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Bonistas en trance: ira irrecuperable de tenedores de deuda argentina

Un grupo de bonistas que ingresaron al canje de deuda del 2020, se expresaron con ira en las redes sociales contra el país. Llamaron a Batakis "piromaníaca". Estos papeles perdieron ya 60% y están en valores de "país africano cerca del default".

La psicología básica habla de cinco fases o etapas del duelo. El primero es la negación. El segundo la ira. El tercero la negociación, seguido de la depresión y finalmente la aceptación. Si se tiene en cuenta el twitter que emitieron ayer al mediodía el grupo de bonistas tenedores de deuda reestructurada en agosto del 2020, llamados Argentina Exchange Bondholders, y que representan a un puñado algo combativo de fondos de inversión; pero lejos de los denominados buitres o similares, estaríamos recién en la segunda etapa. La ira, el enojo, o directamente, el insulto.

El mensaje por la red rezaba lo siguiente: "Cuando se te está incendiando la casa, en general es mejor llamar a los bomberos que a un piromaníaco, ¿no?". Fue la manera en expresar la sensación que les inspiró la llegada de Silvina Batakis, luego de la salida de Martín Guzmán; quién tampoco les generaba seguridades.

Pero, evidentemente, el encumbramiento de la nueva funcionaria, directamente les provocó la intención de manifestar el enfado de manera pública, directa, universal y, curiosamente, en castellano. Algo de lógica tiene el enojo, al tener en cuenta que desde la apertura de los mercados de hoy, ya hay bonos reestructurados en 2020 que cotizan por debajo del 20% de Valor Presente Neto, un nivel operativo de "país africano cerca del default" según la descripción de uno de los operadores de mercado local con presencia en Wall Street.

A los bonistas aún les quedaría transitar tres etapas más de un duelo: negociar con ellos mismos la realidad, deprimirse y finalmente aceptar la realidad. Y quizá sea ese el momento en que sientan que no hay mucho más para pelear, y el tiempo en que decidan vender. Será allí cuando aparezcan los fondos buitre, con lo que Argentina tendrá que tener otro tipo de manera de lidiar.

Estos poderosos fondos de inversión y bonistas en general habían aceptado en agosto de 2020 que aceptaron en aquel momento la oferta de Martín Guzmán, están disconformes y angustiados, pero no sólo con el país y sus circunstancias. También hay contrariedad máxima por la falta de acción y dureza (así lo ven) por la acción de Kristalina Giorgieva y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Consideran que el organismo cometió un error de raíz al cerrar el acuerdo vigente desde marzo pasado, y que no le impone a la Argentina metas drásticas y firmes. Hay que tener en cuenta que en agosto del 2020 aceptaron un Valor Presente Neto (VPN) del 54,8% con lo que ya acumulaban pérdidas de casi un 20% sobre la cotización normal de un bono.

Teniendo en cuenta que un trazado de un bono reestructurado normal a casi un año y medio de lanzado a los mercados debería llegar al 70% promedio; pensar en una cotización por debajo del 20% sería una pérdida relativa de casi 70%. Puede ser récord histórico. 

La posición ya había sido expresada en febrero pasado en la presentación en sociedad que realizó el entonces recién llegado director gerente para el Hemisferio Occidental, Ilan Goldfajn, y que se había abierto a una videollamada ante un puñado de invitados del mercado financiero internacional identificados por operatorias con Buenos Aires. Y las respuestas del brasileño-israelí no los satisfizo.

En aquella videocharla del 1° de febrero, el entonces recién asumido director gerente para el Hemisferio Occidental había hablado de un plan “realista”; de la imposibilidad de obligar a la Argentina a aplicar reformas estructurales de fondo como laborales, previsionales o fiscales; y defendió el gradualismo con el que se cerraron las metas de déficit primario. Esta actitud enervó a los tenedores de la deuda criolla, que esperaban una actitud más firme, dura y directa desde el Fondo; no explicaciones sobre por qué se fue flexible con el gobierno de Fernández.

La última presencia pública de los bonistas había sido el 1 de diciembre, cuando el Ad Hoc le había exigido al Fondo través de un comunicado difundido desde redes sociales que presione para que el acuerdo se acelere y que se aplique un duro plan de ajuste. Y que este les garantice que el país obtendrá hacia 2025 y en adelante los dólares suficientes como para cumplir con el compromiso de pago.

Sólo así, consideran, sus bonos volverían a detentar cierta competitividad en los próximos meses que les haga recortar las pérdidas. Y, eventualmente, poder colocarlos en los mercados perdiendo la menor cantidad de dólares posibles.

En el mensaje se afirmaba: “El Gobierno argentino está entrando en su tercer año sin articular un plan económico. Analizamos los problemas en febrero y nada ha cambiado. Dirigir una economía no debe ser un ejercicio político ni académico. Requiere soluciones reales, no dilaciones y fantasías interminables”.