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La historia de "Doña Mari", la mujer asesinada en un descampado de Mendoza

Sus conocidos la describen como una mujer dulce y buena con todos, una compañera de charlas, una amiga incondicional y la de los "apapachos" reparadores. El dolor inunda los corazones de sus amigos, familias y allegados, pero también de cientos de mendocinos.
Doña Mari o Negrita era un ser con mucha luz y siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás
"Doña Mari" o "Negrita" era un ser "con mucha luz" y siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás

Aída María Oliva (52) era para muchos una compañera de charlas, una amiga incondicional y la mujer de los "apapachos" reparadores. Decenas de personas allegadas se conmocionaron ante la triste noticia de su asesinato y miles de mendocinos quedaron perplejos ante semejante final.

"Doña Mari" para algunos y "Negrita" para otros había nacido en Río Gallegos, Santa Cruz, y fue adoptada por una familia mendocina cuando solo era una bebé. Incluso, desde hace algunos años comenzó la búsqueda de su historia familiar y logró contactar a sus hermanos, a los cuales tenía muchas ganas de conocer en persona prontamente.

Durante su vida tuvo ocho hijos y muchos nietos, a quienes amaba profundamente y no perdía ningún minuto para estar con ellos. Sin embargo, además de sus hijos sanguíneos, tenía una veintena de sobrinos, sobrinos postizos y ahijados. Todos la amaban con locura, como a una segunda madre.

Mari no se perdía de ningún evento relacionado con la vida de los demás, era naturalmente una persona carismática, charlatana y muy amorosa con todos aquellos que la rodeaban. "Todos te van a decir lo mismo, que tenía un corazón de esos enormes. Siempre estuvo en cada momento más importante de mi vida y yo la amaba muchísimo. Era una persona muy buena, siempre ayudaba con todo lo que podía. El día que yo me recibí, por ejemplo, ella lloraba como si el logro fuera propio", dijo una de las ahijadas a MDZ.

Doña Mari, como muchos la conocían.

Con el mate en mano y alguna cosita rica para comer, Mari se sentaba a dialogar sobre la vida y aconsejaba a todo aquel que lo necesitara. "Una compañera de charlas, una persona que me aconsejaba siempre con el alma pura", puntualizó una de sus nueras.

Pese a que Mari era una mujer con tanto amor para dar, también fue víctima de violencia. Si bien sufrió mucho y fue difícil, decidió terminar esa relación hace dos años. Desde ese momento, sus ganas de vivir y salir adelante solamente se acrecentaron. Se mudó y comenzó a vivir sola en un departamento, pero después buscó un lugar que quedara más cerca de la casa de sus hijos. "Arrancó de cero como una campeona", remarcó su ahijada a este portal. 

Mari limpiaba casas o daba clases particulares, pero el trabajo siempre estuvo presente. Además, era "super inteligente" y llegó a terminar el secundario cuando era adulta. Le encantaba redactar y también estaba atenta a las redes sociales. Era fanática de las charlas con mates.

La realidad es que "Doña Mari" era una abuela orgullosa de sus nietos y de los logros de su familia. "Aconsejaba siempre con el alma pura, una abuela predispuesta para cada nieto. La mujer de los apapachos más lindos que pudieron llegar a mi cuerpo" remarcó Yamila, su nuera. Además, detalló que era una persona coqueta, que brillaba por sus alhajas y vestimentas, pero también por su amabilidad. "Jamás faltará su nombre y su presencia en mis hijos".

Esa amabilidad fue destacada por Mirta, su comadre desde hace años. La mujer explicó que Mari "le abrió las puertas de su casa" y le brindó comida a ella y a sus hijos. Fue "un ángel en mi vida".

"¿Quién me va a calmar mis enojos?", se preguntó mientras indicó que las mejores charlas eran con un mate de por medio.

La mujer era muy querida por su comunidad.

El martes 5 de abril fue el último momento en el que su familia la vio. Ese día, salió de su casa ubicada en el Barrio Andino, de la Ciudad de Mendoza, y nunca volvió. Esta conducta no era típica en Mari y, aunque la llamaron, jamás respondió. Por este motivo, sus hijos realizaron rápidamente la denuncia en la Comisaría del Barrio La Favorita.

Tras investigar a la familia, Mario Castro Herrera, su exmarido, se quebró. Cuando llegó su momento de declarar, empezó a contradecirse y, al indagar más sobre el tema, confesó: "Yo la maté y la tiré en Papagayos".

Desde ese momento, todo se transformó en tristeza. Su hijo Ricardo, conocido como Polaquito, publicó una dolorosa carta en la que remarcó que tiene su "alma a la mitad". "Solo decir que nada ni nadie va a tapar este dolor tan inmenso que siento", dijo. Y agregó: "solo pido que dios me la tenga en el altar más lindo y la consuele y sepa que pronto te volveré a ver y sentir esas manos que tanto necesito en ese momento".

De la misma manera, su ahijada remarcó que era una mujer con tanta fuerza y con tanto amor "que no merecía terminar así". "Ella sacaba fuerza de sus seres queridos, de sus familiares, amigos, vecinos. La vamos a extrañar eternamente, no se merecía tanto sufrimiento. Le tocaba ser feliz de una vez y no la dejó".

Por su parte, las redes sociales también se inundaron de comentarios de tristeza y, a su vez, de lindos recuerdos sobre Aída María Oliva. Decenas de mendocinos lamentaron su partida y remarcaron que era una persona "con mucha luz".