Elecciones 2021: a pesar de los contundentes resultados, todavía faltan muchas definiciones

Elecciones 2021: a pesar de los contundentes resultados, todavía faltan muchas definiciones

"Lo que ocurra en materia económica quedará entonces determinado por la reacción, sobre todo, del oficialismo a los resultados", analiza el autor de la columna de opinión.

Camilo E. Tiscornia

Finalmente, las elecciones de medio término del 14 de noviembre validaron, en líneas generales, la expectativa que habían generado las elecciones primarias del 12 de septiembre. Así, se confirmó el triunfo de Juntos, tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires (si bien en ésta por un margen menor), y por lo tanto, la pérdida de la mayoría en el Senado por parte del oficialismo; en Diputados, el oficialismo habría logrado conservar la primera minoría pero apenas por un diputado. Esto, por sí mismo, en la medida en que era lo esperado, no debería generar mayores cambios en los indicadores económicos. Lo que ocurra en materia económica quedará entonces determinado por la reacción, sobre todo, del oficialismo a los resultados. Y, en este sentido, hasta el momento, hubo dos hechos relevantes: un ambiguo discurso del presidente y la ausencia de Cristina Fernández de Kirchner en el bunker oficialista con un débil pretexto de salud.

El discurso de Alberto Fernández fue una réplica de todo lo que venía diciendo en los últimos meses: la economía viene de años muy duros por la mala gestión del gobierno anterior y por la pandemia pero ahora está creciendo y para consolidar la dinámica es necesario cerrar un acuerdo con el FMI, para lo cual convoca a la oposición a tratar el tema, junto con un plan plurianual, en el Congreso durante diciembre; se agrega el ingrediente de que esta propuesta, dice el Presidente, cuenta con el aval de los diputados oficialistas y de la vicepresidente. A la luz de esto último, la ausencia de la vicepresidente en el acto de ayer es muy significativa, y junto con la resistencia del presidente a cualquier tipo de cambio en su diagnóstico sobre la situación, no permite ser muy optimista respecto del plan que propondrá. Abonando esta perspectiva vale citar un par de frases del discurso: “Este camino requiere, antes que nada, seguir impulsando el crecimiento del mercado interno. Y para ello, el Estado debe ser capaz de impulsar la demanda agregada. […] Y es necesario también seguir el camino del ordenamiento de las cuentas del Estado, pero jamás a costa de un ajuste del gasto.”

Más allá de que la urgencia de la situación económica requeriría anuncios concretos para hoy mismo y no una propuesta incierta para empezar a analizar en veinte días, este diagnóstico del presidente es una enorme fuente de preocupación en el contexto actual.

Hay dos datos de la coyuntura actual que son los más relevantes para comprender lo complicado de la misma: las escasas reservas internacionales y la elevada inflación. La falta de reservas explica las tensiones en todos los tipos de cambio y explica la imperiosa necesidad de los controles cambiarios. La elevada inflación, a pesar del lento movimiento artificial del dólar oficial, agrava esta situación porque es la causa de la sostenida caída del tipo de cambio real (es decir, ajustado por inflación), la cual complica la posibilidad de recomponer las reservas y estabilizar genuinamente el tipo de cambio. De lo anterior puede deducirse que, en realidad, el gran problema es la alta inflación, por lo que su reducción es una meta urgente y, ante esto, surgen dos preguntas clave: ¿a qué se debe la alta inflación, y en qué medida la propuesta del presidente de “impulsar la demanda agregada” contribuye a ese objetivo?

Teniendo en cuenta que la inflación no cedió más que leve y transitoriamente en los últimos seis meses a pesar de que el gobierno viene moviendo el tipo de cambio oficial al 1% por mes, debe quedar claro que, al menos en las circunstancias actuales, la inflación se debe a otras causas más allá del tipo de cambio. La inflación internacional no tiene la escala para explicar el fenómeno local y numerosos precios regulados por el gobierno se mantuvieron sin cambios, por lo que hay que recurrir a otros factores. Pueden ser los salarios, pueden ser los márgenes de las empresas o puede ser el exceso de dinero en la economía; cualquiera sea el caso, “impulsar la demanda agregada” no va a ayudar. No estamos en una economía estable, con expectativas de inflación ancladas y bajas; en la Argentina de hoy impulsar la demanda, por la vía fiscal – monetaria, que es lo que el gobierno tiene en mente, va a conducir a más inflación; ni qué hablar si se incluye en la ecuación el efecto que provocará en algún momento el realineamiento de los precios que el gobierno viene reprimiendo artificialmente hace ya mucho rato para contener la inflación.

Claramente, en la medida en que no se ataque la inflación, tiene razón el ministro de economía al afirmar que un salto del tipo de cambio no resolverá el problema, como tampoco lo hará el moverlo más rápido en forma continua; en el mejor de los casos podría frenar la baja del tipo de cambio real, ya que en el camino causará más inflación. El problema de intentar algo así, sin un plan más amplio, es que no bajará la inflación y no resolverá la falta de reservas internacionales, por lo que la situación permanecería sumamente inestable.

Ante el complejo escenario, el presidente insiste en menear el acuerdo con el FMI. ¿Pero qué es el acuerdo con el FMI? Para él es esencialmente una forma de validar sin default que no se pueden pagar los vencimientos de 2022, pero omite que para llegar a ello el organismo partirá de un diagnóstico opuesto al suyo: le requerirá contener la demanda de la economía, tanto mediante tasas de interés más elevadas como mediante una contención fiscal, además de una corrección cambiaria inicial. Este es el quid de la cuestión desde el punto de vista de los actores económicos: con o sin FMI, ¿el gobierno, y en especial Cristina de Kirchner, están dispuestos a ese cambio de política económica? Al día de hoy, no queda claro. Por ello, en el corto plazo, la dinámica económica y financiera quedará definida por la tensión entre un cierto optimismo en quienes miran el largo plazo y creen que hay oportunidades interesantes a partir de 2023, y el temor por lo complejo del corto plazo; es un escenario en el que, sin señales más claras por parte del gobierno, la volatilidad y los riesgos persistirán.

Camilo E. Tiscornia – Economista, director de C&T Asesores Económicos y profesor de Economía Monetaria y Economía Argentina en la UCA. 

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