En vez de discurso del odio, discurso de racionalidad
La Convención Americana sobre Derechos Humanos nos da una definición precisa de lo que considera discursos de odio. La conceptualización exacta está a continuación, porque es imprescindible ser rigurosos para darle marco veraz y confiable al término incorporado, casi en exclusividad, al debate público y político.
Introducción: Propósito y contenido del Informe
Las expresiones de odio o el discurso destinado a intimidar, oprimir o incitar al odio o la violencia contra una persona o grupo en base a su raza, religión, nacionalidad, género, orientación sexual, discapacidad u otra característica grupal, no conoce fronteras de tiempo ni espacio. De la Alemania nazi y el Ku Klux Klan en Estados Unidos, a Bosnia en los noventa y el genocidio de Ruanda en 1994, se han empleado expresiones de odio para acosar, perseguir o justificar privaciones de los derechos humanos y, en su máximo extremo, para racionalizar el asesinato. Tras el Holocausto alemán, y con el crecimiento de Internet y de otros medios modernos que facilitan la divulgación de expresiones de odio, muchos gobiernos y organismos intergubernamentales han tratado de limitar los efectos perniciosos de este tipo de discurso. Sin embargo, estos esfuerzos chocan naturalmente con el derecho a la libertad de expresión garantizado por numerosos tratados, constituciones nacionales y legislaciones internas.
En las Américas, el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos prevé un amplio grado de libertad de expresión al garantizar el derecho a “buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole”. El artículo 13 protege esta libertad al proscribir la censura previa y las restricciones indirectas, y permitir únicamente la posterior imposición de responsabilidad en un conjunto pequeño y definido de excepciones, como las destinadas a proteger la seguridad nacional, el orden público y los derechos y la reputación de los demás. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han mejorado la definición de esta libertad a través de su jurisprudencia en las décadas recientes.
Este amplio manto de la libertad de expresión, sin embargo, no es absoluto. La Convención Americana –al igual que numerosos pactos internacionales y regionales- declara que las expresiones de odio quedan al margen de la protección del artículo 13 y exige que los Estados Partes proscriban esta forma de expresión. En el párrafo 5 del artículo 13 se establece:
Estará prohibida por la ley toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, idioma u origen nacional.
La precisa definición de la Convención nos permite excluir de la discusión democrática a los discursos de odio, mal o intencionadamente utilizados por el gobierno y el Frente de Todos, así como de otros actores marginales de la política para abocarnos a un concreto, necesario y prioritario discurso de la racionalidad.
Discurso racional sobre la Educación
Aventando toda duda acerca de la importancia casi excluyente de la educación como instrumento de superación personal, inclusión laboral y social, mejoramiento personal y posibilidad de superación, la sociedad entera debe involucrarse y demandar a la dirigencia en su totalidad, una urgente gestión “racional”, sin especulación ni ventaja indebida, para ubicar con prioridad a una educación moderna y amplia en el debate público cívico.
Millones de niños y jóvenes lo requieren y necesitan.
Discurso racional sobre la Economía
El estrafalario índice inflacionario, los lacerantes porcentajes de compatriotas inmersos en la pobreza e indigencia, la falta de trabajo digno y formal, los cepos que asfixian la economía, son solo algunos de los indicadores suficientemente explícitos para ponerle “racionalidad” a la economía.
Urge encontrar consensos para comenzar un camino de crecimiento económico, sin teorías extremas, ni propuestas exóticas no probadas ni aceptadas por países que progresan y dignifican a sus ciudadanos.
Soluciones simples, inclusivas y probadas con éxito.
Discurso racional sobre la Seguridad
Enfrascados en debates sobre garantía o represión, la inseguridad preocupa e invade la vida diaria.
Hay que discutir y dialogar sobre cuestiones básicas. Prevención amplia y eficiente, respeto a la ley, policía profesional, bien remunerada y equipada y custodia de los bienes y la vida de los funcionarios y ciudadanos, cárceles dignas, son algunos de los principios básicos que atender en la búsqueda de una seguridad democrática eficaz y eficiente.
Hemos enumerado sólo algunas de las cuestiones básicas a encarar racionalmente en un diálogo y debate plural y sincero.
No olvidamos la salud pública y privada, la revolución de la tecnología y la irrupción de la sociedad del conocimiento, el relacionamiento en el mundo con países democráticos y respetuosos de los derechos humanos, las políticas sociales racionales y que atienden a desvalidos y necesitados.
El repiqueteo sobre el discurso de odio como se ha instalado, a la par de incorrecto profundiza la grieta con lo que atiza el “ fuego del odio”.
Paz, inteligencia, actitud de servicio patriótico y discurso de racionalidad son valores y conducta necesarias para el momento aciago qué transita la Nación.
No más discurso del odio, erróneamente utilizado y que fogonea las pasiones dañinas.