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Rodríguez Larreta: el dilema de ganar, gobernar y cambiar, o no jugar

Considera la grieta un error conceptual y no piensa meterse dentro. El factor Macri como sostén y la bendición que sabe que nunca va a llegar. Martin Lousteau, el hombre que quiere gobernar la Ciudad y puede dañar el vínculo con el expresidente.

Pedro Paulin
Pedro Paulin miércoles, 14 de diciembre de 2022 · 20:45 hs
Rodríguez Larreta: el dilema de ganar, gobernar y cambiar, o no jugar

Horacio Rodríguez Larreta es un número puesto dentro del tándem de tres o cuatro dirigentes con aspiraciones presidenciales dentro del ámbito de la coherencia, más allá de los anhelos de la izquierda y alguna expresión marginal de derecha como la que expresó José Luis Espert en 2019 representando al 1.4% del padrón, incluso por debajo de Nicolás Del Caño pidiendo terminar con el capitalismo. Horacio se sienta en Tabac y piensa, como lo hace usualmente bien temprano, antes de las 7.30 mientras el zapatero Pedro saluda a los primeros madrugadores. Horacio saluda, se sienta al fondo, lee el diario papel y retoma la agenda larga que incluye delinear los últimos detalles del gran acto de mañana: demostrará parte de su fuego político con 40 candidatos de peso incluídos los cuatro que sueñan con sucederlo. Jorge Macri, Fernán Quirós, Soledad Acuña y Emanuel Ferrario, todo está premeditado, incluso el lugar de cada uno en la foto final, parte del aniquilamiento de la espontaneidad que dotó a la política el PRO

"Si para jugar me tengo que extremar, prefiero no ser presidente", define lacónico Rodríguez Larreta a sus íntimos, que trabajan 24x7 hace tres años para llegar a la Rosada. Horacio no cree en la grieta y hace una conclusión sesuda del fracaso de Cambiemos, que intentó gobernar con debilidad parlamentaria para ver luego como la izquierda y el kirchnerismo tiraron 14 toneladas de piedras durante una ley jubilatoria que hoy daría mejores rindes a los empobrecidos jubilados. "Ganar no es el desafío, el objetivo es ganar, gobernar y generar cambios, sino no hay nada", razona Larreta en privado. Tiene razón en términos matemáticos, si logra llegar a la presidencia con pocos votos, tendrá una composición inferior a los 100 diputados y 25 senadores, lo que podría generar un bloqueo parlamentario por parte del kirchnerismo. Así entonces, sabe que si se extrema y expande su coalición a la derecha, vaciaría de discurso a Patricia Bullrich y a Javier Millei, pero decepcionaría y tensaría el vínculo con el radicalismo, hoy enfurecido con la extrema derecha.

El análisis de Larreta es inteligente, certero y terrenal. Habrá que ver si la sociedad está interesada en una plataforma aplicable y mundana mientras los platos siguen vacíos y las promesas políticas no se ven cumplidas. Javier Milei lo preocupa, lo respeta y sabe que puede generar mucho daño. El liberal por ahora no es más que cuatro o cinco personas de su confianza, no se le conoce armado nacional en muchas provincias, salvo Martin Menem en La Rioja y Bussi en Tucuman, hijo del exrepresor fallecido. Por ahora, Martín Menem se posiciona como contraparte del populismo violento de Ricardo Quintela, mientras que Bussi no goza de la misma popularidad por diferentes denuncias. Una sociedad que hoy valora y posiciona posiciones extremas como las de Cristina Kirchner siendo la más votada del Frente de Todos y Javier Milei gritando al aire en televisión, ¿está dispuesta a votar a un candidato que odia los gritos, abre el juego a las alianzas, le pone una silla en la mesa del poder al peronismo arrepentido y se queda a vivir en el centro? 

Las peleas internas no lo tienen demasiado preocupado: "Que se maten, no es mi problema", le dijo a Felipe Miguel, jefe de Gabinete que lo sigue a todos lados, confía en él y sabe lo que piensa. Larreta cree Jorge Macri y Martin Lousteau son dos grandes dirigentes y que los dos tienen que hacer política, competir, ser mejor uno que otro y dar por terminada el berrinche infantil de esperar una bendición que nunca va a llegar. Y los dos lo saben y Jorge Macri está trabajando únicamente para ser jefe de Gobierno, será eso o será una migraña para el espacio inolvidable. De fondo obviamente está el potencial caos que puede generar una eventual candidatura de Martin Lousteau en la cabeza del ex presidente Mauricio Macri, que obturará y hará todo lo que haya que hacer para que la Ciudad siga siendo amarilla. Será su primo, y sino el daño del vínculo entre Larreta y Macri no será reversible, Horacio también lo sabe y lo cuida. Sabe que el visto bueno o la crítica de Macri no es para subestimar y lo respeta. 

Así entonces, los armadores trabajan sin desanso, la "ferretería" como se conoce el total de herramientas de consultoría, sondeos, marketing digital, redes sociales y otros elementos, está abierta 24 hs juntando datos y pensando cómo imponerse por sobre Patricia Bullrich. Hay una agenda por recorrer y el viaje a Estados Unidos los dejó satisfechos a los larretistas de la mano de Fernando Straface, tal vez la mejor agenda internacional del PRO. 

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