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El director de cine que define a Argentina, 1985 como funcional al relato K

La película del momento sobre el juicio a las Juntas Militares es abordada en forma muy crítica por el documentalista Pablo Racioppi. En un reportaje a MDZ la relaciona con el relato kirchnerista y se queja de las omisiones deliberadas del film, como el rol de Raúl Alfonsín y la Conadep.

"La película Argentina 1985 es explícitamente funcional al relato kirchnerista de los derechos humanos”, comenta el director de cine Pablo Racioppi. Y agrega que “es absolutamente negativo el ocultamiento de la violencia política por parte de organizaciones armadas surgidas de la sociedad civil, y peor aún, confundirla perversamente con cierto tipo de idealismo”.

Racioppi es documentalista y director de “El Olimpo vacío”, ‘El diálogo” y “Jujuy desoído”, tres películas muy bien recibidos por la crítica por su realismo y audacia. En un reportaje con MDZ describe sus críticas contra la película del momento.

- ¿Cuáles son las omisiones que más te molestaron de Argentina 1985?
- Hay varias, empezando por la de Raúl Alfonsín, a quien no se lo nombra y aparece un segundo casi como una sombra. Más allá de lo que se le pueda criticar de su gestión presidencial es un hecho innegable que hizo una promesa de campaña y que a los pocos días de asumir firmó los decretos para hacer dos juicios. Uno de esos juicios, que era a las cúpulas de las organizaciones armadas, también se omite.
Pero creo la omisión más significativa es la de la Conadep, que fue la comisión constituída para recopilar casos de víctimas de la represión illegal por todo el país y que se volvió fundamental para poder condenar a las tres juntas.
Pero se saltearon a esa entidad protagónica de un modo alevoso. Y con ella al número real de casos que fueron denunciados y que fueron la base probatoria del juicio.

- ¿Te parece un film que subliminalmente colabora a darle vigencia al relato kirchnerista de los derechos humanos?
- Te diría que más que de modo subliminal lo hace de modo explícito. Las organizaciones armadas jamás aportaron un solo dato de un miembro caído en combate o desaparecido. Ni uno solo. Pero promovieron la cifra de 30.000 que es la que aparece en la película. Así no solamente se omitió a la Conadep sino que se reafirmó el dato fundacional del relato. Esa cifra, que para quienes la impusieron es el símbolo de la represión ilegal, es a la vez la cifra de la apropiación partidaria de los derechos humanos. Los juicios siempre incomodaron al relato kirchnerista porque el PJ al que los Kirchner pertenecieron no solo no participó de los juicios sino que no los hubiera hecho. No por nada Néstor Kirchner en 2004 dijo “vengo a pedir perdón por un Estado que nunca hizo nada por los derechos humanos”, negando que hubo un juicio inédito en el mundo. Una canallada monumental. De modo coherente con esa voluntad negacionista de Kirchner, la película oculta a Alfónsín, a la Conadep, la cifra real con la que se juzgó, pero no deja claro la cifra de la imposición simbólica.

- ¿Cuán negativo creés que es el ocultamiento de la violencia de las organizaciones armadas?
- Es absolutamente negativo el ocultamiento de la violencia política por parte de organizaciones armadas surgidas de la sociedad civil, y peor aún, confundirla perversamente con cierto tipo de idealismo. Es decirle tácitamente a los más jóvenes que si algo no te satisface o creés que perjudica a quienes considerás que tenés que defender por ser los más vulnerables de tu sociedad, vale cualquier cosa. Es decirles que el camino de la democracia, que es muy lento y tedioso, puede ser alterado con la excusa de una lucha por una razón que un grupo puede considerar justa. Y eso es el germen del autoritarismo.
Creo que la lucha armada es una parte de la historia que todavía no ha sido del todo condenada. Buena parte de la política se sostiene con los residuos de ese mesianismo delirante.

- ¿La intención de ignorar la importancia de la figura de Raúl Alfonsín es para reivindicar a Nestor Kirchner?
- No tengo dudas. Incluso la figura de Strassera sirve para reivindicar a Moreno Ocampo, quien se volvió kirchnerista. Es el héroe encubierto. Conocí a Strassera y traté durante años a su viuda. Sé que Moreno Ocampo se volvió ya en tiempos del juicio un personaje detestado por el fiscal. Y con los años también por los jueces.

- ¿Creés que la fascinación de Juntos por el Cambio por el film es para ser políticamente correcto?
- Creo que se da un fenómeno sociocultural que no es exclusivo de este film sino de la conducta política de este lado de la grieta. Mucha gente se conmueve genuinamente y aplaude porque la película es un buen producto en sus aspectos formales, y fue diseñada para ser masiva y conmovedora no solo en Argentina.
Por otro lado, hay una dinámica que tiene que ver con esa abstracción denominada “batalla cultural”, que es algo que instaló el kirchnerismo y que ejerce cada día de su existencia sin que nada se le oponga. Tal batalla cultural consiste en instalar algo y que el resto replique con lo que sea: críticas, elogios, indignación, etc. La mayoría de las veces la agenda política es la agenda que instala el kirchnerismo y del otro lado se corre detrás. Invertir eso es algo poco concebible todavía, independientemente de que se les pueda ganar una elección.

- ¿Argentina 1985 amerita una versión más alineada con los hechos históricos?
- Si fuéramos un país plural de verdad, con los circuitos de financiamiento del cine y de otras artes de maneras menos ideologizadas probablemente hubiera habido otras películas sobre el tema antes. Esta sería una mas y se la vería de otro modo. El problema es que la sociedad argentina es extremadamente literal y esta única película sobre el juicio se vuelve legitimadora de un relato con carácter de documento histórico. Paso con La historia oficial de Puenzo.
Todavía el cine de ficción no ha contado cómo habrá sido la vida en una columna de Montoneros, cómo era ser combatiente, qué se conversaba, qué pasaba cuando moría uno propio, cómo se preparaban para un atentado, cómo fue el exilio, las contraofensivas, cómo era estar combatiendo en la selva tucumana con el ERP, cómo era la Triple A por dentro, cómo funcionaban según la época los servicios de inteligencia. Prácticamente no hay cine que incomode al relato K.

- ¿Con “Argentina 1985” el kirchnerismo te parece que gana la batalla cultural respecto a apropiarse de los años '70?
- Creo que la vienen ganando desde 2003. Esta película es una suerte de bomba atómica por la escala de su éxito y el modo en que instala su relato. Eso es sin duda novedoso. En ese sentido el kirchnerismo se va apropiando de todo lo que va necesitando a lo largo del tiempo y por eso se sostiene aunque genere decadencia política y económica. Son expertos en dar batalla cultural, son el factor determinante del pulso de las conversaciones y las costumbres que la sociedad va asumiendo como realidad.