El alivio de Suarez, la tensión de Cornejo y los decepcionados por haber quedado marginados en la pelea del poder
La sonrisa podría engañar. Rodolfo Suarez tenía una felicidad en el rostro que se asemejaba a la de un galardonado. Pero no era el caso. En el acto quien había sido promulgado candidato era Alfredo Cornejo, con quien estaban todas las cámaras. Sin embargo, Suarez, que repele a la rosca política, gozaba por el alivio. Se había cumplido su deseo mayor: que Cornejo sea candidato y, de manera automática, transferirle toda la responsabilidad del presente con el armado político y hasta el futuro. El senador nacional, por su parte, no se saca de encima el gesto adusto. Son momentos de tensión por la fractura del frente que armó en 2015 y que puede morderle parte del capital político. También hay quien aún duda, bajo presión, sobre el futuro; como Omar De Marchi, que con sus movimientos inquieta a todos.
En los márgenes de esas decisiones están los indiferentes, los ilusionados y, en buena parte, los decepcionados. Sí, son momentos en los que buena parte de los dirigentes políticos de Mendoza están sumergidos y tratando de zafar de sus propias emociones; las sensaciones que, como seres humanos que son el final de cuentas, pueden influir en sus decisiones.
Esta semana será trascendente, aunque no definitoria. En Cambia Mendoza esperan las señales nacionales del Pro para intervenir ese partido y que ordenen la adhesión al frente desde la Ciudad de Buenos Aires. La aspiración es que el Pro esté en Cambia Mendoza, sin De Marchi en las siete elecciones desdobladas y también en las generales. El riesgo es que no lo logren rápido y que en las elecciones adversas queden solos. "Eso no va a pasar porque la estrategia nacional de Juntos por el Cambio es potenciar los distritos donde se gana. No van a arriesgar una elección nacional por el capricho de un dirigente", aseguran los radicales.
El ajedrez incluye los apoyos y adhesiones nacionales múltiples. La expectativa de máxima del díscolo diputado nacional es tener la venia de Horacio Rodríguez Larreta y Javier Milei, algo imposible a nivel nacional. El riesgo es quedarse sin ninguna. "Igual la intención del nuevo frente, si se concreta, es que sea una alianza netamente mendocina. Las elecciones desdobladas ayudan. Hay un desgaste enorme en Cambia Mendoza y en la gestión", explican.
Tensos y decepcionados
Si el voto ya está definido por buena parte de los politólogos como un hecho emocional, los políticos buscan escindir esa impronta de sus decisiones. Pero con el calendario en contra, la presión juega en contra del control. Es lo que le ocurre a radicales, dirigentes del Pro y peronistas por estos días, que tienen que definir la arquitectura electoral con la que competirán. Antes de esa firma, ya hay repercusiones anímicas y políticas que son trascendentes.
La confirmación de la candidatura de Alfredo Cornejo para volver a la gobernación tuvo un efecto expansivo sobre todo el radicalismo, el partido que como nunca desde el retorno de la democracia tiene el control político de la provincia.
La forzada campaña para que “acepte” esconde otras emociones. Una de ellas es la decepción, el desaliento de todos los precandidatos a gobernador que tenía el radicalismo y que automáticamente declinaron sus ambiciones. Le pasó a Ulpiano Suarez, en menor medida, que se había envalentonado por el buen desempeño en las encuestas más que por la autoevaluación en la corta gestión como intendente. También al incierto Daniel Orozco, el que más recursos había invertido en su precandidatura, incluidos gastos en publicaciones, viajes, encuestas y consultoras.
Pero el que más lo sufrió fue Tadeo García Zalazar, quien sufrió las consecuencias de entender la lealtad como un tope. La historia del intendente de Godoy Cruz es como la parábola del hijo pródigo; pero él sería el hijo mayor en esa historia bíblica: el que siempre hizo las cosas bien, que tenía fidelidad garantizada y, por eso, su “padre” no le ofreció recompensa extra; esa fidelidad incondicional terminó siendo su cadena. García Zalazar solo esperó ser ungido por Cornejo y el senador nacional tenía por delante sus propios proyectos, antes que la redacción del testamento.
Ese quiebre es también un símbolo de la generación frustrada o perdida. Mendoza se debate el poder con la misma generación que ha gobernado en las últimas décadas. El propio Cornejo, que craneó, fundó y mantuvo la estructura de Cambia Mendoza, ha encabezado las listas en todos los procesos electorales desde que ese sector gobierna. Gobernador, diputado nacional, senador nacional y ahora nuevamente gobernador. No solo eso, sino que es quien estructura las listas “aguas abajo” en cada lugar. El principal rival de Cornejo es un congeneracional; Omar De Marchi. El líder del Pro tiene varias gestiones encima, ya fue candidato a gobernador y ahora busca liderar un nuevo frente, capitalizando el desgaste que puede haber tenido el oficialismo y la idea de ir en contra de la concentración de poder.
En el PJ de Mendoza el quiebre generacional también es fuerte, pero con una impronta propia. Los que eran jóvenes hace poco pagaron electoralmente la fidelidad política a Cristina Fernández de Kirchner, sin que lograran construir un proyecto de poder local. Incluso por temor u obediencia, la misma línea siguieron quienes no tienen un arraigo tan marcado por el kirchnerismo.
Con Anabel Fernández Sagasti concentrada en la política nacional, donde tiene un rol central, el armado local recae sobre el exvicegobernador Carlos Ciurca y las energías dispersas y muchas veces indescifrables de los intendentes del PJ. Cornejo, De Marchi y Ciurca. Todos de la misma generación.
El alivio del gobernador Rodolfo Suarez genera también una duda sobre el año que queda transcurrir de gestión. Si la transferencia de responsabilidad política también implicará, directa o implícitamente, un cogobierno.
Para Cornejo no es una situación nueva involucrarse en la gestión antes de tiempo. En 2015 las elecciones provinciales se adelantaron y vivió una transición extendida, incluso con la sanción de normas que tuvieron sugerencias suyas aún cuando era oposición. Suarez debe tomar decisiones importantes, como el destino de los 1023 millones de dólares del resarcimiento por los perjuicios de la promoción industrial.
Por ahora la atención está en el armado de la arquitectura electoral, tema que ponen nerviosos a todos, incluso al borde de la ira. Es, también, el momento de mayor vulnerabilidad.