Bocas tapadas, bolsillos vacíos y angustia: la crisis comienza a asomar

Bocas tapadas, bolsillos vacíos y angustia: la crisis comienza a asomar

La situación económica y social es la principal preocupación de los mendocinos. En los departamentos donde se habilitó la actividad tampoco hay reactivación. El impacto en la Provincia y el sector privado.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

La generación de las bocas tapadas salió a la calle por primera vez en casi 40 días el martes pasado. Aunque, claro, la liberación en el Gran Mendoza era con reglas extrañas, como usar el DNI para comprar un chicle y calcular las distancias, el tiempo y los recorridos justos para tener autocontrol y no violar las complejas disposiciones del Gobierno. En el resto de la provincia ocurría otra cosa.

Como si fueran laboratorios de ensayos económicos y sociales, allí sí el resto de las actividades se abrieron. Y la realidad es dramática. Persianas arriba en comercios vacíos. Personas paseando, pero no consumiendo. Negocios con menos personal y muchos mendocinos con el currículum en la mano.

Los barbijos tapan esta vez la angustia del rostro de muchos mendocinos que ya le tienen más temor al desempleo y a la crisis que al coronavirus. De hecho en la encuesta realizada por Reale-Dallatorre así quedó reflejado. La situación económica es la principal preocupación de los mendocinos y 7 de cada 10 mendocinos plantea que tiene incertidumbre por su situación económica y la del país.

Esas respuestas tienen lógica. Lo desconocido genera temores y algo de pánico. Pero hay realidades muy conocidas que pueden espantar más. El desempleo, la pobreza extrema y todas las consecuencias sociales y familiares que se desprenden de esos dramas están marcados en la historia de varias generaciones. La del 2001, por ejemplo, es la generación que hoy está asomando a la toma de decisiones. Y ahora se enfrenta a una crisis que en lo social puede ser peor.

La desocupación en Mendoza ya está en dos dígitos, la pobreza afecta más de la mitad de los niños y al menos 4 de cada 10 mendocinos no tiene los recursos necesarios para adquirir los productos básicos. Esa es la foto “pre crisis”. La demanda de ayuda estatal ha explotado y a la vez las fuentes de ingresos del Estado provincial y los municipios, que sirve para financiar esos planes, se derrumbaron. Los municipios, por ejemplo, recaudan el 10% de lo habitual. El ajuste de los salarios de los funcionarios que hasta este mes es voluntario es probable que pase a ser obligatorio desde mayo o junio.

En la actividad privada la situación es mucho peor. La facturación cero va por su segundo mes en la mayoría de las empresas y hasta firmas que tienen sus cuentas saneadas ahora dependen de que el Estado pague parte de los salarios. El problema es que a diferencia de lo ocurrido en otras crisis, como en 2001, no se espera un efecto rebote importante y es lo que está pasando en los “laboratorios” del Este, el Sur y el Valle de Uco.

Los reclamos de las cámaras empresarias rodean al Gobierno y Suarez respondió desde la Legislatura con una convocatoria y también con algunas chicanas. Pero la incertidumbre se mantiene.  

Miserias placebos

En lo sanitario también la situación es sensible porque también depende de la reacción de la población y se trabaja en terreno poco conocido. Lo que ocurrió en Tunuyán fue un ejemplo, pues dos casos de coronavirus alcanzaron para alborotar todo el pueblo y dar marcha atrás con cualquier intento de apertura. La pandemia no solo pone a prueba el sistema de salud y para enfrentarlo no es suficiente tener insumos técnicos. La comunicación, la comprensión, la prevención, la convivencia en problemas son parte de la vida en comunidad y ahora está puesto a prueba.

Los dos hombres comenzaron a llorar cuando recibieron el diagnóstico, aunque no están graves. Sus familias fueron hostigadas de manera insólita; el intendente informó antes que el sistema de Salud y todo ayudó a avivar parte de lo peor: el estigma, el pánico y la mala fe.

El lunes se discutirá en Mendoza cómo sigue la política de aislamiento. Si las nuevas restricciones, cuya constitucionalidad se debatirá en Tribunales luego de la denuncia de un grupo de abogados, se mantienen; se endurecen o si se flexibilizan. 

El sábado pasado Rodolfo Suarez se enteró de la flexibilización del aislamiento por televisión (al igual que el resto de los gobernadores). Terminó el discurso de Alberto y las alarmas sonaban: reclamos económicos, problemas en el límite con San Luis por un colectivo que traía a una persona contagiada; demanda de decisiones. Para él como para todos los líderes políticos que tienen responsabilidad, se hace difuso el límite entre el día  y la noche. Para Suarez es un reseteo de planes, pues gobernar no es un trabajo y mucho menos en una crisis.

Las decisiones que deberá tomar el Gobernador no son sencillas y cada día que pasa es más complejo. En medio de la crisis Suarez y Alberto Fernández  mejoraron su imagen en medio de la crisis; tanto que extendieron su legitimidad a persona que no los votaron. Pero es un placebo, pues la crisis recién asoma y exigirá mucha mayor pericia para conducir. 

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