ver más

Un plan para que Cristina y Cobos compitan en 2015

No hay ingenuidad en la cadena de planteos en torno a que la Presidenta pueda ser "candidata a algo". ¿Y por qué no un escenario retro contra el mendocino?

 Hay un plan para que Cristina Fernández de Kirchner figure en la boleta de las elecciones de 2015 y no es descabellado ni viola la Constitución. Es más: podría generar un escenario de disputa capaz de polarizar los comicios, forzar a la unidad de los opositores y definir un modelo bipartidista entre los que acompañan “el modelo” y los que prefieren apostar a “un cambio de época”.

Se trata de la reflotada intención de que se elija a parlamentarios del Mercosur. Tal iniciativa fue considerada como “un mito” por mucho tiempo, cuando algún sector del Gobierno echó mano a los proyectos existentes en el Congreso para reglamentar la participación argentina en el bloque, presentados por Ernesto Landau y el mendocino Guillermo Carmona, entre otras iniciativas al respecto.

Pero como “la política es el arte de lo posible” (tal la frase a la que apelaron varios de los dirigentes consultados para esta nota y que optaron por un estricto off the récord) el mito se está volviendo realidad.

Hay argumentos técnicos

La idea quedó sobrevolando el espacio mediático cuando Juliana Di Tullio, la jefa de los diputados del FPV y Julián Domínguez, precandidato presidencial y titular de la Cámara baja de la Nación, salieron a decir que ven con buenos ojos que Cristina Fernández vaya ern la boleta, aunque han descartado forzar un cambio constitucional. El que ató cabos rápidamente fue el periodista Jorge Fernández Rojas, desde su sitio en Internet.

Pero además aparecieron datos técnicos que sustancian la posibilidad de que, al menos, se esté pensando en elegir en las elecciones de 2015 a los representantes argentinos ante el Parlasur mediante voto popular: la Argentina tiene tiempo hasta 2020 para reglamentar y poner en marcha su mecanismo de elección de los mercopalamentarios. Hasta ahora, sólo lo ha hecho Paraguay. Y el resto de los participantes son enviados por sus parlamentos, sin consulta con la sociedad. Con ese vencimiento vigente, con el Mercosur desorientado e intentando ser reflotado por países cuyos gobiernos coinciden en que hay que hacerlo, o se eligen los mercoparlamentarios en 2015 o en 2019, las dos opciones existentes.

La Argentina debe enviar 26 representantes. Hay dos líneas propuestas en el Congreso y en enero último se manifestó la intención de conciliar ambas tendencias para poder reglamentar un proyecto este año. No hay, sin embargo, ninguna acción en agenda. Pero bastaría no una orden de la Casa Rosada, sino tan solo un gesto para motorizar un rápido tratamiento y los números acompañaría para una sanción casi automática.

La oportunidad política para el oficialismo

Cristina Fernández de Kirchner ha logrado “malvinizar” el discurso. Más allá de que se acepte que el desgaste de 12 años de gobierno han afectado notablemente las chances del oficialismo de continuar gobernando, la imagen personal e intransferible de la mandataria es todavía superior al 40 por ciento. En Mendoza, de hecho, conservadora y esquiva como es la provincia, tiene un 37 por ciento de aceptación, aun cuando el radical Julio Cobos, identificado como su “hiperadversario”, arrasó en las últimas elecciones con el kirchnerismo.

La Presidenta está capitalizando el “Patria o buitres” y sus ataques a Estados Unidos generan en la sociedad -aun en los que no son fanáticos suyos- una evocación nacionalista que llama “a la unidad” y que antepone ese principio etéreo, pero movilizador, a cuestiones más racionales y palpables como podrían ser inflación, dólar, desocupación. Los expertos en marketing político saben que cuando el terreno de una campaña electoral se juega sobre situaciones pasionales o imaginarios muy sólidos, se hace difícil revertir la tendencia.

¿Puede ser esa la apuesta del kirchnerismo? Los dirigentes más afines a la Casa Rosada están esperando una señal, pero desconfían del runrún actual. Surgido desde las usinas del bonaerense Daniel Scioli, la idea parece ser un “puente de plata” entre el sciolismo y Cristina Kirchner en un intento más por conseguir que la Presidenta lo mire sin el desdén habitual y, de una vez por todas, lo bendiga, ya que le lleva 30 puntos de ventaja al kirchnerista más cercano, Florencio Randazzo.

Para Cristina significaría "un salto hacia arriba": escenario internacional,  roce con ex mandatarios, tribuna regional, prestigio y agenda garantizadas tan solo por el hecho de ser parte del Parlamento Latinoamericano al que, por otro lado, el hecho de contar con una ex mandataria en su seno resultaría mucho más que un pullmotor, para sí y para todo el Mercosur.

...Y la de la oposición

Si para el oficialismo lo que fue un mito puede comenzar a corporizarse, el terreno de las especulaciones puede ser (¿por qué no?) un terreno fértil para la oposición también. 

Sabido es que mientras el macrismo y UNEN escenifican una interminable pelea pública por desmentir, a diario, que vayan a ir juntos, por dentro se producen pases de dirigentes con la misma habitualidad y, además, centran en voz baja la discusión de fondo, que es en qué lugar va a quedar el representante de cada partido y de quién será el candidato a presidente, de quién el vice, si pondrán a algún “referente ético” en la Procuración General para que comande a los fiscales y ahora tendrían un lugar de lucimiento más para negociar.

¿No resultaría en este esquema ideal para reeditar el escenario más pelémico y político que generó la última década, con Cristina Fernández de Kirchner por un lado y Julio Cobos por el otro? ¿No resultaría, acaso, una válvula de escape para todas las fuerzas opositoras poder ubicar a uno de sus principales contrincante, como es el ex vicepresidente de las épocas de la Resolución 125, en un cargo tan relevante?

En el kirchnerismo la especulación (y hoy es tan solo eso, ya que los radicales porfían en que no se bajan de ninguna aspiración) primero genera un gesto adusto que prontamente se torna en una sonrisa pícara: política, disputa, polos opuestos. “Patria o buitres”, dicen. Y les encanta ya no solo la idea de tener a Cristina en una boleta junto a Scioli o quien sea, sino a Cobos del otro lado.