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La salida de Victoria Donda: una despedida sin luces, entre insultos y carcajadas

Alberto Fernández le dijo que se iba un mes antes de su renuncia. Se va buscando juntarse con La Cámpora, a quienes despreció durante años. Fue interventora del INADI hasta que el manual del Mundial y su intento de reglamentar el "discurso del odio" colmaron la paciencia presidencial.

- Me da miedo que le duela.

-Qué cosa.

- Ser tan boluda, cómo va a decir que renuncia cuando la echamos y encima lo pone en su carta, esta mina nunca entendió nada, un lastre menos, a seguir laburando.

La carcajada se escuchó desde Olivos hasta la Casa Rosada. Alberto Fernández decidió echarla cuando vio el manual del Mundial, donde llamaba a no ofender a otro por cánticos, y decidió llamarla: "vos no tenés la más mínima idea de fútbol, ese manual es un delirio, no tiene asidero", le dijo sin vueltas, y le recordó un rosario de fracasos que había tenido Donda más allá de la gaffe de ofrecerle un contrato en el estado a su empleada doméstica para evitar contrapuntos a la hora de despedirla. Una costumbre rara en las fauces progresistas que decía habitar la exdiputada.

Donda sabía que tenía los días contados y empezó a buscar trabajo, allí fue que habló durante los últimos 90 días de la extensión de su intervención con muchos referentes de La Cámpora para conseguir asilo y lo obtuvo. Sus exrivales y enemigos en tiempos de boletas electorales con Alfonso Prat Gay y Ricardo Gil Lavedra denunciando la corrupción kirchnerista se habían terminado, y la única forma de salir del INADI y seguir trabajando era dentro del Estado. Dicen que ya lo logró y sería en Quilmes, donde la gestión de Mayra Mendoza quiere profundizar las políticas de violencia de género y habría pensado en ella, lo que sería algo nuevo para Donda, que jamás trabajó sobre eso en sus 45 años de vida.

Alberto Fernández quería sacarla del Gobierno apenas asumió, pero decidió mantenerla para evitar chispas internas, le dejó en claro cuáles eran sus intenciones, qué esperaba del organismo durante su gestión y empezaron los problemas. Nombramientos que no hacían falta, declaraciones altisonantes y esencialmente una falta absoluta de conocimiento en legislación internacional y nacional sobre temas de discriminación.

Finalmente el llamado "discurso del odio" fue la antesala de su salida. Donda empezó a dejar en claro que quería reglamentar el discurso del odio, lo que suponía dar inicio a una batalla legal sobre qué era odio y qué no, algo que Alberto Fernández cortó en seco: "No existe una legislación en un país del planeta sobre lo que estás planteando, dalo por terminado", le dijo y cortó el teléfono dando por concluido el asunto. Donda supo que sus días eran pocos y aceleró sus pedidos de empleo a La Cámpora sin vueltas, dejando en claro que faltaban horas para tener que re direccionar su carrera política.