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"Pillín", el "Rengo" y el "Camel", un reflejo de los barras con alta exposición entre el poder, la vida y la muerte

"Pillín" Bracamonte, el "Camel" Jofré y el "Rengo" Aguilera, los primeros asesinados y el tercero preso, construyeron poder a raíz de la violencia, el narcotráfico y como líderes barrabravas.

El crimen de Andrés "Pillín" Bracamonte y su ladero Daniel “Rana” Attardo echó más leña al fuego en una Rosario que sufre la violencia desde hace años y que se ha ganado el mote de "cuna del narcotráfico". Sin embargo, en Mendoza también se ha catalogado la zona Oeste de Godoy Cruz como "la pequeña Rosario", lugar donde tanto el "Camel" Jofré, muerto a tiros en 2019, como el "Rengo" Aguilera, detenido en Ezeiza, prevalecieron en el negocio de las drogas y al frente de las barras de La Lepra y el Tomba, con varios puntos en común con el asesinado líder de la hinchada de Rosario Central.  

Bracamonte, jefe de la barra de Rosario Central, fue acribillado a tiros luego del partido ante San Lorenzo, al igual que Attardo, quien lo acompañaba y también recibió cinco disparos, como "Pillín". Sin embargo, pese a que el móvil del crimen aun no fue esclarecido, el hecho de que haya ocurrido en las inmediaciones del estadio parece todo un mensaje. Además, tras ser víctima de 29 intentos de homicidio, la suerte del barra parecía estar sellada.   

En tanto, el crimen del "Camel", Omar Alfredo Jofré Montenegro, en 2019, fue en circunstancias diferentes, aunque con algunos puntos en común. El jefe de la barra de Independiente Rivadavia se encontraba en su vehículo, al igual que Bracamonte, y también fue asesinado a tiros, aunque lejos de la cancha. Lo ultimaron en el estacionamiento del boliche La Guanaca. De todas formas, la relación con el fútbol y la barra se evidenció cuando sus seguidores lo despidieron con una caravana por las calles de Mendoza hasta ingresar con el cajón al mismísimo Bautista Gargantini. 

Por su parte, el "Rengo" Aguilera, quizás el barra mendocino de perfil más coincidente con el de "Pillín", está vivo, pero está preso. El hombre que supo liderar la tribuna de Godoy Cruz fue trasladado a la cárcel de Ezeiza en junio de este año tras haber declarado en el juicio contra el exjuez federal Walter Bento y allí continúa en cumplimiento de su pena a 12 años de cárcel. Sin embargo, Aguilera tiene enemigos dentro y fuera de su familia y cabe recordar que un sobrino suyo fue asesinado en septiembre: Carlos Manuel Herrera Aguilera, quien era conocido como "Chalita".

Infografía MDZ

Liderazgo, violencia y exposición

Además de la violencia que ejercía y los contactos de diversa índole que tenía, características fundamentales que debe poseer un líder barrabrava, "Pillín" Bracamonte destacaba por su alta exposición. Tal como se mencionó antes, pese a la elevada cantidad de atentados contra su persona, no solo iba a la cancha, sino que tampoco tomaba demasiados recaudos. De hecho, una de las cuestiones más llamativas es que solía cumplir con similares rutinas a diario. En otras palabras, el temido Bracamonte parecía ser un blanco fácil para sus antagonistas.

En este sentido, el "Rengo" Aguilera se manejaba en forma similar cuando estaba libre. Desde que tomó el control de la barrabrava tombina en 2004, su nombre se hizo conocido rápidamente en Mendoza y pronto también su figura a través de los medios de comunicación. De hecho, se suele mencionar a los otros integrantes del clan Aguilera según el parentesco que tengan con el "Rengo".  

En esta faceta de la alta exposición, la cual también se observa en barras que hasta podrían considerarse famosos, tales los casos de Rafael Di Zeo, Alan Schlenker o  Pablo "Bebote" Álvarez, el "Camel" Jofré supo cultivar un perfil más bajo. Si bien su nombre era tan conocido en la provincia como el del "Rengo", no lo era tanto su imagen y no se lo identificaba fácilmente, incluso en la cancha. 

Infografía MDZ

Sin embargo, el poder del Camel se vio reflejado tras su muerte cuando un numeroso grupo de fanáticos azules despidieron sus restos con una caravana por el barrio Parque Sur que culminó en la Catedral, tal como llaman a la cancha los hinchas de Independiente. 

Deportados de Sudáfrica

Uno de los privilegios de muchos barras es la posibilidad de viajar a los mundiales de fútbol, hecho que suele ser reflejado por la prensa nacional y repudiado por los hinchas comunes. Sin embargo, muchos no tuvieron la suerte de poder ingresar al torneo que se disputó en Sudáfrica en 2010. Y entre ellos se encontraban "Pillín" Bracamonte y el "Rengo" Aguilera.

El rosarino había conseguido un permiso de la jueza Mónica Lamperti para poder salir del país luego de poner dos autos de alta gama como garantía, pero al llegar a tierras africanas fue deportado por las autoridades locales. Incluso, Bracamonte solicitó al Estado argentino que le restituyera los gastos que había realizado por un total de 20 mil dólares. Junto con "Pillín", tuvieron que volver a la Argentina otros nueve hinchas que tenían antecedentes penales, entre los que se encontraba el reconocido "Bebote" Álvarez, de Independiente de Avellaneda. 

Al día siguiente, el 9 de junio de 2010, otros dos barras integrantes de la agrupación Hinchada Unidas Argentinas corrieron la misma suerte: uno era el "Rengo" Aguilera. 

El mendocino fue retenido en una oficina de Migraciones en Luanda, Angola, escala previa para llegar a Johannesburgo, al igual que Armando Hernán Travacchio, quien había viajado sin pasaporte. En cuanto al "Rengo", le fue denegado el ingreso porque estaba investigado en causas de amenazas, encubrimiento y tenencia de armas, pese a que también había obtenido una autorización para viajar.    

Infografía MDZ

Cuatro años más tarde, el "Rengo" tuvo su revancha y se dio el gusto de alentar a la Selección en Brasil, en el partido de cuartos de final frente a Bélgica. Y si bien más de uno se sorprendió al verlo, el barra no tenía impedimentos y había cumplido con todas las normativas para estar allí, inclusive la de dar aviso a la Justicia. 

El que no tuvo la misma suerte que Aguilera en ese entonces fue Daniel Attardo, el hombre asesinado junto a Bracamonte el 9 de noviembre. El "Rana" había llegado con su esposa al aeropuerto de San Pablo, pero su nombre figuraba en una lista entregada por el gobierno argentino, por lo que tuvo que volver al país. 

Negocios ilegales, enfrentamientos y el debate entra la cárcel, la vida y la muerte

Todos estuvieron presos, ejercieron violencia, movilizaron gente y dinero, están -o estuvieron- vinculados con el narcotráfico y otros negocios ilegales, se dieron varios gustos, cuando no lujos, y sufrieron atentados. La vida de los barras parece calcada, sin importar los colores del club donde se erigieron en líderes de la tribuna.

El "Rengo" es el único vivo de los mencionados, pero está entre rejas, en tanto que sobre el clan Aguilera pesan dos muertes. La de "Chalita", quien asesinado a tiros en Godoy Cruz; y la de Walter, el menor de los hermanos, quien murió al sufrir una sobredosis en la cárcel de Cacheuta en junio de 2022, hecho por el que Daniel fue apuntado por sus otros hermanos en un conflicto que sigue latente. El fallecido tenía 35 años y estaba imputado por liderar una narcobanda en el barrio La Gloria junto a Diego Aguilera, más conocido como el "Asesino".

El "Camel", quien tenía 36 años al momento de su muerte, también había forjado su poder en los barrios de Godoy Cruz, donde además de ser señalado como narcotraficante, también se lo acusaba de cometer asaltos a viviendas identificadas como "quiosquitos de droga".  

El barra de La Lepra había sido condenado a cuatro años y medio de cárcel en 2016 en una causa por venta de cocaína y había sido absuelto de una acusación por el homicidio de Raúl Alberto Orozco, un hombre de 28 años asesinado a tiros en Godoy Cruz en 2014. Por su parte, en 2021 quedó libre el presunto asesino de Jofré, Rubén Tula Pacheco, quien estuvo dos años detenido acusado por el homicidio en La Guanaca.  

Finalmente, la muerte de "Pillín" Bracamonte, cierra un capítulo oscuro en lo que respecta a las barras en el fútbol argentino, pero abre uno nuevo, porque cuando el líder muere o es detenido, otro toma su lugar, ya sea por sucesión o por imponerse en enfrentamientos. Así, se genera un círculo vicioso que no augura soluciones en un futuro cercano en la Argentina.