El caníbal de Daireaux: la escalofriante historia del hombre que descuartizó a su padre y preparó un guiso con sus vísceras
Raúl Ernesto Piñel, mejor conocido como "el caníbal de Daireaux", se convirtió en uno de los parricidas más siniestros del país.
Raúl Ernesto Piñel, mejor conocido como el caníbal de Daireaux.
XEn el invierno de 2008, el pueblo de Daireaux, al oeste de la provincia de Buenos Aires, se convirtió en escenario de uno de los más macabros de la historia argentina. Un parricidio cargado de violencia, resentimiento y sacudió para siempre la tranquilidad del humilde barrio Don Cándido. Desde entonces, el nombre de Raúl Ernesto Piñel quedó asociado a uno de los casos más perturbadores del siglo XXI: el Caníbal de Daireaux.
La espeluznante escena fue descubierta por un vecino del barrio que tocó la puerta de la casa de Raúl Prudencio Piñel, un hombre de 57 años que vivía solo, apartado, y abandonado por su familia tras años de violencia y maltrato. Sin embargo, quien abrió la puerta no fue él, sino su hijo Raúl, quien era conocido en el pueblo por sus antecedentes penales y una condena por robo calificado.
Sangre, sonrisas y una frase que lo dijo todo
Lo primero que llamó la atención fueron las manchas de sangre detrás suyo, sobre la pared. Lo segundo, la sonrisa helada con la que lo recibió. Inmediatamente, el hombre dio aviso a la Policía. Los efectivos arribaron a la vivienda y se encontraron con el joven con las manos manchadas de sangre y con un olor putrefacto que salía de la casa.
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Sin embargo, una frase confirmó lo peor. “Ahora lo tengo bien adentro”, dijo Piñel, haciendo alusión a su padre. El cuerpo de Prudencio había sido descuartizado, y partes de sus restos estaban distribuidos por toda la casa. Algunos trozos ardían sobre una salamandra, mientras que las vísceras yacían en el piso de la cocina. Por otro lado, el informe forense reveló que Raúl se comió porciones del corazón y de los riñones de su propio padre.
La macabra secuencia del crimen
Aquel domingo frío y tranquilo en el barrio Don Cándido, Raúl Ernesto Piñel aprovechó una salida transitoria del penal de Urdampilleta para visitar a su padre. El hombre de 33 años se hizo presente en la casucha de ladrillo con la excusa de cocinarle algo; sin embargo, su verdadero plan era otro.
Si bien no se conoce con exactitud la charla entre padre e hijo, en las calle de Daireaux se comenta que el caníbal le habría pedido plata a su papá para comprar droga. La negativa de Raúl Prudencio habría sido el desencadenante de una discusión que puso fin a su vida. Piñel agarró un cuchillo tramontina, degolló a su padre y luego lo descuartizó.
Se dictaminó que el caníbal sufría de síndrome delirante y que era paranoide, demente y esquizofrénico, por lo que quedó internado en un instituto neuropsiquiátrico, ubicado en la Unidad 34 del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), en la cárcel de Melchor Romero, La Plata.
El crimen de Raúl Prudencio Piñel continúa siendo recordado por su brutalidad. En este caso, el horror no llegó desde las sombras ni desde algún asesino desconocido, sino desde adentro de una misma familia. Fue su propio hijo quien cocinó la venganza que terminó con su vida.