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Es docente, da clases y maneja Uber para llegar a fin de mes

Una docente divide su tiempo entre las clases y ser Uber. La realidad de Laura, que es la de muchas trabajadoras por estos tiempos.

ilustración docente uber

Laura es docente de música y tiene una particular rutina laboral: además de trabajar en una escuela, da clases particulares y maneja para Uber y otras aplicaciones de transporte para poder tener los recursos económicos mínimos. Su historia refleja una realidad cada vez más frecuente: profesionales que, aun teniendo un trabajo formal, necesitan sumar otras actividades para completar sus ingresos.

La docente trabaja desde hace muchos años y actualmente da clases en dos escuelas y también en su casa. Sin embargo, su salario docente no es su único ingreso. “Tengo tres trabajos”, resume a MDZ al explicar cómo organiza sus días. Su jornada comienza temprano. Va a la escuela dos días y luego continúa con otras actividades. También realiza transporte escolar para dos personas y, por las tardes, da clases particulares. A esto se suma el trabajo con aplicaciones como Uber, Cabify y Maxim.

Para manejar con estas plataformas cuenta con licencia profesional y debe cumplir con los requisitos correspondientes, entre ellos el psicofísico. La actividad le permite acomodar sus horarios y sumar un ingreso importante.

Según contó, manejando puede llegar a obtener alrededor de $1,5 millones mensuales, una cifra que contrasta con los aproximadamente $700.000 que percibe por su trabajo docente, aunque con antigüedad y horas adicionales puede acercarse a los $800.000 o $850.000.

La diferencia explica, en buena medida, por qué decidió recurrir a otras alternativas laborales. “No hay manera de llegar a fin de mes, sino, yo soy mamá, necesito sostener mi casa", agregó.

Una jornada que empieza temprano y termina de noche como Uber

La organización de sus horarios requiere una planificación casi permanente. Entre la escuela, las clases particulares, el transporte escolar y las aplicaciones, su jornada puede extenderse hasta las 22.

Después de terminar de trabajar, vuelve a su casa y procura dormir unas siete horas. También comparte parte de la actividad de manejo con su hermana, lo que le permite organizar mejor los descansos.

No todo es trabajo frente al volante. También anda en bicicleta y busca mantener espacios para su vida personal y familiar. “Soy mamá”, cuenta, una dimensión que también forma parte de la compleja organización de sus días.

"Descanso cada 15 días, o sea un dos fines de semana al mes", cuenta.

La docente y una cuenta pendiente

La docente es titular en una escuela y trabaja allí desde 2008. Sin embargo, señala que hay ítems salariales que no percibe, como el denominado ítem arraigo, y cuestiona que algunas condiciones laborales no contemplen proporcionalmente las horas que efectivamente trabaja.

Su situación muestra una de las tensiones que atraviesan a muchos trabajadores de la educación: la diferencia entre la formación profesional, la responsabilidad del cargo y el ingreso que finalmente llega a fin de mes.

Por eso, las aplicaciones aparecen para ella como una herramienta concreta para mejorar sus ingresos.

Pero su relato no está atravesado solamente por la necesidad económica. “Me gusta conocer gente”, dice mostrando cómo convirtió la alternativa laborar de dedicarse al transporte en algo que disfruta. “Me gusta manejar”, cuenta. Y también disfruta una de las características particulares del trabajo: el contacto permanente con personas diferentes.

“Soy muy sociable”, explica. Para ella, el viaje no es solamente trasladar a alguien de un punto a otro. También es una oportunidad para conversar, conocer historias y salir de la rutina.

Por eso aclara que no ve su situación únicamente desde un lugar negativo. “No todo es negativo”, sostiene.

La música, además, continúa ocupando un lugar central en su vida. Es docente de música y tiene un proyecto personal que va mucho más allá de las aulas y del volante.

El sueño de cantar alrededor del mundo, más allá de las clases

Laura cuando era chica se hizo la pregunta que nos hacemos todos: ¿qué quiero ser cuando grande? Quería cantar alrededor del mundo. O sea, viajar por los países con su música.

Cuando piensa en el futuro, el deseo vuelve a aparecer y cree que aunque ya pasó los 40, hay sueños que no tienen por qué caducar. “Mi sueño es cantar alrededor del mundo, por ahora no pudo ser pero no lo descarto para más adelante”, cuenta.

Entre las clases, la escuela y las horas al volante, sostiene ese proyecto personal. Una docente que encontró en las aplicaciones una forma de completar sus ingresos, pero que también convirtió el auto en otro espacio de encuentro con personas y experiencias.

Tres trabajos, una profesión y un sueño que todavía sigue en marcha.