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Cómo empezó a gestarse el "Cristina 2023", con dudas y pocas certezas

Apenas terminó la elección del año pasado, en el mismo búnker donde momentos antes habían discutido, hasta la agresión personal, Máximo Kirchner y Sergio Berni, con Sergio Massa como sorprendido testigo, la vicepresidenta empezó a escuchar lo que ahora es clamor. "Tenés que ser vos".
Foto: Twitter Cristina Kirchner
Foto: Twitter Cristina Kirchner

Cuando nadie se animaba, Alberto Rodríguez Sáa empezó a pergeñar lo que pocos se atrevían a concretar. La unidad de todos los sectores del peronismo, diseminados en gobernadores y exfuncionarios como Juan Schiaretti y Roberto Lavagna, más Sergio Massa y, desde las riberas, un tibio pero consistente apoyo de Cristina Fernández de Kirchner a la consigna "hay 2019".

En La Pradera fue el primer encuentro donde el calor no le permitió pensar demasiado bien a los asistentes. Se vieron, se saludaron, pero el techo del galpón abombaba, como recuerda uno de los participantes que viajó más de mil kilómetros para participar de es "experimento de unidad", tal cual lo había revelado en aquellos días. 

Todavía el macrismo y Cambiemos era poderoso, pero a la vez inconsistente. Los brotes verdes no llegaban como correspondía y la inflación seguía siendo un problema sin resolver. En la intimidad, Sergio Massa, quien todavía formaba una estructura independiente del kirchnerismo con el Frente Renovador ya había dado señales de acercamiento y entendimiento con Máximo Kirchner en el parlamento. 

Tibiamente, todos los componentes peronistas y kirchneristas empezaban a escuchar en cada recorrida que hacían por sus particulares actividades, un deseo. Júntense. Y esta demanda fue escalando hasta un nivel que ninguno pudo hacerse el distraído o pasaban a ser "cómplices de la derecha y el ajuste". 

Esto mismo empezó a observar la vicepresidenta y también su hijo, Máximo Kirchner, quien a pesar de todo guarda las formas y la reclama para que sea la que encabece la fórmula oficialista del año próximo. Gremialistas, empresarios y personas que no siempre concilian con sus modos y formas también se lo dijeron. "Tenés que ser vos". Por eso es que primero fueron tibias pintadas en algunas localidades del país y más tarde declaraciones directas de quienes están en su andamiaje político los que revelaron que podía ser una certeza su candidatura presidencial para el año próximo. 

Por un lado, pone en serio riesgo que Alberto Fernández siga siendo el "aventurero" que arma un gobierno "sólo, como si nadie haya trabajado para que estuviera ahí", tal cual reflejó Máximo Kirchner en su acto de ayer, en el que recordó, nuevamente lo sucedido en 2017 cuando su madre encabezó Unidad Ciudadana pero el presidente con Florencio Randazzo armaron Cumplir. "Para aventureros, que hagan turismo", reclamó airadamente y, maliciosamente. Inmediatamente nombró al ministro Gabriel Katopodis, el único intendente de aquel entonces que llegó hasta el final en aquel intento de independencia política al kirchnerismo camporista. 

Si bien lo alabó porque "recorre el país y ejecuta obras importantísimas", a nadie le pasó desapercibido que después de las descalificaciones que le hiciera al Fernández presidente, a quien no nombró, empezara a recordar la gestión del actual encargado de la obra pública. Tan presente tienen estos procesos políticos dentro de La Cámpora que fue el propio Andrés "El Cuervo" Larroque, quien en la crisis del año pasado, previo a las PASO en el que perdieron contra Juntos, había alertado de que el gobierno no podía seguir siendo manejado por los que sacaron "4% de los votos", a los que también incluía, claro está, al Movimiento Evita, Emilio Pérsico y los que coquetearon con aquel esquema. 

El "voy a hacer lo que tenga que hacer" dicho por Cristina Fernández el día anterior a que hablara su hijo no fue otra cosa que otro ladrillo en la pared de la construcción de la mística, para que "vuelva la alegría", tal cual ella reflejó. Y en ese hacer y sentir está el operativo clamor implementado desde diferentes sectores del kirchnerismo que además presente, no la eliminación de las PASO, sino la declinación directa de Alberto Fernández como candidato para el año próximo. 

Cuentan quienes estuvieron en la reunión más privada al acto de Mar del Plata en el que el hijo de los dos presidentes volvió a poner a los medios, a la banda de los copitos y al expresidente Mauricio Macri en el mismo lugar, los miembros del PJ bonaerense trabajaron bastante en las cuestiones legales y reglamentarias del partido y su congreso. "No hubo mucho más. Bastante de coyuntura, preocupaciones varias, pero nadie habla, sinceramente, en lugares con tantos dirigentes" se sinceraron tres de los presentes. 

Efectivamente, el tema de la eliminación de las PASO sigue en la discusión interna pero nadie sabe bien si le sirve al oficialismo o no. "Terminamos cantando por la vuelta de Cristina presidenta, pero nadie sabe por qué", dijo otro integrante partidario que dice siempre que las primarias deben realizarse y que los que tienen miedo de perder "no somos ni los intendentes ni los gobernadores sino los pibes", en alusión directa a La Cámpora

Para quienes buscan puntos de contacto entre los deseos y la realidad sostienen que la vuelta de Lula Da Silva a Brasil es un gran aliciente para la vicepresidenta, que opina del gobierno como si fuera de otro y no de ella. También suma a Evo Morales, presume que hay cierta estabilidad en Venezuela.

Sin embargo, su preocupación no es otra que la derrota de lo que ella dice representar, desde el reparto del 50% de los ingresos del país a los asalariados hasta un sistema económico y social que sufrió tantas derrotas como victorias. Teme que un gobierno de "derecha" destruya lo que pocos ven en términos económicos sino, también, su legado.

El peronismo diseminado en tantos o más variantes que las que tenía con anterioridad a la conformación del Frente de Todos puede convertir al kirchnerismo en otra línea pero sin la gravitación del pasado inmediato. El fracaso del gobierno también es el propio, aunque ella y su hijo consideren que no lo es. 

En este debate también se involucra Axel Kicillof. El gobernador no quiere ser otra cosa que eso y siempre piensa mal de quienes pretenden que Cristina Fernández no sea candidata y lo ponen a él dentro de los posibles pretendientes. Pero también se da cuenta que poco o nada podrá hacer más que gritar y denunciar si el gobierno nacional no es de su signo político. 

La cantidad increíble de dinero que le llueve a la provincia y que él administra dejará de llegar si él es quien recibe semejante aporte, ese mismo que los propios intendentes del peronismo le reclaman que distribuya de otra manera, que lo vuelque directamente a ellos y que no se quede como administrador que se toma la mejor parte.