Pintadas y enojo de los vecinos: cómo se vive el día después frente a la casa de Cristina Fernández de Kirchner
Eran 24 personas cuando MDZ llegó a la esquina de Juncal y Uruguay las que tomaban mate cocido y soportaban los siete grados de temperatura en la puerta del departamento de Cristina Fernández de Kirchner. Cada tanto, alguno soltaba un grito: “Con Cristina no se jode, acá estamos bancando a Cristina”. En general las frases se escuchaban cuando pasaba algún auto curioso en baja velocidad. Los muchos que fueron ayer a la noche, le hicieron caso a Cristina y se fueron a descansar.
En la cuadra que ayer fue escenario de tensión, corridas, gases y generadora de conferencias de prensa y actos espontáneos hoy reinaba un silencio atroz. Nadie cantaba ni había multitudes, la calma era total, salvo algunos adolescentes que levantaban la voz y se reían entre ellos cuando gritaban algo a favor de Cristina. La prensa era mayoritaria en cantidad de personas, no menos de diez medios con distintos colaboradores copaban la esquina despoblada.
Los encargados de edificios limpiaban sin ganas las manchas y frases escritas en aerosol a favor de Cristina y que ilustran esta nota. “No es la primera ni la última vez que limpiamos estos desastres, pero no me gusta, es algo que no corresponde, no me pagan para limpiar grafitis kirchneristas”, le dijo a este medio Rubén, encargado de las cercanías del departamento de la vicepresidenta. Y no era para menos su enojo, hacía media hora que no lograba borrar un cartel que llamaba a “cuidar a Cristina”.
Alicia vende café en el barrio y ayer cerró por temor. “No sé si tuvo sentido, pero no me iba a arriesgar a pagar una vidriera entera o me roben mercadería, prefiero no vender y listo”, explicó quien tuvo que perder plata para evitar ser agredida. Algo similar le pasó a Natalia Fava, quien tiene un local de ropa a metros del departamento de Cristina Kirchner: “Por motivos ajenos a la firma atenderemos por Instagram @nataliafavastore”, dejó escrito en la vidriera con candado.
Los escasos militantes que permanecen en el lugar se quedaron tomando su desayuno en calma, sin agredir, yendo y viniendo por la cuadra sin pausa, mientras el barrio comenzaba, una vez más como desde hace siete días, a palpar la tensión que surgió luego del pedido de prisión por parte del fiscal Diego Luciani a la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner.