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Fidelidad a Cristina frente a una oposición swinger
El pueblo habló en las urnas, en el primer test rumbo a la "verdadera" elección presidencial, que se realizará el 23 de octubre. La primera impresión una vez cerrados los colegios electorales, a cargo del director de MDZ, Gabriel Conte.
Ricardo probó con Hermes. No le gustó. Probó con Margarita y dejó. Se fue con Francisco. No le fue bien. Pero los dos van a decir por separado que la culpa es del otro, como siempre pasa.
Pino se juntó con Hermes y Margarita. Le pareció feo. Jugó solo y no logró satisfacer los requisitos básicos. Bien se lame.
El Adolfo jugó a dos puntas y lo descubrieron. Probó con la mamá de Fort y su hermano, El Alberto, jugó en la granja mendocina dejando un despiplume.
El Cabezón vino a Mendoza y trató de que Pepe y Cristian se quieran. No lo consiguió: creó una relación forzada que terminó transformando lo que pudo haber sido en una canción de amor, en un clásico de Pimpinela.
No funcionó la oposición. Se abatató en la primera oportunidad de apropiarse de una reforma política que le permitía dirimir sus asuntos internos con la opinión de toda la sociedad. Porque las reformas son para usarse, no para declamarlas y después arrojarlas a la basura.
Así, lo de estas Primarias, terminó siendo el triunfo de la fidelidad: ¿por qué cambiar a Cristina por algo peor, aun no queriéndola?
La Presidenta transmitió un mensaje único: “La tengo clara”. Podrá acusársele de soberbia y encriptada, pero su triunfo, finalmente, es el de la fidelidad de los que la siguen para con ella y de ella con sus ideas y su proyecto de país.
Ganó Cristina, por cierto. Pero fundamentalmente perdió una oposición que no está, todavía, a la altura de las circunstancias.
Así y todo ahora viene el replanteo definitivo para el 23 de Octubre, fecha en que este ensayo general se volverá una obra sobre el escenario de la democracia.
Ella (y Él, por cierto) son los auténticos ganadores. ¿Podrá la promiscuidad opositora corregirse en tan poco tiempo, hasta el punto de que el cariño que se lleguen a prometer se transforme en amor verdadero?
Así, lo de estas Primarias, terminó siendo el triunfo de la fidelidad: ¿por qué cambiar a Cristina por algo peor, aun no queriéndola?
La Presidenta transmitió un mensaje único: “La tengo clara”. Podrá acusársele de soberbia y encriptada, pero su triunfo, finalmente, es el de la fidelidad de los que la siguen para con ella y de ella con sus ideas y su proyecto de país.
Ganó Cristina, por cierto. Pero fundamentalmente perdió una oposición que no está, todavía, a la altura de las circunstancias.
Así y todo ahora viene el replanteo definitivo para el 23 de Octubre, fecha en que este ensayo general se volverá una obra sobre el escenario de la democracia.
Ella (y Él, por cierto) son los auténticos ganadores. ¿Podrá la promiscuidad opositora corregirse en tan poco tiempo, hasta el punto de que el cariño que se lleguen a prometer se transforme en amor verdadero?