Las argentas y Grey: ¿histeria, masturbación, taradez?
De un libro que es un bodrio, es difícil que se haga una película que no sea, también, un bodrio.
No quiero detenerme mucho en los aspectos cinematográficos de “50 sombras de Grey”, pero basta con decir que sentí que perdí dos horas de mi vida cuando salí del cine, de verla. Las actuaciones son muy malas –ella, sobreactuada, y él, durísimo, de madera-, la química entre los protagonistas es casi nula. La peli, aburridona. Me quedo con algunos temas de la banda sonora, y nada más.
Sin embargo, he visto miles de películas malas, así que no me molesta eso. Tampoco me molesta el libro, que verdaderamente está muy mal escrito, porque es una novelita ligera, pasatista, como muchas. Sus decenas de situaciones súper porno explícitamente detalladas han calentado a más no poder a millones de mujeres alrededor del globo. Todo bien con eso. ¿Acaso una revista porno de hombres, es intelectual? ¿O le van a creer a algún flaco que diga que se compra la Playboy para leer las entrevistas?
Fui a dos cines mendocinos el día del estreno, para ver quiénes iban, que pasaba en las interminables colas; y observé a cientos de mujeres de todas las edades entusiasmadas, efervescentes, con cara de "voy a hacer algo re prohibido", o sintiéndose zafadas, como que rompían reglas, y me pareció un poco patético. Ojo, y es una característica que se repite en varios cines del país.
Para algunas, el libro y la peli han sido una puerta de exploración de la sexualidad en solitario. Otras han incorporado algunas ideas y las han practicado en pareja. Excelente, lo celebro. La masturbación y el placer sexual individual sigue siendo para muchas mujeres un tabú, algo malo, algo “de pibes” y en ese sentido, descubrirse, disfrutarse, animarse a cosas nuevas sola o con la pareja es un avance.
Lo que me da penita en cuanto a las argentinas, pero particularmente respecto de las mendocinas, es que nuevamente la histeria y la “actitud cartucha” es la que gana. Porque sí, chicas, que locas todas hablando de penes, tamaños, posiciones sexuales, rebenques, pinzas y esposas; y pasándose el libro entre conocidas cual biblia reveladora… o yendo con amigas al cine en masa, y jurando que las hace hervir la fantasía de que las agarre un chongo, las ponga en cuatro y les dé un par de chirlos… ¿no? Ahora… ¡Guay de que pase eso en serio, en la vida real! Porque si un marido o novio osa proponer un juego de ese tipo… ¡es un depravado! ¡Cómo voy a hacer eso! ¡Qué va a pensar la gente, mi mamá, mis amigas si se enteran!
Entonces este libro, esta película, no suman, sino que se convierten en una especie de “desahogo” sexual secreto –o compartido con amigas pero en un estado de regresión adolescente medio estúpido-, de un momento de tocamiento, ya sea solo mental o efectivamente físico, pero simplemente para volver después a la rutina de “señora bien”, de “chica de su casa”, y no romper ninguna imagen ni ninguna armonía.
Y lo peor de todo…
Fundamentalmente de lo que quiero hablar en esta columna, es de la indignación que me produce el hecho de que mundialmente se avale y se declare con este libro que las mujeres son superficiales, huecas, taradas y materialistas. Porque eso es lo que dice el libro, al fin y al cabo.
Por esto es que me dan ganas de cachetear un poco con uno de esos látigos que tanto le gustan, a la autora, E. L. James.
Porque básicamente esta señora plantea que las mujeres son feministas o tienen ideales hasta que encuentran a un tipo joven, que está más rico que un asado, y que es multimillonario. Allí no importa que las trate mal, que no las deje tomar decisiones, que les proponga ser esclavas y que hasta decida cuándo comen y cuándo no: lo aceptan igual, porque tienen buen sexo y lujos.
Ni hablar de los estereotipos de una historia que supuestamente es border, revolucionaria, que “patea el tablero”. Él tiene amantes desde los 15 años, y ella es virgen. Él es el millonario y el empresario exitoso, ella la estudiante pobre. A él le importa tener sexo, y ella quiere estar enamorada. Él tiene características positivas y atractivas, como seguridad, misterio, elegancia, sofisticación… ella es atolondrada y se viste mal. Él es el dominador, ella la dominada. Es decir… ¿No parecen la pareja protagónica de “María de nadie”, “Estrellita mía”, “Celeste”, o cualquier telenovela básica? ¡Qué alguien me diga dónde está la novedad y lo revolucionario aquí, por favor!
¿Querés más clichés? Hay un pobre hispano/latino que se enamora de la protagonista y no es correspondido, hay un pasado de sufrimiento de Grey –es de rigor tener un pasado sufrido que justifique el freakness del presente-… y no te quiero spoilear, pero el final de todo es el mismo que el de las telenovelas: viven felices y comen perdices. Para ver ese final habrá que esperar 3 o 4 años… pero bueno.
El mensaje sería algo así como… “Nena, hacé todo lo que quiere el tipo, porque sino te quedás soltera”. Lo repito: me da un poco de penita.