barrios se repiten en las casas y en las instituciones. En el barrio 30 de Octubre robaron hasta las rejas de la puerta de ingreso a la escuela. En el barrio La Favorita asaltan a los colaboradores del merendero cuando bajan del colectivo y en el Flores y Olivares aumentaron los robos menores. “Se llevan la ropa que dejás colgada, herramientas y las cosas que están a la vista en los autos. Es que los transas se las cambian por droga”, explicó una vecina.

“Los chicos toman la leche en el merendero antes de salir a robar", dijo una de las referentes barriales. (MDZ)

Cuando el consumo entra en la niñez atravesado por la pobreza y la falta de referentes se dan casos como el del barrio Flores y Olivares donde los vecinos están preocupados por los niños que salen a robar en la zona. “Hay un grupo de chicos de muy poca edad, tendrán entre 10 y 15 años. Son una banda que está robando. Nosotros conocemos a las madres y sabemos que se matan laburando”, dijo una de las colaboradoras del comedor. 

Los chicos toman la leche en el merendero antes de salir a robar. Le robaron a los chicos de la universidad y estaban armados. Vos los ves y te querés morir porque decís si hace media hora estuvo acá tomando la leche. Porque no dejan de ser niños, pero son niños que están consumiendo”, agregó.

Las jefas de hogar

En los barrios populares las mujeres son los pilares fundamentales: están a cargo de la crianza de los hijos, salen a trabajar para sostener la economía del hogar, cocinan en los merenderos y colaboran en las organizaciones para crear espacios de contención y esparcimiento para los chicos. 

Para ellas en algunos barrios se han generado espacios de escucha donde hablan de lo que viven a diario y encuentran un desahogo a las presiones diarias. Muchas se han tenido que quedar al lado de una pareja violenta para brindarles un techo a sus hijos y resignan su alimentación para que los chicos puedan comer. 

Las mujeres de los barrios populares sostiene el tejido social. (MDZ)

“Una mamá nos contó que tiene un hijo de 16 años pero tiene un retraso entonces es como si tuviera 5 años. Las terapias le salen $10 mil la sesión. Entonces ella nos contaba que trabaja en la mañana, vuelve al mediodía y a las 7 de la tarde entra de serena. Entonces está en la casa del mediodía hasta la 7 de la tarde. Sus hijos están solos todas las noches”, contó una de las vecinas del barrio Flores y Olivares. 

La solidaridad, el sostén de los barrios

En todos los barrios populares funcionan comedores donde los niños y familias completas se acercan a recibir un plato de comida. Se sostiene con aportes de vecinos, empresas, municipalidades, y en algunos casos, hasta donaciones del exterior. En algunos casos, al merendero se anexó un aula de apoyo escolar, talleres, un ropero, panadería y cursos textiles. 

Atienden a 100, 150 o 200 personas por jornada. Se cocina lo que hay: guisos, chocolatada, fideos o carne. Las redes solidarias se abren y se extienden para cubrir la mayor parte de los barrios. A veces llegan alimentos perecederos y en cuestión de horas entregan todas las raciones. 

“Quiero que la parroquia sea un lugar de recursos, un espacio para compartir, con actividades culturales”, dijo el padre Diez mientras caminaba por las aulas. A cargo de los laicos funcionan dos talleres textiles, uno para principiantes y otro avanzado que elabora productos de alta calidad como bolsos materos y ambos que se venden en ferias y por encargo. También hay un taller de panadería en el que los aprendices se llevan los productos a sus hogares. 

Salud, hacinamiento y servicios

Los referentes barriales coinciden en que el avance de la violencia, el consumo y la delincuencia coincide con una retirada del Estado. En salud y educación es donde más se siente. Según los vecinos las matrículas de las escuelas de la zona han bajado con el tiempo porque los chicos prefieren estudiar en otros colegios y en los centros de salud cuesta conseguir turnos. “El último pediatra del centro de salud renunció en diciembre y estamos casi en noviembre y no hay reemplazo, así que esperamos los operativos comunitarios del municipio para poder llenar libretas, hacer los controles”, dijo una vecina del Flores y Olivares.  

El hacinamiento en los barrios populares es una problemática en ascenso. (MDZ)

También hay falencias en vivienda, viven hasta tres familias por casa, lo que lleva a problemas con los servicios. “Se quedan hasta tres núcleos familiares en la misma casa y termin con la exclusión de los más débiles que suelen ser los abuelos. Por el alto costo no pagan y les cortan la luz, se enganchan a un vecino y si la empresa se da cuenta, les corta la luz a los dos. Entonces empiezan a utilizar leña. Al año se queman unas cuatro casas donde las familias pierden todo”, dijo Carlos Diez del barrio La Gloria.

El rol del Estado

Desde la Dirección General de Relaciones con la Comunidad aseguraron que se despliegan operativos de prevención en distintos barrios. “Nosotros venimos dando charlas en las escuelas sobre temas de seguridad. Se trabaja muy fuerte con los directivos. Se habla de la ley de diversión nocturna, el uso del 911 y escuela segura para que los chicos eviten ser víctimas”, dijo Hernán Amat.

“Además tenemos un abordaje específico que hacemos con las víctimas de delitos graves como  homicidios y entraderas. Abordamos estos temas con un equipo interdisciplinario de profesionales y ponemos a disposición asesoramiento legal”, agregó. Desde el Ministerio de Seguridad también trabajan con los adultos mayores en temas como estafas virtuales y maltrato.