El coraje de decir la verdad
El cuarto gobierno kirchnerista es un fracaso en todos los campos, pero podía contar como uno de sus “logros” no haber manipulado las cifras del Indec, por lo menos de forma tan grosera como lo habían hecho las administraciones de Néstor y Cristina Kirchner, con Alberto Fernández como Jefe de Gabinete durante cinco años de ese ciclo. Ese modesto activo se empañó hace pocos días, cuando el Indec anunció que no brindaría el índice de precios al consumidor en la fecha estipulada, sino unos días después, para no interferir con la veda electoral por las elecciones provinciales en cinco distritos.
El motivo era muy burdo. Informar la inflación del mes anterior no es un acto proselitista, ni siquiera un acto de gobierno. Se trata simplemente de que un organismo técnico dé a conocer una medición técnica. Su naturaleza no debería ser distinta de la de un informe del Servicio Meteorológico Nacional. En verdad, al pretender prorrogar la publicación de esos datos, el Indec, sin dudas instigado por el presidente o el ministro de Economía, tornaba esa información técnica en proselitista.
Un proselitismo, si se quiere, a la inversa, consistente en no dar malas noticias. Porque ese era el objetivo inocultable. El IPC de abril debe dar por arriba del 7%. Si reflejara una inflación muy inferior, a nadie se le habría ocurrido esa absurda excusa de la veda electoral. El escándalo desatado hizo que el Indec revirtiera su decisión, pero el episodio no será neutral en términos de la
confiabilidad del organismo dirigido por Marco Lavagna: ahora tenemos fundamentos para sospechar si, además, no se habrán de manipular las cifras nuevamente.
Esto ocurre en medio de una intensificación de las disputas internas en el Frente de Todos y en el propio seno del Poder Ejecutivo. El jefe de asesores de Alberto Fernández, Antonio Aracre, debió renunciar luego de que trascendiera que había elaborado un plan económico alternativo que incluía una fuerte devaluación. Sergio Massa y sus numerosos corifeos atribuyeron a esa filtración el notorio aumento del dólar blue. Aracre negó la acusación, pero hace pocas horas criticó con dureza el plan económico del gobierno que él integraba, diciendo que era un “Plan Llegar” (hasta las elecciones).
También se trenzó con la portavoz presidencial, la inescrupulosa Gabriela Cerruti, quien a su turno tuvo discusiones de cartel con la señora Victoria Tolosa Paz durante un viaje a Brasil que fue todo un fiasco, porque el mismo Lula dijo en conferencia de prensa junto a Alberto Fernández que si éste esperaba una ayuda económica él no se la podía dar. Massa, por su parte, adula al Gobierno norteamericano cuando se entrevista con funcionarios de ese país y les promete no ceder a las presiones chinas, y luego se da vuelta y adula a los chinos.
Su picaresca es de vuelo muy corto en tiempos en que todo trasciende inmediatamente por las autopistas cibernéticas. Pero le resulta irrefrenable: la mentira es para él una segunda naturaleza. En tal sentido, es un kirchnerista ortodoxo. La verdad le resulta del todo indiferente. La única alternativa seria a esta calamidad económica, institucional y cultural es Juntos por el Cambio. No debe asustarle a nadie que haya una pluralidad de candidatos. Al contrario, es una coalición de partidos que no responde ciegamente a ningún caudillo.
Son los ciudadanos los que habrán de determinar con su voto quienes los representarán en las contiendas electorales de este año. Lo único que debe preservarse a toda costa es la unidad, y para ello es necesario que la saludable confrontación interna se ejerza dentro de ciertos límites y no se incurra en descalificaciones personales de las que sea muy difícil volver. La Argentina requiere cambios profundos, no meramente cosméticos, y líderes que los propongan y luego los lleven a cambio con coraje y determinación.
Por eso, desde ahora se le debe ofrecer a la sociedad no un programa detallado, sino un rumbo claro, que deja de lado el populismo y el corporativismo que han asfixiado por tanto tiempos nuestras energías creadoras. Los argentinos hemos madurado. No queremos más cantos de sirenas, sino la verdad lisa y llana, por cruda que sea.
* Dr. Jorge R. Enríquez
Exdiputado nacional – Presidente de la Asociación Civil JUSTA CAUSA
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