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Una declaración y señal previa del alumno marca un giro en la investigación y pone el foco en el entorno familiar

Nuevos testimonios y confesiones ante la justicia descartan la teoría del bullying. "No tuve valentía para quitarme la vida y empecé a disparar", confesó el menor ante su abogado.


La investigación por el crimen ocurrido en la Escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, dio un giro determinante en los últimos minutos. Lo que inicialmente se especuló como un caso de acoso escolar, derivó en una trama de conflictos familiares profundos y un intento de suicidio fallido que terminó en un asesinato.

El adolescente de 15 años ingresó al establecimiento este lunes poco antes de las 7.15 de la mañana. Llevaba una escopeta recortada —propiedad de su abuelo materno— oculta bajo una campera. Según el relato de sus propios compañeros, el joven entró por una puerta lindera, se sentó con total normalidad y comenzó a jugar con su celular junto a ellos. Minutos después, se dirigió al baño, cargó el arma y comenzó a disparar de forma errática.

"Sorpresa": el grito antes del disparo mortal

Testigos presenciales detallaron que el ataque no parecía tener objetivos precisos. Sin embargo, en un momento de máxima tensión, el agresor gritó "¡Sorpresa!" antes de efectuar el disparo que terminó con la vida de un menor de 13 años.

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El arma homicida que cargaba el menor de 15 años.

Las señales que nadie advirtió: autolesiones y confesión

La Justicia puso la lupa sobre la salud mental del atacante. Sus compañeros señalaron, y los peritos confirmaron, que el menor presentaba marcas de cortes en sus brazos, indicios claros de conductas autolesivas previas al ataque.

El dato más contundente surgió de la declaración del menor a su abogado: el joven aseguró que llevó la escopeta al colegio con el propósito original de quitarse la vida. Al no tener la "valentía" para hacerlo, comenzó a disparar contra los demás alumnos. Con esta declaración, la hipótesis del bullying queda descartada, ya que el propio agresor afirmó no sufrir acoso por parte de sus pares.

El entorno familiar: un arma de caza y una crianza fragmentada

El arma homicida, una escopeta recortada, pertenecía al abuelo materno, quien posee la portación legal y la utilizaba para actividades de caza. La duda de los investigadores se centra ahora en el momento exacto en que el menor tomó posesión del arma y la falta de resguardo por parte de los adultos.

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El alumno que efectuó los disparos tiene 15 años.

Asimismo, la investigación sobre el entorno familiar reveló una compleja red de vínculos:

  • Relación materna: se detectaron conflictos severos y una falta de relación constante entre el menor y su madre.

  • Vínculo con la víctima: un dato desgarrador surgió tras las entrevistas vecinales; el atacante no había sido criado totalmente por su madre, sino ocasionalmente por la tía del niño de 13 años al que terminó asesinando, lo que añade una capa de tragedia personal al vínculo entre las familias.

El futuro judicial del menor

Bajo la nueva Reforma de la Ley Penal Juvenil, el adolescente de 15 años es plenamente judicializable. Aunque no podrá recibir una condena a prisión perpetua, se enfrenta a una pena máxima de 15 años de prisión. Actualmente, el foco está puesto en las peritajes psicológicos definitivos y en la posible responsabilidad penal del abuelo por la guarda del arma de fuego.