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Venezuela, el apriete y el "sí, pero no" de cierta dirigencia que se hace la distraída

El silencio frente al incidente producido en Venezuela con el director de MDZ desde la reflexión del propio afectado. Las vueltas legislativas locales, las iniciativas en el Congreso y la notoria ausencia del Gobierno de Mendoza, contrastan con los mensajes de solidaridad de los lectores, los colegas y muchos desconocidos.

¿Dónde están todos?

Muchas de las personas que ocupan lugares prominentes en el Gobierno y que se preocupan por demostrar sus vínculos con el poder central, que insisten en hacerlo, inclusive, recurriendo a los periodistas en cualquier día y horario, con llamadas, correos o mensajes de texto, frente a un hecho puntual en el que esta vez pudieron intervenir, prefirieron dar un pasito para atrás, silbando bajo y haciéndose los ditraídos.

Hace unos días, este diario me envió a cubrir las instancias electorales de Venezuela que, en una jornada histórica, dejó una serie de definiciones que calarán profundamente en Latinoamérica.

En esa tarea, este periodista sufrió el acoso, interrogatorio y hasta el borrado de información que constaba en el smartphone por parte de la policía secreta venezolana.

En soledad frente a esas circunstancias, representando a un medio de comunicación argentino y de Mendoza no recibí el acompañamiento de nuestra embajada: ni de su jefe, ni de nadie a su cargo. Recurrí a Carlos Cheppi por la misma vía en la que se mostró publicamente, Twitter, sin recibir respuesta. 

El embajador tenía en su oficina mi celular y mi correo electrónico, ya que se lo había dejado a su secretaria.

Tampoco encontré respaldo en algún mendocino presente como veedor internacional. Amigos venezolanos y hasta un funcionario de Hugo Chávez se comunicó por Facebook y Twitter, requiriendo información detallada del suceso y dándome las explicaciones y la contención que no conseguí de los funcionarios argentinos.

Muchos amigos, pero fundamentalmente muchos desconocidos, me acompañaron a la distancia. Entre ellos, una porción importante de quienes saben lo que implica ejercer el periodismo en territorio desconocido y sin más aval que la propia presencia en el lugar de los hechos.

Esta vez -raro paréntesis para lo acostumbrado- no llegó ningún SMS ni llamada, aun a sabiendas de que tenía la línea abierta y de que estaba hiperconectado con las redes, como más de un funcionario lo supo al felicitar (cosa que agradezco) por esas vías por la cobertura realizada.

Amedrentado, continuar con la tarea en esas condiciones representó todo un desafío. No hay heroísmos en ello, sino que, simplemente, prima el "oficio" y, sin norte, surge efecto el acompañamiento a la distancia los afectos, profesionales, familiares y personales.

Pero al retorno queda un sabor amargo. Salvando las excepciones que son aquellos que han llegado a plantear el maltrato a periodistas argentinos en Venezuela en el Congreso, parece que el ofendido tiene que explicar "convincentemente" lo que le pasó.

A esta altura, me quedo con los abrazos recibidos al retorno en el ámbito familiar y laboral, con el saludo de colegas mendocinos, del país y del exterior; de los vecinos y amigos y de muchos lectores que comprenden que en este tipo de situaciones no cabe el fanatismo político: la toma de posiciones es por el respeto de los derechos humanos.

Uno puede tener un altísimo porcentaje de diferencias con quienes tienen la responsabilidad de gobernar Mendoza o el país. Pero está más que claro que en caso de que una mínima porción de sus libertades quede suspendidas, contarán con el 100 por ciento del apoyo y la solidaridad.

A los que tanto parlotean esta vez les pareció que "el silencio es salud". Refugiados en sus seguridades laborales o políticas, les pareció correcto hacerse los distraídos con un "aquí no ha pasado nada".

En los próximos días Mendoza encabezará una misión oficial a Venezuela. Allí tendrán la oportunidad de dejar sentada la defensa de sus ciudadanos y de dejar en claro con valetía que en esta tierra cosas como las que sucedieron allá no pasan y, de suceder, se sancionan por las vías correspondientes.

Va a ser necesario que quienes representen a Mendoza en Venezuela sepan y dejen en claro que aquí se respetan los derechos de todos. Para hacerlo, deberían poder dar el ejemplo y sentirse seguros de lo que hacen.

Ya sabemos que a nivel nacional no supieron o quisieron hacerlo. Habrá que ver hasta dónde llegan los valores y principios con los que tanto se llenan la boca a la hora de plantarse frente al micrófono de un periodista.

Y finalmente, un mensaje a los legisladores provinciales: muchas gracias, pero no tengo nada más para contarles.

Como todo el mundo sabe, un periodista cuenta lo que pasa en el medio para el que trabaja y así lo he hecho en reiteradas oportunidades en lo que se refiere al "apriete" sufrido en el ejercicio de mi labor.

Un legislador muestra lo que piensa por los proyectos que se discuten y aprueban (o cajonean o rechazan, por cierto) no por las gacetillas que envía o por las fotos que distribuye. Si les parece que les corresponde opinar sobre lo sucedido a un ciudadano de Mendoza, háganlo. Si no, muchas gracias igual. Todos tenemos mucho trabajo que hacer por delante.