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El gran desafío de Macri

Transcurridos los primeros 50 días de gobierno, son muchos los desafíos que deberá afrontar el presidente. Disminuir la inflación será clave para su suerte.
Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Foto: Pachy Reynoso / MDZ

Transcurridos los primeros 50 días del gobierno de Mauricio Macri se percibe que ha optado por el gradualismo sobre todo en el plano económico. Son varios los actores de la producción que en la política cambiaria demandan un dólar superior a los 14 pesos. Los industriales bregan por uno alrededor de los 16 pesos y también los productores agrícolas pese a todas las mejoras obtenidas, no liquidaron los silo bolsas en la cantidad esperada. 

Los empresarios textiles han planteado una opción similar de un dólar a un valor bastante más elevado al actual. De haber actuado en consecuencia a los reclamos precedentes, se habría depreciado fuertemente el valor real de los salarios.

Macri no cree en el modelo de ajuste, ni quiere que se lo considere el presidente que impulsó un shock económico al inicio de su gobierno. 

El aumento de las tarifas eléctricas tiene alto impacto en las clases medias y sobre todo en las más acomodadas de la ciudad de Buenos Aires que eran inexplicablemente subsidiadas, abonando cifras irrisorias año tras año. Incluso en nuestra Mendoza el aumento no debería aplicarse sino en casos muy específicos, pues una amplia franja de consumidores hace tiempo pagan tarifas elevadas por su consumo eléctrico.

En los años de administración kirchnerista, más de dos millones de personas se sumaron a la planta estatal. Hasta ahora son alrededor de 8.000 los empleados estatales que han sido separados de sus cargos, y según enuncian desde los órganos oficiales se trata de militantes ingresados en los últimos tiempos en su gran mayoría o de ciudadanos que no concurrían a sus labores diariamente.

En relación a la política fiscal también claramente se ha optado por un camino gradual al igual que con la política monetaria. las únicas urgencias se anotaron en el levantamiento del cepo, aunque no totalmente y en el comienzo de negociaciones con los hold outs, para arreglar lo antes posible.

La espada de Damocles que pende sobre el gobierno de Macri y su política económica es la inflación. La alta, heredada de la gestión K y la de comienzos de su gestión que tuvo dos impulsos en el alza de los precios. 

El primero luego del triunfo de Cambiemos, previendo la inevitable devaluación futura y un segundo, arbitrario, innecesario e incomprensible, en diciembre y luego de la asunción del nuevo gobierno y pese a haber ajustado los valores de bienes y servicios pocos días antes.

Disminuir la inflación es clave para la suerte del nuevo gobierno.

Independientemente de la triste y larga experiencia argentina en esta materia, los pueblos del mundo en las democracias modernas privilegian su bonanza económica por encima de cualquier otro valor, como el respeto a las instituciones y los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la confianza en una justicia objetiva y rápida.

Pese a la opinión de altos funcionarios y asesores del gobierno nacional que afirman que el mercado, y el círculo rojo, van a tener paciencia con Macri e incluso van a entender el gradualismo en la transición hacia una economía normal, la realidad legitimadora de la amplia mayoría de los ciudadanos transita por otro camino, su propio bienestar y excluyente, el económico.

Sobre esta problemática el gobierno deberá asentar sus principales afanes y más considerando que estamos a las puertas del comienzo de las negociaciones paritarias. 

Subsidiariamente, pero sin demoras, debe comenzar la revolución educativa para equiparar o vencer a la revolución tecnológica. Acá no se avizora el final y este fenómeno contemporáneo produce concentración laboral y buenas remuneraciones en las personas capacitadas para dicho trabajo. Con más cantidad y calidad educativa se puede equiparar el salto de beneficios de la mayor productividad tecnológica. 

No obstante ello, el nuevo paradigma de la economía mundial va a perjudicar a quienes carezcan, por su edad fundamentalmente, o por su falta de conocimientos, de capacidades para incluirse en este avance tecnológico. 

Y ahí aparece otra tarea nueva para el Estado, que deberá colaborar con esta problemática social. Esto requiere de recursos y políticas inclusivas inteligentes.

Este es el mayor y complejo desafío que afronta Mauricio Macri. Y no es poco.