De la amenaza del toque de queda a un decreto vacío

De la amenaza del toque de queda a un decreto vacío

Ya había ocurrido meses atrás con el "fantasma" de la fase 1 y esta semana volvió a ocurrir. El gobierno nacional fue víctima de su propios errores y generó confusión en la ciudadanía. Por si eso fuera poco, Rodolfo Suarez terminó capitalizando la situación.

Mariano Bustos

Mariano Bustos

¿El jefe de Gabinete Santiago Cafiero habló de más el jueves en el instituto Malbrán? ¿Alberto Fernández cambió de idea al ver la reacción de gobernadores, intendentes y empresarios? ¿De quién fue el error? Sean cual sean las respuestas a esas preguntas, es indudable que esta semana se vivió un papelón que jugó con las emociones de ciudadanos, dirigentes y empresarios. Aunque el radicalismo quiera empoderar a Rodolfo Suarez como el mandatario que le puso los puntos al presidente y desde el peronismo acusen a Suarez de sembrar ideas falsas sobre las restricciones que quería Alberto, lo cierto es que durante dos días reinó el desconcierto.

Ciudadanos que temen perder las vacaciones que tienen reservadas están atentos a cada noticia que habla de restricciones y el viernes esperaban con ansias el decreto presidencial. Empresarios gastronómicos, DJ's, artistas, dueños de salones de eventos, operadores turísticos, etc., estuvieron expectantes durante dos días para saber qué decisión tomaría el gobierno de Alberto Fernández para frenar un ritmo de contagios que ya preocupa a nivel nacional.

El rumor comenzó a correrse luego de la reunión entre el presidente y los gobernadores. En un principio se trató de trascendidos mediáticos pero luego -el jueves por la mañana- el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, aseguró que existía consenso entre todos los mandatarios provinciales para establecer una restricción horaria a modo de toque de queda sanitario. Es decir, restringir la circulación entre las 23 y las 6 de la mañana.

Afirmó que el decreto se estaba redactando y que por la tarde de ese día se haría un anuncio para dar a conocer la medida. Incluso anticipó que ese decreto estaría publicado en el Boletín Oficial durante la madrugada del viernes. Nada de eso ocurrió.

Corrían las horas y reinaba la incertidumbre. Intendentes no sabían contestar qué ocurriría. Gobernadores como Juan Schiaretti en Córdoba aclaraban públicamente que no acatarían la norma. Cámaras empresarias salieron a poner el grito en el cielo y en Mendoza tanto la Federación Económica (FEM) como la Cámara de Comercio y la Unión Comercial e Industrial (UCIM) emitieron comunicados repudiando la posibilidad de que el Gobierno nacional avanzara con restricciones horarias por las noches.

Turistas cancelaron reservas en hoteles temiendo un endurecimiento que nunca llegó. Finalmente, con la presencia del ministro de Turismo Matías Lammens en la mesa para tratar de calmar las aguas, el jefe de Gabinete volvió a dar una conferencia en la que desdijo todo lo que había anticipado un día antes. Acompañado por la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, explicó que en realidad solo se fijarían parámetros a modo de alerta para que los gobernadores tomen medidas y se pidió que prioricen restricciones nocturnas cuando sea necesario.

No hubo toque de queda sanitario. Ni para las provincias con pocos casos, ni para las jurisdicciones complicadas. Solo recomendaciones. Nada de lo que se había anticipado ocurrió. Los defensores de las restricciones, como José Luis Ramón, se quedaron patinando en el aire luego de "bancar" a Alberto Fernández y el endurecimiento de los controles. Lo mismo le ocurrió a los más críticos que habían salido a vapulear al gobierno por coartar libertades individuales, como Alfredo Cornejo y Patricia Bullrich. Como diría un ex árbitro de fútbol... siga siga.

El decreto finalmente fijó dos parámetros sanitarios que deben medir las provincias para evaluar restricciones en la "nocturnidad". Uno es el índice de razón de casos y el otro índice es el de incidencia. Es decir, un comparativo entre las últimas dos semanas y las dos anteriores y por otro lado la tasa de contagio por cada 100 mil habitantes. De acuerdo al resultado de esas ecuaciones, se le sugiere a los mandatarios tomar o no acciones restrictivas.

Ese decreto laxo generó distintas reacciones en el arco político local. Por un lado el radicalismo salió a adjudicarle a Suarez el logro de haber hecho recapacitar al presidente sobre la inconveniencia de una restricción general para todo el país. El miércoles, en la reunión virtual con el presidente, el mendocino se había opuesto a la medida y había pedido que se permitiera contemplar la realidad sanitaria y el nivel de contagios de cada jurisdicción. Funcionarios, legisladores y militantes atribuyeron a esa postura el freno al toque de queda que se venía. Imposible de comprobar.

Pero por el otro lado también se pudo observar una argumentación llamativa sobre lo ocurrido. Desde el peronismo se aseguraba que Rodolfo Suarez siempre supo que no habría toque de queda sanitario y que hizo política deslizando la versión de que él se opondría a las restricciones que vendrían. Esa versión fue fogueada en las redes y la propia senadora Anabel Fernández Sagasti se encargó de alimentarla.

La senadora y legisladores del kirchnerismo apoyaron esta versión.

De haber sido así, los comentarios de Santiago Cafiero adelantando el toque de queda vinieron como anillo al dedo para la jugada del gobierno mendocino. Cuando menos, parece poco probable la versión que impulsa el PJ.

Pero más allá de quien haya tenido la culpa y quién se haya visto beneficiado con estas idas y vueltas, hay algo que no se puede ocultar. Los errores en la comunicación y la falta de claridad constituyeron el primer papelón del año para la gestión nacional.

 

 

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