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Adaro en la picota de “cuatreros”, “distinguidos” y los que se cuelgan de los libros de Aída K.

Se debate lo superficial y no las cuestiones de fondo que hacen al funcionamiento de una Justicia que, todavía (y a pesar de los esfuerzos) no está cercana a la sociedad. Lo peor es que esa discusión se asemeja a una ficción cuando uno escucha a los contendientes. La pelea por el "sí" o el "no" a Adaro y los argumentos utilizados en su contra.

La nominación de Mario Adaro para integrar la Suprema Corte de Justicia generó tres reacciones principales:

La primera: la de aquellos que creen que la Corte es una torre de marfil y que, por lo tanto, sólo algunos elegidos pueden llegar a subir hasta la cima.

La segunda: la de los que aceptan que así son las reglas de juego y entienden que “el elegido” que debe llegar al alto tribunal tiene impulsores y promotores humanos y no divinos y, por lo tanto, aceptan que Adaro pueda ser ministro de la Corte.

La tercera: de los que tienen algún problema con Adaro, con su impulsor –Celso Jaque- o que ven en el tema una oportunidad para subirse al escenario político y/o mediático.

Así planteadas las cosas, Adaro se revuelto en su propia salsa: un mar de discusiones, con la misma virulencia con las que él mismo actuó desde su cargo de ministro de Gobierno vía Twitter.

La decisión, entonces, la tienen los que secretamente le deben dar bolilla blanca o negra, haciendo uso de un mecanismo todavía más perverso que cualquier perversidad que le pueda adjudicar al postulante: el secretismo absoluto.

Ésta, es una de las mañanas en las que se respaldan, con comodidad, los legisladores que deben determinar si “pasa o no”, ya que no deben dar explicaciones.

En la víspera de esa circunstancia decisoria en la Legislatura, el tercer grupo echó a rodar su carrada de bronca contra el nominado.

Pero no convencen y eso es lo malo de un debate mal planteado. La discusión sobre Adaro sí, Adaro no” podría ser una buena ocasión para rediscutir en torno a la selección de los magistrados; sobre su remoción –que, como hemos visto en casos paradigmáticos como el de la fiscal acusada de robarse un celular en Palmares- resulta un engorro; sobre su rendimiento y edad útil, entre otros temas cruciales.

Pero no.

Preguntado el titular de una de las CGT, Jorge Córdova, en torno a sus cuestionamientos a la nominación, respondió que “primero, hay que pedirle el analítico” y “que un escribano certifique cómo actuó en cada juicio que llevó adelante como abogado”.

Anoche, en declaraciones que formuló al programa Cenas de Gala de Cacho Bouza (ese espacio en el que los invitados hablan con tanta libertad que a veces se olvidan que los están escuchando y, por lo tanto, dicen cosas que no dirían en otro lado) dio a entender que Adaro es bruto, maleducado, ciclotímico, desleal y hasta mentiroso. “Una persona que en el mismo día llora, grita y se ríe a carcajadas, ¿qué es?”, dijo el dirigente sindical.

Pero el dicente se autocalificó como un “cuatrero”. “Mi viejita que está viva no me va a dejar mentir: fui ´cuatrero´, nunca fui un buen estudiante”, confesó Córdova, el mismo que le reclama al ministro estar “flojo de papeles” para entrar a la Corte.

En el rejunte que le baja el nivel al debate, apareció esta mañana el diputado radical Roberto Infante. Entrevistado en nombre de su bloque por radio Noticias, el lujanino dijo, al promediar la charla que, al final, lo que estaba diciendo era “a tono personal”.

“No, no, la verdad que no tengo a nadie para proponer”, dijo cuando le consultaron si, ya que piden que se retire el pliego de Adaro de la Legislatura, que diga qué otras personas pueden ser candidatas a la Corte. “Tiene que ser alguien distinguido… pero, no sé, debe haber mucha gente distinguida para proponer para la Corte”, tartamudeó el diputado, quien insistió en el latiguillo de compararlo con Aída Kemelmajer, la jueza que le dejó la vacante.

Le preguntaron entonces si lo que estaba haciendo el radicalismo es defender la calidad de la Corte o peleando contra el gobernador Jaque: “Y… siempre que uno ve las cosas tiene algo que ver Jaque”, largó, enterrando cualquier posibilidad de levantar la puntería en la discusión.

Por cierto, no se les movieron los labios durante las audiencias públicas para la designación de Carlos López Puelles como director general de Escuelas ni de Joaquín De Rosas como Fiscal de Estado.

Finalmente, la embestida del jefe de los empleados judiciales, Carlos Ordóñez: “Adaro es un Citröen y Kemelmajer un Mercedes”, le dijo a radio Nihuil. Pero el planteo del sindicalista ¿responde a un debate sobre la calidad del Poder Judicial que él integra? ¿O está vinculado a sus diferencias internas con un aliado de Adaro, el dirigente nacional de los judiciales Julio Piumato?

En definitiva, Adaro podrá tener o no capacidad para integrar la Corte y la Justicia mendocina estará o no a la altura de los requerimientos que la sociedad plantea. Pero eso no es lo que está en debate, lamentablemente. Los que tienen la voz para discutir esos temas se han metido en cosas chiquitas con una vehemencia que tapa los grandes asuntos de Mendoza de los que debiera ocuparse la política.