Alberto Fernández encara una semana caótica ignorando la furia "cristinista"
Era la tercera vez en dos días que distintos ministros le preguntaban a Alberto Fernández si iba a recibir al dictador Nicolás Maduro, el tema lo harta y no le interesa generar ruido, más bien, hace meses que teje en privado conversaciones con los presidentes miembros para lograr el récord de asistencia que finalmente pudo integrar. Más allá de su par mexicano Andrés Manuel López Obrador, con quien no tiene el vínculo que supo tener, Alberto suele usar WhatsApp para charlar con sus pares de Chile, Bolivia, Brasil y Ecuador, entre otros.
A Alberto le volvieron preguntar por Maduro en un Zoom con gobernadores y ministros, se cansó, miró la cámara y respondió: "Yo no soy el dueño de CELAC, no ejerzo el derecho de admisión, ¿por qué no le preguntan al secretario general de la ONU si no paga un costo teniendo a Maduro como miembro?". Silencio y se cambió de tema, era martes por la mañana y se daba por terminado el asunto venezolano. Nadie sabe qué pasará con Maduro, pero el martes podría llegar para ser recibido como un héroe por parte del kirchnerismo, y como el sapo más grande que se tragará otra parte del Gobierno, esencialmente Sergio Massa, quien dice hace años que Venezuela es una dictadura, pero comparte la toma de decisiones con "maduristas" de paladar negro como Jorge Ferraresi.
La oposición quiere capitalizar la división de aguas que genera el dictador y su par cubano, Miguel Díaz-Canel, que también llegará a propagar los éxitos de la dictadura cubana. Patricia Bullrich, hoy empezando el retiro con Mauricio Macri y familia en el nuevo Vaticano macrista, Cumelén, denunciará la llegada de Maduro por tener pedido de detención internacional.
El país entrará entonces en otro caos, habrá cortes de calles, manifestaciones a favor y en contra, la embajada venezolana será escenario de un caos, la izquierda argentina volverá a hacer un papelón para confirmar por qué casi nadie los vota, y parte del cristinismo más tardío se sumará a los festejos por la cumbre de la CELAC, un organismo de relativo peso internacional.
La oposición seguirá efervescente, mientras buscar mostrar la pax amarilla, todos saben que los humores están muy elevados y falta poco para que todo vuele por el aire. Un loco podría pensar que, lejos de lisonjearla, Macri convocó a Bullrich para bajarla, domarla, tamizarla, como quieran llamar a reposicionar a la exministra de discurso bolsonarista y fuerte instalación nacional. Sigue tejiendo y no le va mal, pero siempre recuerda que el previsible es Horacio Rodríguez Larreta, quien es dueño de una frase que soltó café de por medio en Tabac días atrás. "Yo no sé si voy a ser presidente sin extremarme, pero te aseguro que los que se extremaron, jamás pudieron gobernar". A quien le quepa el sayo, que gobierne.
En tanto Javier Millei empezó su gira de instalación, sigue siendo un pequeño rockstar en lugares de turismo y su gira seguirá todo el verano. El economista sigue generando la ambigua sensación que seduce y aterra por igual: los empresarios reconocen que su discurso enamora, pero su falta de previsibilidad y de armado asusta. Son cinco o seis personas de confianza sin liderazgo en la campaña. Carlos Kikuchi presta servicios a nombre de Milei, arma, teje y no siempre de forma clara. Milei lo sabe y sabe que está a tiempo de tomar decisiones dentro del equipo de campaña. Serían antes de marzo.


