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Doble filicidio en Uruguay: cómo fueron las últimas horas del jockey que secuestró y mató a sus hijos

El expediente revela el derrotero de un joven padre de Mercedes, su historial en el turf, la denuncia previa por violencia y lo que desembocó el doble filicidio

Dentro del auto también hallaron el cadáver de Andrés Morosini Rechoppa, padre de los menores. 

Dentro del auto también hallaron el cadáver de Andrés Morosini Rechoppa, padre de los menores. 

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La ciudad de Mercedes, quedó atravesada por una historia que parece increíble por su crudeza y por la cadena de señales que no alcanzaron para evitar el final. Andrés Morosini, de 28 años, fue encontrado sin vida dentro de su auto junto a sus hijos, una niña de 2 y un niño de 6. Un filicidio que conmovió a Uruguay.

La cronología reconstruida por fuentes del caso ilumina sus últimas horas, su entorno laboral y su vínculo con el mundo del turf. También expone decisiones judiciales recientes y un recorrido que, de acuerdo con los investigadores, no fue casual: el arroyo Don Esteban, escenario del hallazgo, era un sitio que él conocía de cerca.

Un jockey entre dos mundos

Morosini trabajaba como peón en la construcción, al igual que su padre. Al mismo tiempo, mantenía una relación intensa con los caballos. Nació y creció a metros del Hipódromo Viera y Benavídez. Con los años se subió al partidor y se presentó como jockey en competencias de la zona. Había comprado meses atrás un cuarto de milla con la ilusión de correrlo. En el ambiente hípico, sin embargo, su carácter despertaba resistencias. Lo describían como alguien difícil, con reacciones que lo alejaban de la disciplina profesional.

Ese mismo perfil lo dejó un año afuera de las pistas por sanciones de conducta. Días antes del desenlace, compañeros del stud relataron un intento de suicidio dentro de las instalaciones del hipódromo. Lo encontraron a tiempo y lo auxiliaron. El dato reforzó la preocupación de varios allegados, que hoy se preguntan si aquella señal pudo haber cambiado el curso de lo que vino después.

La denuncia que encendió una alarma

En el barrio, Morosini y su expareja vivían muy cerca. Apenas dos casas los separaban en Mercedes, a unos 280 kilómetros de Montevideo. Ella, Micaela Ramos, convivía con Alfonsina y Francisco, los dos hijos que compartían. Cinco días antes de la búsqueda del vehículo, Ramos acudió a la Justicia y denunció violencia. El juzgado estableció una prohibición de acercamiento de 50 metros respecto de la mujer.

No dispuso tobillera electrónica. Tampoco incorporó limitaciones concretas respecto del contacto con los menores. Esa resolución se transformó en un punto clave para reconstruir lo que vino a continuación. En paralelo, se mantenía el trabajo de Morosini en una obra local y su vida en el circuito hípico, con vínculos atravesados por tensiones.

Dos días después de la denuncia, el gremio de la construcción convocó un paro. Morosini dejó la obra antes del horario habitual. Volvió al barrio y fue directo a la casa de su ex. Testigos señalan un cruce áspero. Hubo amenazas. En ese contexto, tomó a los dos niños por la fuerza. Los subió a su auto y arrancó. La información circuló rápido y el caso entró en el radar de la Policía de Soriano.

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Andrés Morosini Rechoppa, junto a su ex y sus hijos.

Andrés Morosini Rechoppa, junto a su ex y sus hijos.

A partir de ese momento, la reconstrucción ubica al conductor con rumbo a las afueras de la ciudad, lejos del tránsito habitual. No se trató, según las fuentes, de un recorrido improvisado. Quien manejaba conocía caminos secundarios y accesos al cauce del Don Esteban. En ese lugar había trabajado en la construcción del puente. Sabía cómo bajaba el agua. Conocía la fuerza de la corriente y la dificultad para salir si el vehículo terminaba sumergido.

La velocidad fue un factor. La investigación sostiene que ingresó al cauce a más de 120 kilómetros por hora. El auto, un BYD color rojo, no quedó a simple vista. Terminó de trompa, apoyado en el fondo, a unos 70 metros del puente. El frente se destruyó por los golpes contra el lecho y por el peso del motor. La correntada movió la carrocería durante horas. El rastrillaje fue complejo y exigió el trabajo de buzos.

Uno de ellos detectó la silueta después de varios intentos. Lo que siguió fue un operativo silencioso, con un tractor que arrastró el vehículo hacia la orilla mientras la zona se aseguraba para evitar filtraciones o caídas. Vecinos miraron desde lejos. Nadie encontraba palabras.

Las primeras pericias y las preguntas abiertas

Dentro del habitáculo estaban los tres cuerpos: Morosini adelante, sus hijos atrás. Los trasladaron a la ciudad de Young para las autopsias. Los peritos, de manera preliminar, no registraron signos de agresiones previas ni rastros de un choque distinto al impacto contra el agua. Ese dato no cierra el expediente, pero ordena las líneas de trabajo. La Justicia intenta precisar cada movimiento, desde la discusión en la casa de Ramos hasta el ingreso al arroyo, para entender tiempos y motivaciones.

El expediente también vuelve sobre el intento de quitarse la vida en el stud y sobre la vigencia de la restricción de acercamiento. La comunidad, en tanto, atraviesa el duelo con una mezcla de estupor y bronca. Hay preguntas que exceden a la causa: cómo actuar ante señales de riesgo, cómo evaluar medidas de protección, cómo activar redes que lleguen a tiempo cuando los conflictos de pareja escalan.

La historia de Mercedes duele por su desenlace y por los hilos que lo sostienen: un joven varado entre la obra y los caballos, una relación quebrada, una denuncia reciente, una decisión desesperada. El arroyo Don Esteban, que suele ser un paisaje más del departamento, quedó marcado por un caso que interpela al Estado y a la sociedad. No hay alivio en el cierre de esta crónica. Hay, apenas, un llamado a revisar mecanismos y a sostener a quienes piden ayuda antes de que sea tarde.