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Convocatoria por Cristina Fernández de Kirchner: las plazas de la hipocresía y la traición

Alberto Fernández y Sergio Massa estuvieron en la masiva movilización de febrero de 2015 cuando se cumplía un mes de la muerte del fiscal Alberto Nisman, curiosamente recordado esta semana por el presidente. La coherencia es un bien inexistente en el oficialismo que hoy se moviliza por su vice.
Foto: Télam
Foto: Télam

Sigo lejos, les juro. Pero como decía Michael Corleone en el Padrino III, todo me vuele a meter en la triste realidad argentina. Termino mi periplo por Grecia, un país que tiene una pobreza muy parecida a la nuestra, donde sus edificios, se nota, no tienen una mano de pintura y los balcones no son reparados desde hace décadas, como en buena parte de nuestro relegado conurbano bonaerense. 

Hay gente durmiendo en las calles. Mucha. Recién los negocios dicen empezar a reponerse no de la pandemia, sino de la crisis que los azotó hace varios años y que tuvo que concluir en una renegociación de deuda con el FMI y una ayuda monumental de toda Europa. 

Mientras disfruto con Natalia, me llegan mensajes "invitándome" a la plaza de mi localidad, General San Martín, en el límite con la "glamorosa" Ciudad de Buenos Aires, para que vaya a solidarizarme con la vicepresidenta de la Nación. Y bien vale este ejemplo para escenificar el grado de degradación y descomposición que tiene la palabra dentro del elenco peronista. 

Lo escribió muy bien Beto Valdez en su artículo de ayer y solo puedo hacerme cargo de los múltiples mensajes que recibo en mi WhatsApp, sin querer cotejar nada más que lo que los propios protagonistas me brindan como información oficial. Pero como los conozco, no puedo más que descreer de estas convocatorias vacías que sólo se basan en la idea de un delator cercano, ese que le dirá a la vice o a su hijo que tal o cual no fue a la reunión en apoyo a la vicepresidenta juzgada.

Esa delación los marginaría de las listas de candidatos o de un cargo importante en el Estado, que es lo único que importa en estos casos.  

General San Martín fue un típico distrito de desencuentros cruciales y fortísimos, con ruptura interna incluida, entre el kirchnerismo y el resto del peronismo. Desde que llegó al poder en 1987, con la renovación de Antonio Cafiero, el político que dejó herencia, esta localidad tuvo pasiones desbordantes en favor de la Renovación. Luego, el propio renovador, Carlos "Tato" Brown, hoy director del BICE, fue candidato menemista en competencia contra Eduardo Duhalde en 1991. Por supuesto perdió. Luego fue duhaldista,y funcionario, y terminó representando al Frente Renovador como candidato a jefe comunal, nuevamente, en 2015.

Su sucesor, Antonio Libonati, fue intendente ultra duhaldista y armador de la Liga Federal. T terminó destituido y defendido únicamente por Carlos Menem, el rival de Duhalde en la segunda parte de la década del '90. 

Gabriel Katopodis, el actual ministro, quien le ganó al intendente radical, aliancista y posteriormente kirchnerista Ricardo Ivoskus en 2011, a los dos años fue uno de los doce apóstoles de Sergio Massa en el Frente Renovador. Obligado y necesitado, volvió al kirchnerismo de la mano de Wado De Pedro en 2015, jugó con Florencio Randazzo y el Movimiento Evita dos años después y logró su reelección a través de la fórmula Alberto Fernández - Cristina Fernández de Kirchner

Katopodis junto con Juan Zabaleta, Gustavo Menendez, Mariano Cascallares, Fernando Gray, Mario Ishii y Alejandro Granados, entre otros, empezaron a tejer el nonato albertismo, abortado por el propio presidente que hoy lo necesitaría como el agua. 

San Martín es, entonces, un claro reflejo de las necesidades que tienen los oficialistas en seguir bregando en defensa de alguien a quien no quieren, detestan en la intimidad pero que saben, que por sus propios defectos, sigue representando la masa mayoritaria del caudal político que antes era peronismo, y luego menemismo.

Hoy las plazas estarán llenas de gente que cree en ella, en que todo es una persecución contra las "causas populares e independentistas" y muchos otros que, como en el colegio, estarán presentes para que no les computen la falta.