Stanley a MDZ: "La pobreza no justifica los piquetes"
La ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, consideró que las cifras de pobreza en la Argentina, que según el INDEC en el segundo semestre del 2016 se ubicaron en el 30%, son "dolorosas" y, si bien ponderó que se logró una "reducción" frente al primer semestre del año pasado, advirtió que el plan de Pobreza Cero prometido por el presidente Mauricio Macri es "a largo plazo" que requiere "entender la pobreza" y un trabajo que comprometa a todo el Gabinete nacional.
Además, aseguró que los piquetes, una forma muy extendida de reclamos sociales, es una forma de "extorsión" que posee "arraigo cultural" en la Argentina, por lo que está "abierta al diálogo" sin necesidad de "cortar una calle".
En diálogo con el programa Hacete Cargo, de MDZ Radio, Stanley manifestó que "un 30% de pobreza para el país es un número que duele" y señaló que "detrás de las cifras y los números hay hombres, mujeres, niños y familias que necesitan que estemos cerca y que entendamos y atendamos sus necesidades, que son muchas".
"Cuando hablamos de medición de pobreza, tenemos que saber que ya no podemos hablar solo de una pobreza medida por ingresos, sino también tenemos que entenderla como multidimensional y hablar de todos aquellos aspectos que hoy vulneran a la sociedad y estas familias", añadió.
Consultada sobre la incidencia que las cifras divulgadas por el INDEC puedan afectar las promesas de Macri para reducir la pobreza, Stanley aseveró que, por el contrario, "esto nos convoca cada vez más al objetivo de largo plazo de la Pobreza Cero, que no tiene que ver solamente con un número, sino con una manera de entender la pobreza y una forma de trabajar desde el Gobierno con esta prioridad para todo el gabinete, donde están todos los ministerios involucrados".
Por otro lado, la ministra expresó su opinión sobre la protesta bajo la modalidad de piquetes: "El piquete es un mecanismo que, de alguna manera, ha funcionado en la Argentina durante muchos años, por lo que tiene un arraigo cultural que hace que, como mecanismo de extorsión, se piense que surte efecto".
"Estoy abierta al diálogo y no necesitan venir a cortar una calle para sentarse a dialogar y atender sus demandas. Podemos tener diferentes opiniones, pero tenemos que darnos ese espacio, porque la calle no es el lugar para discutir, ya que lo único que hace es agrandar la brecha que existe entre el que considera que tiene derecho a venir a reclamar y quien está padeciendo la posibilidad de transitar libremente", amplió.
Por ello, enfatizó Stanley, "tenemos que entender como sociedad que la extorsión a través de impedirle el cumplimiento pleno de los derechos al otro no es la forma".