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El triunfo K rionegrino, ¿aun a costa de sus propias banderas?

El kirchnerismo festeja el triunfo del duhaldista Carlos Soria en Río Negro. Se trata, nada menos, que un personaje que pone en cuestionamiento todos los principios sobre los cuales el Planeta K dice sustentarse. Puede ser una señal de debilidad de la nueva etapa de Cristina que se iniciará, casi indefectiblemente, en diciembre. O el reacomodamiento en el viejo cauce movimentista que todo lo permite.

Un periodista con llegada a la Casa Rosada como es Mario Wainfeld sintetiza con claridad por qué prima el pragmatismo en el Gobierno a la hora de festejar el triunfo del duhaldista devenido K Carlos Soria en Río Negro. Sostiene en Página/12, hoy, que "para la Casa Rosada, la diferencia entre un radical K (el batido aspirante César Barbeito) y un kirchnerista de la última hora (como Soria) es entre relativa y nula. Su principal objetivo, contar con interlocutores no conflictivos en las provincias, parecía estar garantizado en cualquier caso".

Este utilitarismo de la política está a un abismo de distancia de las banderas que flamearon desde su nacimiento en el Planeta K, aquellas que nos indican el revisionismo del pasado reciente al extremo de atribuirse todos los triunfos sociales, la recuperación de la democracia y hasta que dejan en ridículo el Juicio a las Juntas Militares con su discurso fundacional.

Juega, además, con la mística militante generada alrededor de una propuesta que surgió para dejar a los del pasado, en el pasado y de ampliar su base a sectores diferentes que, en muchos casos, hasta estuvieron enfrentados a algunas de los avatares que asumió el peronismo según la época.

Por eso el triunfo de Soria no es un dato menor para el kirchnerismo: es una bisagra con la que se vuelve a poner en valor un espíritu del que el propio Néstor Kirchner evitó hablar, el "movimentista", ese que le permite ser de izquierda y derecha al mismo tiempo.

Así, mientras Wainfeld apela destacar que Cristina tendrá un gobernador "no conflictivo", un colega del mismo diario, como es Horacio Verbitsky, pintó a Soria de cuerpo entero en su columna dominical, aun antes de conocerse su triunfo.

"Soria es conocido por su desempeño en la SIDE durante el interinato presidencial de Duhalde. Desde allí amenazó a una docena de jueces federales con el juicio político si no encarcelaban a un ex ministro de Economía y tres banqueros, para echarlos a la hoguera como únicos culpables de la crisis. Además ordenó espiar a la entonces senadora Cristina Fernández y a su esposo gobernador de Santa Cruz, y denunció un fantástico complot para poner el país patas para arriba, con lo que se preparó el clima para el asesinato de Kosteki y Santillán. Hasta octubre de 2010 juró lealtad a Duhalde", consignó Verbitsky.

Página/12 ayer publicó una foto de Soria compartiendo una cena con Erich Priebke, en Bariloche. "Esa imagen -advirtió, sin embargo, el diario Río Negro- es anterior a 1994, cuando se revelaron sus crímenes y Priebke dejó de ser el vecino ejemplar que veía en él la mayoría de la sociedad barilochense".

Verbistsky atacó en su columna a quienes tomaron la decisión de impulsar a Soria a la gobernación, sin dejarse tentar por hablar de la foto del ahora gobernador electo con el criminal de guerra nazi. "Pueden parecer pragmáticos quienes arman listas con el ojo puesto en las encuestas. Pero si no calculan también los daños colaterales, la campaña puede servir para deslegitimar un proyecto nacional, a cambio de una posible ganancia en provincias menores", señaló el domingo.

Como están las cosas, montarse sobre un radical acomodaticio o sobre un duhaldista que ha sido acusado de no respetar los Derechos Humanos representa un reroceso del proceso iniciado en 2003 o, en todo caso, de un reacomodamiento del kirchnerismo sobre el cauce tradicional del Justicialismo.

En cualquier caso, una lectura posible es que existe una gran debilidad en la tan protagónica fuerza propia. Tanta, que deben arriarse las banderas y guardarlas para otros actos, lugares o circunstancias.

Si cualquier micro deja bien al kirchnerismo, en definitiva, lo que se estará consolidando es el poder conservador de las provincias -la base del país federal- con tal de permitir que se siga sosteniendo un discurso nacional de cambio, pero dejando la instrumentación fáctica de esos cambios en manos de gobernadores a los que poco les importa profundizar el discurso nacional.