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Cupido y su sana costumbre de flechar en días lluviosos

Los días de lluvia pueden generar mimos circunstanciales o quizá, cómo saberlo, enamoramientos eternos.

Atento a que las alas de Cupido se mojan, como corresponde a todo ser vivo que vuele en días de lluvia, dicho ser no puede cumplir con su función.

Atento a que las alas de Cupido se mojan, como corresponde a todo ser vivo que vuele en días de lluvia, dicho ser no puede cumplir con su función.

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Hay muchas cosas que no termino de comprender, y la verdad es que ya voy perdiendo las esperanzas en más de una oportunidad. En esta ocasión, la incomprensión pasa por la relación entre Cupido, los días de nubosidad variable con descensos de la temperatura y los enamoramientos: por un lado, resulta evidente a todas luces que los días de lluvia te predisponen a ponerte romanticón, a dar y recibir mimos, a enamorarte; por otro lado, ¿me podés explicar cómo hace Cupido para volar los días así? La lluvia debería afectar a las alas del precitado angelito, mojándolas, haciéndolas por ende más pesadas y evitando de este modo que puedan soportar el peso que necesitan elevar, cambiando las condiciones de volatilidad (si es que así se dijera) del histórico generador de romances. De este modo, y atendiendo al hecho de que al parecer buena parte de la humanidad tiene la misma predisposición a la recepción y entrega intempestiva de mimos en esos días húmedos y fríos, se me ocurren, al menos en este momento y sin andar profundizando mucho en la cosa, dos respuestas posibles al interrogante.

Un problema y dos soluciones: algo puede fallar

Como una primera respuesta, y atento a que las alas de Cupido se mojan, como corresponde a todo ser vivo que vuele en días de lluvia, dicho ser no puede cumplir con su función, lo que generaría que todas las relaciones que se produzcan en esos momentos puede que tengan pasión, dulzura, risas y lágrimas, pero carecen de amor, ya que la ausencia de este angelical ser en la generación del “acto” priva al mismo del antes nombrado sentimiento.

Una segunda posibilidad es que Cupido no exista, y el amor dependa solamente de las ganas de las personas involucradas en el hecho.

Una segunda posibilidad es que Cupido no exista, y el amor dependa solamente de las ganas de las personas involucradas en el hecho.

Una segunda posibilidad es que Cupido no exista, y el amor dependa solamente de las ganas de las personas involucradas en el hecho, por lo que el mismo puede generarse cualquier día, llueva o no llueva; esta respuesta permite, entre otras cosas, que las relaciones iniciadas en días de lluvia prosperen amorosamente aun cuando el sol vuelva a brillar sobre las cabezas de los tórtolos involucrados en el evento.

Reflexiones finales, con la tradicional ignorancia sobre el tema en cuestión

Si la respuesta correcta es la primera, los días húmedos son válidos para comenzar con sesiones de masajes y mordiscos en la oreja deseada, pero sabiendo de antemano que la ausencia de Cupido va a arrebatarnos a esa dulce persona en cuantito las condiciones climáticas mejoren… si se institucionalizara esta forma de actuar, los días de lluvia podrían ser considerados como feriados del corazón; solo queda esperar que no venga un decretazo que mande los festejos a los lunes, como ocurre con los feriados tradicionales, que el mimo per se no puede andar esperando, si es que las humedades ambientales llaman.

En cambio, si la solución adecuada es la segunda, tendremos un concepto mucho más racional que el anterior, pero ¿a quién le interesa una respuesta racional si hablamos de amor? Todas las personas que hemos estado enamoradas sabemos de la potencia de la primavera y de la dulce depresión de los otoños, y hasta el ser más despistado identifica la formalidad del día y la complicidad de la noche. Así que, como la razón no puede explicar estos cambios en las condiciones climáticas, no me resulta coherente aceptar una respuesta cuadrada para un problema redondo.

Quizá Cupido, sabiendo con antelación cuales días vamos a tener humedades ambientales, los días de sol antes de la lluvia se la pasa produciendo enamoramientos.

Quizá Cupido, sabiendo con antelación cuales días vamos a tener humedades ambientales, los días de sol antes de la lluvia se la pasa produciendo enamoramientos.

Por mi parte, defiendo una teoría bastante estúpida, pero que al menos me calma los nervios: quizá Cupido, sabiendo con antelación (por su condición de ángel) cuales días vamos a tener humedades ambientales, los días de sol antes de la lluvia se la pasa produciendo enamoramientos, y nosotros, vulgares humanos adormecidos por problemas cotidianos, no los descubrimos hasta que un día, comiendo tortas fritas en buena compañía, mirando llover por la ventana y lejos del mundo cotidiano, sentimos ese pinchazo en el cuore que es capaz de producir tantas cosas incoherentes (por suerte).

Texto basado en el cuento “Cupido”, publicado en el libro “Alquimia” (1993)

* Pablo Rafael Gómez. Escritor autopercibido

IG: @prgmez