Coronavirus: qué quedó después del tsunami que nos pasó por encima

Coronavirus: qué quedó después del tsunami que nos pasó por encima

Mendoza entró en una etapa de amesetamiento de casos, pero ya se contagió al menos entre el 10% y el 15% de la población. El impacto en la economía de la pandemia todavía no se alcanza a vislumbrar en su totalidad, pero fue muy fuerte.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

La imagen la utiliza frecuentemente Rodolfo Suarez cada vez que quiere graficar lo que nos sucedió. “Yo siempre digo que, la pandemia de coronavirus, es un tsunami que nos pasó por encima”, se le escuchó decir en varios encuentros privados. Pero la marejada arrasó con fuerza en Mendoza y, como es característica en este tipo de fenómeno, dejará un sinfín de daños detrás de sí.

El viernes el gobernador escuchó atentamente el mensaje de Alberto Fernández que determinó el fin del aislamiento obligatorio en varios distritos del país (el área metropolitana de Buenos Aires fundamentalmente y otras provincias) y a la mañana siguiente ya estaba anunciando que la provincia salía de esta etapa para volver al distanciamiento a partir de la semana próxima.

No esperó, como lo hizo durante los últimos siete meses, a que el presidente redactara el decreto correspondiente para tomar una decisión. No había por qué hacerlo, quizás: Mendoza hace un mes que estaba en etapa de aislamiento según lo dispuesto por el gobierno nacional sin que nadie se diera por enterado. Ni siquiera, el propio gobierno provincial. En los hechos, lo que sucederá a partir del lunes es un blanqueo de la situación que terminará rehabilitando una serie de actividades que la gente viene llevando adelante más allá de las prohibiciones (reuniones familiares, actividades en los clubes y otras), desobediencia que tuvo cierto guiño de las autoridades a través del relajo de los controles públicos. Pero, básicamente, fue consecuencia del proceso de saturación ocasionada por una cuarentena tan extensa.

Un elemento clave: finalmente los alumnos que tuvieron dificultades para seguir las clases de manera virtual volverán a las aulas antes de fin de año. Son unos 15.000 aproximadamente, según tiene relevados la Dirección General de Escuelas, que fueron involuntarios protagonistas de uno de los efectos menos deseados de la pandemia como fue la ampliación de la brecha educativa.

Desde lo sanitario, las autoridades entienden que el pico de contagios de esta temporada ya pasó y que la llegada de la primavera contribuyó para amesetar la curva, porque las temperaturas más altas contribuyen a que los contactos entre personas se desarrollen al aire libre y ya no tanto en espacios cerrados. Sin embargo, que lo peor de la pandemia por ahora haya pasado no significa que el problema se acabó. A nivel oficial se estima que esta meseta de contagios podría quedar estabilizada entre los 500 y los 600 casos promedio por día durante los meses de verano y, si bien la cifra sigue siendo alta, entienden que es una cantidad de infectados que permitirá cierto respiro en la situación de las terapias intensivas de los hospitales que estuvieron al borde del colapso durante agosto, septiembre y una buena parte de octubre.

¿Cuál fue el saldo hasta aquí de la ola de contagios? Los casos informados ya llegan a los 49.000. Pero por la baja cantidad de testeos esa cifra no es la real: se estima que en la provincia la cantidad de personas que contrajeron coronavirus no baja de las 250.000 lo que, en otros términos, refleja que desde marzo a esta parte en Mendoza ya se contagió entre el 10% y el 15% de la población. El subregistro que se llevó durante meses de la cantidad de muertos es alarmante y expresa el caos que se vivió. Los fallecidos por covid -19 son casi 900 a esta altura, pero unas 250 muertes no fueron informadas en su momento y ese retraso se sigue actualizando día a día.

La posibilidad cierta de la llegada de una vacuna, para el ministerio de Salud, no se baraja hasta marzo o abril y un dato sanitario inquieta aunque no tenga que ver estrictamente con el virus. Hay preocupación en el largo plazo por el impacto que ha tenido la desatención en los hospitales de otras patologías, que podría derivar en un aumento de la mortalidad importante en la provincia durante 2021 por otras enfermedades que nada tienen que ver con el coronavirus.

La economía es, sin dudas, uno de los aspectos en dónde el tsunami dejó daños estructurales importantes cuyo impacto todavía no se alcance a vislumbrar en su total magnitud. Algo ya está claro y es que la actividad económica provincial viene en caída y eso se refleja en la recaudación de impuestos.

El parate total de los últimos días de marzo, abril y mayo como consecuencia de la cuarentena, generaron una caída fuerte en el pago de impuestos durante esos meses, aunque luego los números de ATM repuntaron algo durante junio, julio y agosto. Pero setiembre volvió el desplome: ese mes la recaudación cayó un 21% y se estima que el derrumbe en octubre fue del 17% aproximadamente.

El Consejo Empresario Mendocino (CEM) está a punto de publicar esta semana un informe sobre la situación del empleo privado. Se estima que , entre junio de 2019 y junio de este año, se perdieron alrededor de 17.000 puestos de trabajo registrado en la provincia, dato que está alineado con las cifras de desempleo aportados por el INDEC que marcaron que, entre el segundo trimestre del año pasado y este, la desocupación creció un 6,5%. Para el ministerio de Producción la crisis golpeó de manera trasversal a todos los sectores con la falta de capital de trabajo, con empresas que terminaron desfinanciadas por la pandemia, que no obtuvieron créditos de los bancos y si lograron mantenerse en pie en buena medida fue por la asistencia del Estado nacional y por los planes de emergencia de la provincia que, en los hechos, tiene muy poco poder de fuego.

El Estado nacional cumplió hasta acá un rol crucial en este aspecto, con programas de asistencia como el ATP o el IFE. Pero esa ayuda se terminará muy probablemente a partir de 2021. Algunas empresas mendocinas ya han advertido que su futuro es incierto y existen asimismo alarmas encendidas desde hace un tiempo a esta parte por cierto grado de conflictividad social en la provincia aunque, por ahora, no sucedió nada grave. El problema es que Mendoza precisa que el país crezca para que la situación mejore ya que, desde aquí, lo único que se puede llegar a ofrecer son programas para el sostenimiento del empleo y para asistir financieramente a las Pymes.

El empleo fue afectado por otro factor, además. La obra pública se paralizó en 2020 (por la falta de recursos tanto provinciales como nacionales) y los proyectos en carpeta sufrieron demoras en sus procesos de licitación lo que, invariablemente, se traducirá en más gente sin trabajo.

Con lo que puede, el gobierno está intentando sostener la producción de petróleo. YPF no solo disminuyó su nivel de extracción sino que cerró decenas de pozos en el último año lo que generó, por caso, una caída en los ingresos por regalías que en los meses más duros de la crisis de 2020 llegó al 60%. A lo largo del año, se estima que el cobro por regalías se mantendrá en los mismos niveles nominales que 2019, lo que significa que la pérdida de ingresos del petróleo no bajará del 40%.

La tensión entre el gobierno de Suarez y la petrolera estatal se arrastra desde hace tiempo. Un informe oficial del ministerio de Economía de la provincia estableció que, en octubre de 2019, YPF mantenía alrededor de 40 equipos en funcionamiento que daban trabajo a unos 2.400 empleados. En la actualidad, se están explotando solo 14 pozos y la cantidad de gente trabajando allí no llega a las 1.000. La Legislatura discute ahora un proyecto de ley para tratar de que las cigüeñas de la petrolera estatal vuelvan a funcionar, con beneficios impositivos para los pozos que se reabran.

Dos aspectos más: el turismo y el comercio. Suarez quiere habilitar cuando antes la llegada de turistas extranjeros (brasileros y chilenos fundamentalmente) para permitir el regreso de visitantes que gastan en dólares y que, en el contexto actual de devaluación del peso, les saldrá baratísimo. A lo que apunta el gobernador es a reabrir la conexión con Santiago de Chile

La Federación Económica de Mendoza está realizando un relevamiento para determinar la cantidad de locales que debieron bajar sus persianas, aunque ya se calcula que se cuentan por decenas en el Gran Mendoza. Un reflejo de esto es el sector gastronómico, que en líneas generales ya acumula siete meses prácticamente trabajando a pérdida. A esta altura, el Centro de Empleados de Comercio calcula que cerró por lo menos el 40% de los locales dedicados a la gastronomía y los que quedaron subsistieron a fuerza de quemar ahorros o porque tuvieron algún tipo de capacidad de crédito.

Con la presión de Mendoza para que vuelva el turismo, el verano podría resultar un alivio. Pero prácticamente todos los actores económicos coinciden en una preocupación: ¿Qué sucederá en marzo cuando, puede pasar, el coronavirus vuelva a atacar con fuerza? Si la política será volver a cerrar, coinciden, muchos de ellos ya no van a poder quedar en pie si los pasa por encima una segunda ola.

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