¿El nuevo consenso de Washington?
Esta semana está llegando a la Argentina la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson. Va a visitar de nuevo el país. Ya se reunió en su momento incluso con Cristina Fernández de Kirchner en el despacho de la vicepresidenta en el Senado. Va a estar el lunes próximo con el ministro de Defensa, Jorge Taiana.
Estados Unidos está muy preocupado por la presencia geopolítica estratégica de China y eventualmente de Rusia en la región. ¿Y qué es el comando sur, de la cual Richardson es su jefa? Es una unidad del pentágono que fue específicamente diseñada para defender los intereses de Estados Unidos en toda la región de América Latina. Tiene sede en Miami y controla las bases de Estados Unidos en Latinoamérica, proporciona incluso entrenamiento, inteligencia, coordinación militar a todas las fuerzas armadas regionales bajo las recomendaciones del departamento de estado de Estados Unidos.
No es un dato menor: Laura Richardson viene por segunda vez en un corto plazo de tiempo. Es la misma que preguntó por lo que sucede en Neuquén y la base china, también respecto a lo que sucede en la Antártida, incluso tuvo una reprimenda del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, por alguna definición que había hecho respecto a la Antártida.
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Acá también están los dólares en la mira. Estados Unidos dice: “Miren, somos laxos, apuntalamos todo lo que podemos, ayudamos en todos los organismos en donde tenemos una decisión casi mayoritaria (FMI, Banco Mundial, BID), pero a cambio necesitamos una alianza estratégica y un ida y vuelta”.
También llegará a la Argentina en el día de hoy la subsecretaria del departamento de estado, Wendy Sherman. Es quien que ocupa el segundo cargo en importancia en la política exterior de los Estados Unidos. Sherman se va a reunir con el canciller, Santiago Cafiero.
El Gobierno argentino lo que le va a plantear a Estados Unidos es “un puente”. Lo dice Sergio Massa hasta el hartazgo. Massa, de hecho, está viajando hoy (quinto viaje como ministro empoderado) a Washington porque va a estar en la asamblea conjunta anual del FMI y el Banco Mundial. El ministro de Economía se reunirá con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, y va a tener encuentros con la N° 2 del fondo en términos técnicos. Tendrá también que explicar muchas de las cosas que están pasando en la Argentina.
Más allá de eso, va a tratar de rubricar algunos convenios, y también que fluyan y se concreten desembolsos ya comprometidos del Banco Mundial, el BID, la CAF, y UNESCO. Va a buscar dólares, sí, pero también va a buscar acuerdos y que los dólares que habría que pagarle al FMI este año se los pospongan para el año próximo sin sequía y con otro gobierno. Son cerca de u$s 4000 millones. “No le des más, tampoco me saques”, será el planteo que intentará llevar el equipo económico para que el board del organismo contemple la plegaria. Inclusive, respecto a impulsar inversiones en litio y la reglamentación que podría facilitar la llegada de más productos argentinos a los Estados Unidos. La participación de Estados Unidos en las ventas argentinas al exterior se redujo a menos de la mitad de la que tenía Argentina en la década del ‘90. Es decir, en 30 años la Argentina le exporta en términos relativos a Estados Unidos menos de la mitad de lo que supo exportarle.
Sin embargo, para Estados Unidos, Argentina no es cualquier país. La mitad de todo lo que importa Estados Unidos de litio para la industria automotriz, las baterías y la tecnología, lo importa de la Argentina, y esa es la economía del futuro. Y a eso hay que agregarle Vaca Muerta (segundo reservorio de gas no convencional del planeta), Palermo Aike (que está en Santa Cruz, que es el cuarto a nivel mundial y que YPF dice que quiere desarrollar), lo que eventualmente podría haber en las costas bonaerenses de operaciones offshore, de un mundo que va a ir a una transición energética pero que en los próximos 15 años va a requerir de todo eso que Argentina tiene.
El abrazo a Washington fruto de la debilidad extrema que tiene la Argentina, ¿servirá para intentar tender un puente hasta que el país empiece a corregir alguna de todas las variables macroeconómicas, y deje atrás discusiones que han sido históricas como la inflación, el tipo de cambio, la competitividad y tantas otras cosas? Eso se plantea el círculo rojo que ve estupefacto como la transición tiende a desordenarse con la inflación corriendo arriba del 100% y la devaluación acelerando el camino.
Esta claro que en estos viajes y visitas, hay una esperanza de llegar aunque sea “con la lengua afuera”, “con la soga al cuello”, pero buscando ordenar la transición a partir del beneplácito y la apoyatura que pueda tener de Estados Unidos. “Braden o Perón” ya no rije. El pragmatismo se impuso una vez más. Se arriaron las banderas del mutlilateralismo. Aunque se vociferen. El 5G y otros temas pasarán a estar en el continente. No habrá terceros. Por lo menos si se cumplen los acuerdos.

