Más allá del acuerdo, lo que reina es la desconfianza entre el Gobierno y el PJ

Más allá del acuerdo, lo que reina es la desconfianza entre el Gobierno y el PJ

El oficialismo cree que el ataque del gobernador, que calificó de "oposición salvaje" al peronismo, fue lo que forzó un arreglo. Del otro lado, sostienen que la llave estuvo en que en el Senado finalmente el Gobierno se sentó a negociar. La dificultad para que este camino de acuerdos sea perdurable.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

El politólogo Mario Riorda publicó hace unas semanas un libro cuyo título se ajusta a la medida del funcionamiento de la política en Argentina y, por supuesto, también a la de Mendoza. “Cualquiera tiene un plan hasta que te pegan en la cara. Aprender de la crisis”, se llama la obra que escribió junto a la médica psiquiatra Silvia Bentolina, en dónde se desmenuzan muchas de las reacciones comunicaciones de la dirigencia política ante situaciones límites o complejas.

 “Las respuestas en situaciones de crisis, muchas veces generan lo que yo llamo ‘mala praxis’, es decir, ante una crisis, la respuesta política del dirigente con su comunicación no solo que no mitiga esa crisis, sino que además la expande y la exagera”, teoriza Rioda. La obra contiene un capítulo dedicado a la tan prematura y profunda crisis que debió afrontar Rodolfo Suarez al asumir, cuando tuvo que arriar las banderas del desarrollo minero en la provincia y derogar las modificaciones a la Ley 7722 que había impulsado durante la campaña electoral y que había sido respaldada por un peronismo que, luego de las protestas sociales, volvió sobre los pasos de un proyecto que había votado.

“Es muy interesante ese fenómeno ocurrido en Mendoza- relata Riorda- porque explica (entre otros aspectos) cómo muchas veces los pactos de las élites no terminan abarcando a la ciudadanía. Y Suarez en aquella oportunidad trató de mostrar fortaleza en que el errado no era él, sino el resto. La clave de las crisis es no mentirse”.

Algo de ese episodio fundacional para la actual gestión volvió a repetirse en la actualidad alrededor de la discusión por el Presupuesto. Aunque con algunas diferencias que los protagonistas seguramente marcarían, del análisis de quien fuera en su momento asesor de campaña de Francisco Pérez.

El gobierno está convencido de que la categorización que hizo Suarez del peronismo, al que definió como “oposición salvaje” (después de que el proyecto fuera votado por el oficialismo en soledad en la Cámara de Diputados) fue lo que provocó que los principales dirigentes de ese partido levantaran el teléfono para intentar llegar a aun acuerdo. En términos del análisis de Riorda, podría entender Suarez, la exageración de la crisis le dio resultado en este caso.

El gobernador habló por teléfono, antes del debate en el Senado del martes, con Anabel Fernández Sagasti y la conversación, más allá de que alcanzo cierto nivel de tensión, sirvió para comenzar a destrabar un acuerdo. La senadora optó por no viajar a a Buenos Aires y quedarse en Mendoza para seguir de cerca las negociaciones que finalmente le permitirán a la actual administración contar con parte del endeudamiento que había solicitado a la Legislatura para el ejercicio 2021.


El peronismo, por su lado, no duda que lo que finalmente allanó el camino fue algo más sencillo: durante el debate de la ley de Presupuesto en Diputados nadie negoció con ellos, afirman. En cambio, en el Senado, aparecieron los enviados del gobernador que, en esa instancia, estuvieron representados por el vice Mario Abed. A decir verdad, el PJ había mostrado predisposición para que el gobernador pudiera, en su pauta de gastos para el año que viene, tomar cierto nivel de deuda. El problema es que exigía a cambio un listado de obras públicas para sus intendentes que resultaba imposible de aceptar para la Casa de Gobierno.

Desde un momento inicial estuvieron dispuestos a votar para que los vencimiento de deuda de 2021 se pudieran pagar con la toma de más deuda (roll-over) y habilitarle a Hacienda un paquete de financiamiento para obras de infraestructura, aunque discutieron los montos. En la larga previa a la sesión del Senado en donde la ley se votó, el acuerdo general se alcanzó en un par de horas nada más. Pero el inicio del debate se dilató hasta llegada la noche por un punto: el peronismo exigió que toda la deuda autorizada debería ser tomada durante el ejercicio que estaba en discusión, mientras que el oficialismo planteaba un endeudamiento plurianual.

El gobierno debió resignar esta última demanda, mientras que desde el otro lado bajaron su listado de obras para las comunas y también los planteos para que los impuestos patrimoniales (Automotor e Inmobiliario) se mantuvieran en los niveles de aumentos de 2020. Esto bajo la alarma de que, el año que viene, con las subas que finalmente fueron votadas en la Ley Impositiva, las patentes subieran hasta el 70% en algunos casos y el Inmobiliario un 40% como mínimo.

Ya se sabe entonces que el gasto público de aproximadamente $238.000 millones para el año que viene estará orientado básicamente a sostener programas que alivien el golpe producido por la pandemia en la economía, a pagar sueldos (el 53% del total) y a mantener el funcionamiento del Estado en líneas generales. Allí se intentará sostener el empleo a través de programas de ayuda por parte del Estado al sector privado con aportes que rondarán los $4.450 millones y asistir a los sectores más afectados (como el turismo o las guarderías) con rebajas impositivas del 50% en Ingresos Brutos que tendrán un costo fiscal de $746 millones. Se invertirán $1.248 millones en mejorar la situación de los hospitales y se destinarán recursos para volver a poner las escuelas en condiciones para marzo.

La deuda será la clave. Más allá del acuerdo, el rezongo oficialista perdura porque deberán acelerar la toma de prestamos para infraestructura (U$S160 millones) en el lapso de doce meses y la tarea resulta imposible en el actual escenario del país. La búsqueda estará orientada en este punto a obtener financiamiento de organismos multilaterales de crédito que demoran, años en algunos casos, el estudio de los proyectos. La posibilidad de poder hacer el roll-over no es menor: la Legislatura aprobó finalmente una cifra que ronda los $11.800 millones que servirán para hacer frente, sin apelar a los recursos del Presupuesto, entre otras obligaciones a uno bono de $5000 millones que vence en su totalidad el año próximo.

¿El acuerdo alcanzado esta semana marcará el inicio de una nueva etapa de dialogo político en Mendoza? Lo que pasó fue una buena señal, pero la desconfianza mutua es la actitud que sigue reinando y ese cuadro se agravará, sin dudas, en el año electoral que ya se aproxima. La grieta domina y para la clase política (y buen parte de la sociedad) “es una zona de confort”, como la define Riorda. “Uno sale recontraplaudido por parte de su núcleo, pero eso dificulta sentarse con el otro núcleo y a la inversa. La grieta es una locura: dialogar con el que piensa distinto es muy fácil. El asunto es dialogar con el distinto. Ese es el desafío”, concluye el especialista.

 

 

 

¿Querés recibir notificaciones de alertas?