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Aprender de la historia


En mi última contratapa expresé mi enorme tristeza por lo que acababa de hacer la Legislatura de Córdoba: quitar el nombre de Agustín Tosco a una avenida, a pesar de que ese nombre había sido votado meses atrás por la totalidad de los representantes de la ciudad de Córdoba. De inmediato me llegaron una cantidad de adhesiones a mi propuesta de no llevar a cabo esa medida de la Legislatura y que esa calle ancha llevara siempre el nombre de ese cordobés modelo del pueblo: Agustín Tosco. Por supuesto, los primeros de esos apoyos fueron del padre de nuestros ferrocarriles, el ferroviario e historiador Juan Carlos Cena, y de docentes de la universidad neuquina, encabezados por Edgardo Datri. La mano abierta del coraje civil y la generosidad ciudadana.

Pero no me llegó ninguna respuesta de los responsables que tomaron esa medida: la mudez, el mirar para otro lado, el “no lo leí”. Cuando el debate es el que crea las bases democráticas de la opinión. En una verdadera democracia no hay que tenerle miedo a la discusión: el escuchar la opinión de los otros. Lo desafié al diputado Passerini –impulsor de que la medida se tomara sobre tablas, evidentemente para evitar que se iniciara un debate de todo el pueblo– a un encuentro público en Córdoba para hablar sobre la figura de Agustín Tosco y el porqué la Legislatura se había basado en un argumento tan burocrático para modificar el nombre de esa avenida. El legislador Passerini no me respondió. Tampoco ninguno de los representantes de la Legislatura se dio por aludido. Pasó a ser aquello de: “sobre eso no se habla”.

En este sentido le propongo nuevamente al legislador Passerini el debate público, con historiadores que hayan estudiado a fondo el tema del Cordobazo y la conducta de Tosco en toda esa época, su prisión en las dictaduras militares y su persecución indigna por las Tres A. Y le repito al legislador Passerini que siempre, siempre, en la Historia triunfa finalmente la Etica. Le pongo por ejemplo lo que ocurrió con la represión de las huelgas patagónicas de los años ’21 y ’22. Pasaron noventa años de los fusilamientos de peones rurales.