Todos miran a De Vido: un libro del 2007 lo anticipó todo
El periodista Alfredo Leuco le ganó, el domingo, la primicia a Jorge Lanata. pero Leuco lo escribió en un diario impreso, Perfil, y Lanata lo mostró en su show periodístico por TV, por lo que se quedó con el rédito.
Ambos trataron de instalar una pregunta básica: ¿cuál es el rol de Julio De Vido en el gobierno kirchnerista, una década después?
Leuco señaló que "desde hace 25 años Julio De Vido cobra un sueldo del Estado kirchnerista y, sin embargo, vive como un excéntrico magnate berlusconiano. No se priva de nada". Abundó en detalles sobre su estilo de vida:
La chacra número 9 de Puerto Panal Farm Club es famosa por sus 39.500 metros cuadrados. Los vecinos de Lima-Zárate se quejan cuando el ministro baja del helicóptero que lo traslada desde la isla Demarchi y rompe el clima bucólico. Según su declaración jurada, ese paraíso que tiene hasta embarcaderos en la costa le costó en 2007 apenas 162 mil pesos, pero reconoce que se hicieron mejoras por más de un millón.
Figura a nombre de su esposa, Alessandra Minnicelli, y además de contar con lago propio, puentes, glorieta, cancha de fútbol y caballeriza, se convirtió en un sofisticado zoológico con tecnología de última generación. Un déjà-vu de la quinta de Olivos cuando la habitaba Menem. Animales criados desde bebés, como los faisanes, conviven con pavos reales, tucanes, papagayos. Tiene hasta un palomar inteligente que se maneja por computadora, al igual que el aire acondicionado que disfrutan cientos de canarios de raza que tienen una edificación en la que podrían vivir cómodamente un par de familias. Ni hablar de los bonsáis y los humidificadores inteligentes.
La sobriedad de don Julio en funciones se desvanece cuando llega en su camioneta Toyota Prado (también a nombre de su mujer) y se desenchufa. Es humanamente valioso que no se fije en gastos para cuidar a Chela, su madre enferma, que tiene 88 años. Lo lamentable es que el traslado de enfermeras y terapistas que rotan las 24 horas sea pagado por todos los argentinos. El Ministerio de Planificación tiene más de setenta autos a disposición. Algún fiscal tal vez quiera corroborar que en la calle Alsina al 1400 hay una empresa que presta esos servicios. Hay facturas truchas de autos que hacen 1.800 kilómetros por día.
El día después
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En el análisis del portal Diario sobre Diarios se destaca que la prensa escrita se encargó de poner en ojo las "revelaciones" sobre el ministro Julio De Vido, el "pedido" de Jorge Lanata a CFK y la denuncia de un banco no identificado a la Unidad de Información Financiera (UIF) por un Reporte de Operación Sospechosa (ROS) alcanzó el cénit de los portales.
Señala que el matutino de mayor venta extendió la información de su edición impresa y denunció que "un banco" –cuyo nombre no detalló- le envió a la Unidad de Información Financiera (UIF) un Reporte de Operación Sospechosa (ROS) que tenía como protagonista a la empresa Invernes, manejada por el financista Ernesto Clarens. Aclara que esto sucedió el 11 de noviembre de 2008.
En La Nación, en tanto, apuntaron a "De Vido, acusado de cobrar coimas y ser 'el cajero' del kirchnerismo". Siempre destacando la versión del programa, alertó que "Según el informe de PPT, el funcionario de Planificación habría cobrado sobornos a empresas de obras públicas en su gestión durante la función del ex presidente como gobernador en Santa Cruz".
Sin hacer esa distinción, el sitio del canal de noticias TN elevó que "Periodismo para todos reveló los numerosos contratos de obra pública adjudicados desde el Ministerio de Planificación que comanda Julio De Vido a varias de las empresas que tiene el empresario kirchnerista Lázaro Báez, en Santa Cruz".
El Cronista, en la misma sintonía, optó por construir "los favores del ministro De Vido", en el que "apareció anoche como uno de los protagonistas de la denuncia de desvío de fondos y lavado de dinero que involucra al empresario Lázaro Báez".
Perfil, en tanto, apuntaron a "El pedido de Lanata a CFK". Desplazó el eje a su sitio de espectáculos Exitoína, en el que se leyó que el periodista "le pidió a Cristina Fernández que si era mentira lo que habían denunciado en el programa, se lo diga a la gente.
El libro
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La sutil objeción impactó, a mediados de 2006, en los oídos de uno de los lobbistas más importantes que tiene la Argentina: Alejandro Macfarlane, presidente de Edenor, ex director de Repsol YFP, hábil negociador que supo plasmar en el mundo empresario, ya desde los tiempos de Carlos Menem, sus dotes de estratego medio scrum de los Pumitas y de la primera división de rugby de Belgrano Athletic. El latigazo venía de De Vido, que no podía entender cómo Macfarlane, a quien consideraba su amigo y cuya casa había visitado varias veces, había recurrido al entonces secretario de Finanzas de Felisa Miceli, Alfredo MacLaughlin.
Hasta el escándalo de los billetes en el baño de su oficina que la expulsaron del Palacio de Hacienda, Miceli fue considerada siempre una enemiga por los hombres de De Vido. Claudio Uberti, otro de los exonerados por valijas indiscretas, nunca escondió este encono en conversaciones ante empresarios.
Ese día no hubo caso. Macfarlane le explicó a De Vido que se trataba de un tema de finanzas, probablemente relacionado con la salida de Edenor a la Bolsa de Nueva York, y que por esa razón había decidido contactarse con MacLaughlin, el hombre que se encargaba de esos temas en el organigrama oficial, y que tiempo después ocupó un cargo en el directorio de Pampa Holding, el grupo que controla Edenor. Nada que hacer. De Vido no lo entendió y se lo recordó por un buen tiempo. El kirchnerismo es así: se habla con el soberano o con su corte o, sencillamente, no se habla con nadie. [...]
Edenor es una empresa de servicios públicos, un sector que el gobierno de Néstor Kirchner juzgó siempre casi como propio. Macfarlane es uno los hombres mejor informados de la Argentina, y se acercó a De Vido durante sus años en Repsol YPF y, tiempo después, a través del banquero Jorge Brito, dueño del Banco Macro. Macfarlane fue director de la entidad financiera y se hizo amigo de Brito. A Brito, en cambio, le costó más esfuerzos que el Gobierno olvidara los años en que había tenido, como la mayoría de los banqueros de la Argentina, una fluida relación con Carlos Menem.
En realidad, De Vido nunca discriminó, como podría pensarse desde lejos, a ningún funcionario o empresario de labor destacada en los 90. Acaso porque el único jefe que reconoce, Néstor Kirchner, fue el más menemista de los gobernadores en aquellos años. ¿Cómo podría explicarse, de otro modo, la recurrente colaboración que desde el Gobierno se le pidió desde el comienzo a Roberto Dromi, un tótem de la obra pública noventista y las privatizaciones?
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El ministro y su mentor habían soñado siempre con meter la nariz, y si fuera posible ambas manos, en todas las empresas de servicios privatizados. Edenor es una de ellas. Repsol YPF también. Era esa la razón por la que los muchachos de Santa Cruz sienten, acaso como anticipándose a un proceso cuyos alcances y finalización están todavía lejos, que todo ese sector les pertenece de algún modo. "Quieren quedarse con toda la energía del país", oímos alguna vez en lo más alto de la Unión Industrial Argentina (UIA).
¿Hasta dónde llega la libertad operativa empresaria en la Argentina? En agosto de 2007 Edenor tuvo que aclarar a los periodistas un conflicto menor, pero acaso ilustrativo del tema que nos ocupa. Nadie podía quitarle de la cabeza a Alberto Devoto, ex secretario de Energía de Eduardo Duhalde, que su contrato de consultoría con Edenor para la revisión tarifaria integral se había terminado por razones profesionales,absolutamente distantes de una crítica nota que el analista había escrito en el diario LA NACION. Devoto, hombre del ex ministro Roberto Lavagna, decía en el texto que el Gobierno ya no podía echarle la culpa de la crisis energética al pasado. Edenor dijo después que el contrato de Devoto estaba tercerizado, que el vínculo con la compañía se había dado a través de una consultora, y que la decisión no había tenido nada que ver con el Gobierno.
-Esto no tiene gollete -se exasperaron en aquellos días, cuando consultamos sobre la discusión, en la empresa de Marcelo Mindlin-. Este tipo es un perseguido.
En realidad, cierto o no, algún antecedente había. Veamos por qué Juan Llach, uno de los intelectuales más serios y respetados que tiene la Argentina, tuvo que abandonar su cargo de director independiente en Autopistas del Sol, controlada por el grupo español Abertis, después de opiniones económicas publicadas en los diarios. El requerimiento oficial no había sido esta vez de De Vido, sino de Uberti.
¿Cómo explicarle a un académico respetuoso de las instituciones, un hombre siempre valorado también por sus calidades humanas como Llach, que no podía seguir en el cargo de una multinacional por el antojo de un secretario de Estado sobre el que ya circulaban sospechas de todo tipo?
El ingeniero Luis Freixas, presidente de Autopistas del Sol, eligió el restaurante La Rosa Negra, en San Isidro, para explicarle la novedad a Llach. Pero los astros no estaban ese mediodía del lado de Freixas: en el mismo restaurante, mesas más allá, comía también Uberti, que conocía sólo de nombre a Llach y se acercó inocentemente a saludar. Freixas los presentó.
-Cómo te va. Juan José Llach, Claudio Uberti...
La cara de Uberti se transfiguró. Inmóvil, casi ni miró a Llach, hizo un gesto de disgusto y se fue.
Uberti era un soldado que se había ganado un lugar en las primeras filas kirchneristas ya desde los tiempos de Santa Cruz. "Por acá, ese piojoso ya andaba con chofer", soltó un empresario de Río Gallegos. Uberti respondía a DeVido, pero también reportaba directamente a Kirchner.
No fue la única controversia que tuvieron Freixas y Uberti. Hubo otra mucho más cruda el día en que el grupo Abertis se disponía, como lo indicaba un acta acuerdo firmada seis meses antes con el gobierno argentino, a aumentar las tarifas de los peajes.
Una semana antes de que el incremento se concretara automáticamente, tal lo pactado, Uberti preguntó en Autopistas del Sol si tenían pensado hacerlo. Las empresas de todo el mundo están acostumbradas a no consultar pasos que ya fueron acordados. Error: en la patria kirchnerista, nadie sabe hasta un minuto antes las disposiciones del poder central.
-Sí, vamos a aumentar las tarifas porque eso es lo convenido -le contestaron a Uberti en el concesionario.
El pasajero de los vuelos venezolanos era en realidad un sumiso ejecutor. Pero, hasta el episodio de la valija maldita, siempre se encargó de enrostrar su poder operativo y sus vínculos a todos sus contactos. Y no precisamente con la humildad de San Francisco de Asís.
Uberti les dijo entonces que preguntaran otra vez en Madrid, en la casa matriz, si realmente estaban dispuestos a aplicar el aumento, justo en momentos en que las tapas de los diarios, acaso el primer desvelo kirchnerista, empezaban a instalar el tema de la inflación. La respuesta española volvió a ser sí.
No fue agradable el fin de semana siguiente para Autopistas del Sol. Recibió un ejército de inspectores que husmearon absolutamente todas las instalaciones y movimientos de la compañía. Resultado: setenta multas que sumaban más de un millón de pesos por diferentes infracciones. Todo en unas pocas horas.
Desde el Órgano de Control de Concesiones Viales (Occovi) que conducía Uberti se comunicaron con Autopistas del Sol. "La próxima empezamos con vos", le advirtieron al negociador argentino. El grupo Abertis decidió entonces postergar el aumento. [...]
Parte de la cosmovisión kirchnerista sobre el universo empresario privado fue intuida, mucho antes que nadie, por Roberto Lavagna. El ex ministro de Economía se lo había anticipado en persona, ya fuera del gobierno, a Juan Carlos Blumberg en una conversación privada en el invierno de 2006. Lavagna empezaba a ilusionarse con ser candidato a presidente y, esa mañana, durante una charla que duró cerca de dos horas, profetizó ante el padre de Axel:
-El Gobierno quiere morder en todas las privatizadas. Por eso las desgasta.
Sólo un año después, la administración de Kirchner tenía ya participación o directo control en Aeropuertos Argentina 2000, Aerolíneas Argentinas, Transener, el CorreoArgentino, los ramales de trenes San Martín, Roca y Belgrano Cargas, Thales Spectrum y AySA.