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"Ni la plata ni el tiempo alcanza": el lado B del Día del Maestro en Mendoza

En el Día del Maestro, docentes relatan changas, ventas de productos y jornadas dobles para llegar a fin de mes.

Día del Maestro y pluriempleo docente en Mendoza: la crisis salarial que se vive puertas adentro de las escuelas.

Día del Maestro y pluriempleo docente en Mendoza: la crisis salarial que se vive puertas adentro de las escuelas.

Hoy es el Día del Maestro. La fecha llega en medio de la misma crisis económica que atraviesa la vida escolar todos los días: se siente en las aulas, en las familias de los estudiantes y en la sala de profesores, donde circulan perfumes para la ropa, sahumerios, frutos secos y pan que algunos docentes venden para sumar ingresos.

La escena no es excepcional. Forma parte de una realidad económica que atraviesa a buena parte de la comunidad educativa y que obliga a muchos docentes a buscar alternativas para completar un sueldo que no alcanza para llegar a fin de mes. Así, la fecha que debería ser de festejo convive con jornadas dobles, changas y cuentas que no cierran.

Diego es profesor de Historia en el nivel secundario y le gusta dar clases, aunque asegura que las condiciones laborales y salariales hacen difícil sostenerse únicamente con la docencia. Por eso decidió estudiar plomería y gas y comenzó a realizar trabajos particulares después de salir de la escuela.

Los pésimos salarios empujan a buscar otros trabajos o changas para llegar a fin de mes. En mi caso me metí a estudiar plomería y gas y hago trabajo de eso para poder sobrevivir aparte de ser docente”, contó.

Su jornada se extiende mucho más allá del horario escolar. “Salgo de la escuela y me voy a hacer algún arreglo, todo a las corridas para después ir a cursar y volver a las 22hs a casa”, relató.

El trabajo particular tampoco garantiza ingresos estables. Diego explica que muchas veces debe adaptar lo que cobra a las posibilidades de quien lo contrata. “A veces no se puede cobrar por lo que se pretende en un trabajo porque si no, no te llaman”, señaló. Incluso hay situaciones en las que termina reduciendo el precio por las dificultades económicas de sus clientes. “Muchas veces son jubilados que no pueden hacer ellos el arreglo pero tampoco pueden pagar lo que sale y entonces hay que bajar el precio con empatía”, explicó.

Su conclusión sobre esa rutina es contundente: “Ni la plata ni el tiempo alcanza”. Es, dice, la otra cara de un Día del Maestro que se festeja entre changas.

En la sala de profesores también se siente el ajuste

Malena es maestra de primaria y trabaja en el área de arte. Como Diego, asegura que su salario no le alcanza para llegar a fin de mes, aunque por ahora no tiene un segundo empleo ni realiza changas.

“No llego a fin de mes obviamente con mi sueldo”, afirmó.

Su estrategia cotidiana consiste en restringir gastos y administrar como puede el dinero disponible. “A veces pago con tarjeta, a veces pago con efectivo”, contó. También explicó que, cuando es necesario, recurre a préstamos dentro de su propia familia para poder afrontar los gastos.

Por ahora, asegura que todavía no llegó al punto de tener que producir algo para vender, aunque la posibilidad ya apareció como una alternativa concreta. “Mi hermana ya me hizo la propuesta de hacer cosas para vender, así que estoy ahí... pisándole los talones a esa situación”, relató.

Mientras tanto, observa cómo sus compañeras comenzaron a buscar pequeñas fuentes de ingreso adicionales. “En general la docencia está laburando doble turno, ya no hay docentes que no laburen doble turno”, sostuvo.

En la sala de profesores aparecen así nuevas formas de economía informal. “Lo que mis compañeras, por ejemplo, hacen es vender perfumes para la ropa, otras sahumerios, nueces o pan, para hacerse unos mangos”, contó.

El problema es que ese circuito también encuentra un límite dentro de la propia escuela. “Ya ni siquiera nos podemos vender cosas entre nosotras porque no las podemos comprar”, señaló.

Esa misma estrechez económica define cómo Malena piensa el festejo de hoy. Mientras en Mendoza las propuestas para celebrar el Día del Maestro incluyen desde encuentros gastronómicos hasta fiestas y experiencias —con opciones que parten de $19.500, cenas para dos que rondan los $85.000 o $95.000 y otras que superan los $190.000—, para ella el plan será mucho más sencillo. “Nos vamos a juntar en un lugar a tomar algo muy tranqui y punto”, contó. Y resumió la decisión con una frase que también habla del momento económico: “Preparándonos para festejar el Día del Maestro lo más gasolero posible”.

Un problema que no es nuevo ni aislado

Los testimonios de Diego y Malena se suman a otras historias que muestran cómo los bajos ingresos docentes empujan a buscar nuevas fuentes de dinero. En agosto, MDZ contó el caso de una docente que combina sus horas en escuelas con clases particulares, transporte escolar y trabajos con aplicaciones como Uber, Cabify y Maxim.

La problemática tampoco se limita a la educación primaria y secundaria. En el ámbito universitario, los gremios docentes continúan reclamando una recomposición salarial y rechazaron una oferta del 3%, en medio de un conflicto que también refleja la pérdida del poder adquisitivo del sector.

En las escuelas, el ajuste se vuelve cotidiano. Está en el docente que sale de dar clases para hacer un arreglo de plomería, en la maestra que piensa en qué producto puede vender, en las compañeras que ya no pueden comprarse entre ellas lo que ofrecen y en las familias que también buscan distintas maneras de completar sus ingresos.

La docencia sigue teniendo una dimensión vocacional para quienes la ejercen. Pero la vocación no paga las cuentas. Y cuando el salario no alcanza, la jornada laboral se extiende, aparecen nuevos trabajos y hasta la sala de profesores se convierte en un pequeño circuito de ventas.

Así llega, entonces, el Día del Maestro 2026: con la celebración conviviendo con una realidad concreta. Para muchos docentes, enseñar ya no alcanza para vivir.