El giro de una entidad empresaria que fue copada por el kirchnerismo

El giro de una entidad empresaria que fue copada por el kirchnerismo

La Confederación Empresaria de la Mediana Empresa (CAME) representa a miles de comercios y pequeñas industrias de todo el país. Su nuevo presidente es cercano a Jorge Capitanich. También La Cámara metió un pie en la entidad. La inesperada derrota electoral descoloca a asociados

Horacio Alonso

Horacio Alonso

En un país politizado al extremo, las disputas de poder se encuentran en todos los ámbitos. El mundo empresario no es una excepción y, en los últimos tiempos, se evidencia con mayor fuerza. Un buen ejemplo es lo que sucede en la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

La entidad agrupa a cerca de 1.500 federaciones, cámaras, centros comerciales y uniones industriales de todo el país. Dirigida durante dos décadas por el histórico Osvaldo Cornide, tuvo un largo período de crecimiento, tanto económico como de peso sectorial.

Sin embargo, desde la salida del veterano empresario, en 2017, la disputa por el control de CAME estuvo dominada por el alineamiento al poder de turno con consecuencias negativas. La entidad es un botín codiciado por la influencia sobre miles de pequeños y medianos empresarios a nivel nacional y por una “caja” importante que surge de los ingresos por sus asociados.

El hecho más reciente de esa dependencia política se produjo en agosto pasado cuando fue elegido como presidente de la Confederación Alfredo González, titular de la Federación Económica del Chaco. Se trata de un empresario muy cercano al gobernador de la provincia, Jorge Capitanich.

Quienes conocen las internas de CAME señalan este hecho como el eslabón que faltaba para su giro definitivo de alineamiento con la política del Gobierno nacional. Hay que tener en cuenta que, cuando se realizó la elección, nadie imaginaba una derrota como la sufrida por el Frente de Todos.

Es por eso que, ante el resultado sorpresivo, hoy el clima interno en la entidad no es el mejor ya que muchos asociados entienden que el panorama político cambió en sentido contrario al esperado. “Hay mucha confusión sobre el futuro de CAME” admitió un empresario que hace años está vinculado a la entidad. Varios consideran que, tras la nueva realidad política, la apuesta no fue la adecuada.

González no sólo responde a Capitanich sino que también mantienen una excelente relación con el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. En ese contexto, se cuestiona su independencia para defender los problemas de un sector que viene golpeado por el cierre de 90.000 comercios, la alta presión impositiva y la suba de costos.

Los cambios internos, en los últimos tres meses, son muchos y todos se producen para poner a CAME como una entidad “amiga”, más allá de la realidad que viven las empresas y comercios de todo el país.

Un punto importante es la mayor influencia que tomó el economista Mariano de Miguel en el área de estadísticas de la entidad. Desde hace años está a cargo de la formación de dirigentes de CAME y, en la función pública, ocupa un cargo en el Ministerio de Defensa, desde la llegada del exministro Agustín Rossi.

Algunos asociados destacan que los últimos informes económicos que realiza la entidad muestran una situación económica que no coincide con la que viven los comerciantes y pequeñas industrias y marcan el contraste con lo que sucedía años atrás, cuando reflejaban los problemas del sector.

También el ingreso al consejo directivo de empresarios cercanos a La Cámpora, como el caso del textil Damián Regalini, es otro dato que señalan quienes, en silencio público, ven la mutación de la entidad.

Si bien Cornide se caracterizó por su habilidad para relacionarse con la alta política, en sus años en CAME mantuvo una cierta independencia respecto a los Gobiernos de turno y eso se reflejaba en los informes sectoriales que no siempre coincidían con los deseos oficiales.

Hay que recordar que su salida de la confederación empresaria se produjo por una fuerte presión del gobierno de Cambiemos. El hecho que determinó el cortocircuito final en la relación, tanto con la gestión de Mauricio Macri como con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, fue su apoyo explicito a una protesta de la CGT.

Tras su salida, asumió una conducción transitoria más cercana al PRO, con dos recambios presidenciales. Así se mantuvo, hasta la llegada de González.

Lo concreto es que, además de este giro político, CAME está sintiendo en el impacto económico de una conducción politizada. De las épocas en las que se organizaban congresos en todo el país, con la participación de 2.000 representantes empresarios, vuelos en aviones privados o la la compra de la espectacular sede que tiene en el microcentro porteño, no queda mucho. Internamente se reconoce que los tiempos cambiaron y se siente en el ajuste de los gastos.

Todo parece ir en línea con la sentencia que Cornide confió a su círculo íntimo cuando forzaron su salida, aunque se esté lejos de ese extremo: “Ahora va a empezar una etapa en la que se sucederán presidentes, a los que no les importa la entidad, hasta terminar fundiéndola”.

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