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Javier Milei, el candidato inevitable

Esta nota comienza con una advertencia al lector. Nunca me gustó escribir en primera persona, salvo excepciones que, como en este caso, no encuentro otra forma de iniciar esta nota.

Les cuento que estoy de viaje por España. Hace dos días estuve en Barcelona por primera vez y como todo turista, hice una visita guiada a la Basílica de la Sagrada Familia; obra colosal y aún inconclusa del genial Antoni Gaudí. Formaba parte de un “tour” compuesto mayoritariamente por latinoamericanos. Un chileno al reconocerme como argentino me preguntó con curiosidad y un dejo de entusiasmo.

¿Las elecciones las gana Javier Milei, no?

Sin darme tiempo a responder, se acercó una pareja de uruguayos, que también formaba parte del grupo, para convertir el interrogante del chileno en una afirmación. Por la noche, en un pequeño restaurante del centro de Barcelona me atendió un chica, que no dudó en romper el protocolo cliente-camarera en cuanto le pregunté si era argentina. Me respondió que era mendocina, que en unos días volvía al país luego de dos años y llegaba justo para votar. En tono cómplice, me dijo que había elegido un mal momento para hacer mi viaje a España. “Te va a salir carísimo”, sentenció y sin mediar palabra disparó: “Creo que voy a votar a
Milei, está loco pero ya probamos con los cuerdos”; mientras depositaba sobre la mesa unos tintos de verano.

La tercera escena de este relato tiene como protagonista a Juan, un conserje del Hotel Wellington; un clásico para los argentinos que visitan Madrid. A fines del año pasado, Javier Milei se hospedó en este hotel en el marco de una gira que hizo por la península y en la que fortaleció sus vínculos con el partido de ultra derecha Vox. Juan, a quien conozco por casualidad, me dice en tono inapelable que él pensaba que Milei componía un personaje para sus apariciones en los medios, pero cuando lo conoció confirmó que era un “delirante” y me deseó mucha suerte.

A lo largo de mi estadía en España nadie mencionó siquiera a los contendientes del candidato libertario: el ministro-candidato Sergio Massa y Patricia Bullrich. Por supuesto, que estas tres módicas viñetas carecen de cualquier valor estadístico y mucho menos predictivo, pero también comprueban que el fenómeno Milei trascendió las fronteras argentinas. La sensación generalizada a menos de una semana de la primera vuelta electoral es que Javier Milei va a ganar. Los encuestadores, que ahora parecen haber encontrado todas las respuestas que no tuvieron en las PASO, en manera unánime vaticinan el triunfo del libertario. Es cierto que el
descrédito que pesa sobre ellos es tan grande casi tanto como las sospechas de pronósticos a medida de cada cliente; pero ponen sobre la mesa una tendencia macro que parece acertada.

Patricia Bullrich. Foto: MDZ.

A ellos se suman los analistas políticos de todas las extracciones ideológicas, los constantes traspiés del ministro Sergio Massa, que mantiene una fuerte disputa con el candidato del oficialismo, la permanente ausencia del presidente Alberto Fernández y la falta de rumbo de la campaña de la candidata de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich. Este coctel genera esa sensación que la victoria de Milei es inevitable. El resultado de las Paso dejó dos incógnitas. La primera si Javier Milei podía ganar en primera vuelta y la segunda quién sería su contendiente. Todo indicaría que, como siempre ha sucedido desde que en entró en vigencia el peculiar balotaje argentino -salvo en el 2003 cuando Carlos Menem declinó enfrentar a Néstor Kirchner en la segunda vuelta- el candidato de LLA deberá disputar el segundo turno. En cuanto a la segunda incógnita, los pronosticadores -cada uno con sus matices e intereses- ponen a Sergio Massa, en este caso el candidato, como el adversario a vencer. Todo esto en un clima económico hostil y sumamente inestable que se hace difícil de predecir. El 10 de diciembre puede estar cerca en el almanaque pero en términos políticos es una eternidad. La transición va a ser traumática y angustiante.

Al parecer, la única manera que Massa o Bullrich ganen las elecciones es que Milei las pierda. Esto que parece una obviedad, no lo es tanto. Significa que cometa un error tan grande que sus votantes huyan en estampida y ello parece que no va a ocurrir. Su comparación del peso argentino con excrementos, término que anteriormente había utilizado para calificar a los socialistas, y su intento de generar una “puerta 12” instando a un retiro masivo de los depósitos bancarios, disparó la crítica del “círculo rojo” pero la sociedad no entró en pánico y el exabrupto no tendría una gran incidencia en los votos.

Los estrategas de Patricia Bullrich son conscientes que su campaña no le alcanza para ganar. La buena performance de la candidata de Juntos por el Cambio en el segundo debate, que la colocaron como vencedora, no fue suficiente. En una suerte de relanzamiento tardío, la candidata anunció que si gana designará a su ex “enemigo” interno, Horacio Rodríguez Larreta, como jefe
de gabinete de su eventual gobierno. Un gesto político tardío y desesperado para intentar evitar una derrota que parece inexorable. Ese anuncio hubiera tenido un efecto positivo entre 48 y 72 horas después de las PASO. En política los tiempos no son inocuos. La sangrienta interna del PRO dejó heridas que aún no cicatrizan. En las redes sociales, muchos no dudaron en recordarle a Patricia aquellos cercanos días en los que ponía en un pie de igualdad a Rodríguez Larreta con Massa. Son lo mismo decía y le enrostraba su amistad con el ministro-candidato. No sería ilógico de imaginar que si Bullrich pasara al balotaje se pusiera en marcha un operativo seducción para sumar a Juan Schiaretti. En un gobierno imaginario los cargos siempre sobran.

Sergio Massa.
Foto: MDZ.

Sergio Massa es un milagro de la política. Nadie en su sano juicio pondría como candidato del oficialismo al ministro de Economía de un gobierno que llevó la inflación al 150% anual, aumentó la cantidad de pobres e indigentes y puso al aparto productivo del país en coma. Todo ello bastaría para terminar con cualquier ilusión electoral. Sin embargo, ese no es el caso de Massa y no solo eso sino que podría ser el adversario de Javier Milei en una segunda vuelta. Pero la situación de Massa también se explica por la campaña fraticida de Juntos por el Cambio, que hace un año tenían ganada la elección. Las opciones están abiertas aunque hay dos certezas: Javier Milei es el candidato inevitable en la lucha por el poder y la transición hasta el 10 de diciembre, gane quien gane, será traumática; probablemente como nunca se haya visto.

* Martin Pitton, Periodista político y conductor del podcast Micro Mundos.