ver más

El triste patetismo argentino y una nueva oportunidad que depende de todos

El país tiene todos los recursos disponibles. Pero desde hace décadas está en decadencia. La autocrítica que todos tenemos que hacer y la enorme responsabilidad de quienes toman decisiones.

Ya son muchos, demasiados, los años de decadencia y caída continua en la calidad de vida individual, familiar y colectiva de los argentinos. Nuestro país, que supo generar dirigentes, profesionales, ciudadanos emprendedores, trabajadores calificados, asociaciones y políticos probos, comprometidos en servir y en la búsqueda del bien común y el progreso colectivo, hace más de 70 años parece haber transformado todas esas realidades, ventajas y posibilidades en un sueño o una utopía irrealizable.

Una patria llena de recursos naturales, sin profundas diferencias religiosas, de raza, sin conflictos internacionales graves, ni guerras; sin regionalismos extremos y separatistas, insiste con persistencia en desaprovechar y minimizar todas las cualidades y calidades existentes.

Todas las riquezas naturales y la variedad de climas están a nuestra disposición. Ganadería y agricultura. Trigo, soja, maíz, girasol. Vacas, cerdos, ovinos, bovinos. Riqueza ictícola, minería diversa, petróleo, gas, sol, vientos y ríos para generar energía. Playa y nieve. Sol y clima templado para turismo universal.

Argentina tiene recursos para alimentar "al mundo", pero sufre hambre.

Algodón, yerba, vid, producción olivícola para citar muchos de los bienes y geografía naturales que poseemos y abundan. El mundo, en este exacto momento histórico y por una triste realidad (la guerra) nos vuelve a dar una posibilidad histórica. Europa especialmente, demanda energía y alimentos, algo que a nuestro país le sobra. En realidad los recursos están, pero hay que aprovecharlos estratégicamente. ¿Volveremos a dejar pasar otra oportunidad?

Será que esta tierra privilegiada está poblada, como dice una frase común que apunta a la autoflagelación, por “demasiados de nosotros, argentinos”; incomprensibles e inentendibles. Necios, obstinados, ignorantes, soberbios, hemos posibilitado que el 50% de compatriotas viva en la pobreza, en medio de amplia y variada riqueza natural.

La mitad de los argentinos vive en condiciones precarias. 

¿Cómo es posible semejante desatino? Obviamente la máxima responsabilidad es de la dirigencia, obtusa, necia, no comprometida, inútil, irresponsable y no capacitada. En paralelo estamos nosotros, los argentinos, que obviamente y dada la persistencia y gravedad del deterioro en todo sentido de nuestra vida, somos también actores principales de nuestra tragedia.

Debemos reconsiderar nuestra conducta individual y colectiva y exigirnos inteligencia, compromiso y libertad en la elección y exigencia hacia quienes confiamos que nos guíe. Es de nuestra directa y máxima responsabilidad ser ciudadanos comprometidos, responsables, laboriosos y solidarios. Empecemos individualmente. Depende de cada uno. Colaboremos con nuestro esfuerzo individual y solidario.

Concordantemente y asumiendo nuestra propia responsabilidad, exijamos con rigurosidad patriotismo y máxima actitud y calidad de servicio a políticos y jueces que nos representan, guían nuestro destino y sirven para saldar nuestras diferencias y penalizar las inconductas; sin dejar llevarnos por dogmatismos, cantos de sirena o espejismos. Está en cada uno de nosotros. Somos mandantes, pero también y especialmente responsables directos.

El desinterés, la ignorancia, la cesión amplia de poderes sin el compromiso de control y reclamo por las vías correctas y votando con inteligencia, son también factores claves que nos tienen inmersos en esta catástrofe de vida diaria en la que están inmersos millones de argentinos.

Somos nosotros, está en nuestro poder, dentro de la racionalidad y vías constitucionales. No lo abandonemos más. Hagamos muy bien lo nuestro para exigir con rigor lo que nos deben brindar. No desaprovechemos otra nueva oportunidad que el destino le brinda a nuestra tierra privilegiada, pero que está poblada de demasiados de nosotros, que indolentes, permisivos y sin hacer lo que nos corresponde, permitimos y facilitamos que inútiles manejen y comprometan nuestro destino. La posibilidad de progreso y de una vida digna no puede ser desaprovechada por el pueblo argentino. Desde cada uno debemos comenzar. No lo echemos a perder nuevamente.

No existe fondo en la caída de los países, basta con mirarnos a nosotros mismos.